¿Prevenir o lamentar?

Publicado por Staff on Jue, 11/13/2014 - 16:05

OPINIÓN: Leticia Varela

La situación nacional es delicada. No nada más es Ayotzinapa y Guerrero; tampoco únicamente la inseguridad y la delincuencia organizada; mucho menos simplemente atribuir a partidos y políticos el deterioro del país… El panorama es bastante más complejo: pasa por una diversidad de factores que atraviesan nuestro marco de referencia y, por tanto, demanda remedios desde múltiples direcciones.

Y debemos decirlo, no se trata de hechos que ocurren exclusivamente en otros lugares de la República, pues si volteamos a nuestro alrededor, sin duda encontraremos asuntos que requieren la atención de autoridades y comunidad.

Para hablar claramente, no basta echar culpas. Creo indispensable, como sociedad, organizarnos desde el entorno cercano (la familia, el vecindario, el centro de trabajo, la delegación) e impulsar los cambios necesarios. Me parece una tarea impostergable, pues sólo si somos capaces de enlazar esfuerzos con quienes convivimos diariamente, podremos dar el siguiente paso y plantearnos tareas de mayor amplitud.

Así, del contexto nacional debemos tomar aspectos generales y aterrizarlos en el marco de nuestra actividad como servidores públicos y vecinos; como habitantes de una entidad y una demarcación cuyas características determinarán los caminos por los cuales transitar y lograr beneficios comunes, sin menoscabo de personas ni circunstancias locales.

Adicciones, maltrato contra personas y animales, inseguridad, arbitrariedad de funcionarios, servicios públicos deficientes, son algunos aspectos a considerar para ponernos en guardia, no dejarlos crecer y avanzar en posibles soluciones.

Hay pocas opciones. Quienes tenemos a cargo alguna encomienda de gobierno, adquirimos la obligación de dar el mayor esfuerzo para concretar un proyecto progresista siempre en ascenso; asumimos el compromiso de contribuir a mejorar las condiciones de vida y de convivencia de la población. Quien desde el espacio público, desde cualquier puesto gubernamental o de elección popular, no abona al bien colectivo, falta a la ética de servicio y al mandato de la gente.

Pero no alcanza la buena acción de gobierno. Sin duda ésta es fundamental, mas debe complementarse con la participación activa de la sociedad. Como autoridades y como vecinos, debemos apoderarnos de nuestro futuro; necesitamos reinventar nuestras realidades y con ello enriquecer la vida nacional.

El riesgo es quedar varados o, peor, asistir a la decadencia.

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