De San Lorenzo Xochimanca, pueblo antiguo enclavado en la colonia del Valle

Publicado por Staff on Lun, 03/02/2015 - 14:04
Opinión de: 
Margarita Elena Tapia Fonllem

(Primera de dos partes)- Agradezco a Gabriela Salmerón por el obsequio del libro: San Lorenzo Xochimanca, pueblo antiguo de la ciudad de México; le expreso que el libro me gustó mucho.

El libro me dejó una sensación ambivalente de nostalgia, al evocar espacios de épocas pasadas, y de regocijo al advertir que los vestigios de aquellos tiempos no han sido  borrados por la actual urbanización boyante y que, detrás del conjunto de edificios que se yerguen, hay un pueblo que aún pervive a través de sus vestigios  arquitectónicos, sus  costumbres  y tradiciones entorno a  una fiesta patronal y un sistema de cargos comunitarios.

Mediante esta obra pude conocer y reconocer la historia de esos espacios que, como residente de esos lares, he recorrido innumerables veces, sola o acompañada de mis seres queridos, en el apacible disfrute de un día domingo o en la acelerada carrera de los días laborales.  La narración de Salmerón me permitió  percibir el sentir de las personas originarias de este pueblo, que se niegan a dejar morir este sitio como parte de su vida. El libro nos permite percatarnos y entender  que dentro de este gran conglomerado convertido en una colonia moderna y urbanizada, subsisten espacios vivientes de cultura y tradición.

Es por ello que, imbuida de esta gratísima impresión, en esta semana escribo sobre esta obra, refrescante y emotiva; la cual les comparto.

La autora re-escribe  la historia de San Lorenzo Xochimanca a fin de situar esta localidad en la categoría de pueblo originario, con base en una investigación histórica documental, así como de los testimonios de las personas que habitan este lugar. El libro expone una investigación desde una perspectiva antropológica urbana, pero es también una sensible narrativa histórica sobre este pueblo originario enclavado en la colonia del Valle.

Su  propósito es presentar un  registro etnográfico e histórico, con información documentada y sistematizada, con la finalidad de que San Lorenzo Xochimanca logre el reconocimiento de pueblo originario.

La descripción pormenorizada del recorrido histórico sobre el pueblo de San Lorenzo desde la época colonial hasta el siglo XXI, sus modificaciones territoriales para situar su pertenencia a alguna municipalidad (Coyoacán o Mixcoac), su toponimia[1], sus actividades económicas de origen y actuales, el nombre de sus calles y la historia de su urbanización representan aspectos que me sensibilizan, como mujer política y funcionaria, a comprender cómo las estrategias de urbanización en el pasado  y en el presente, así como los múltiples aspectos administrativos,  han orillado a la casi extinción de los pueblos originarios de la Ciudad de México.

Según Salmorán Vargas, se tiene noticia de la existencia de este barrio desde 1553. Según su toponimia,  Xochi/man/can significa: Lugar donde se ofrendan flores. Esta referencia, confirma que este lugar tiene un pasado prehispánico que hace alusión a las flores de ornato que con toda seguridad cubrían  el sitio. Por su parte, el  nombre de San Lorenzo, de acuerdo a la cosmovisión católica-cristiana, alude al patrono de los pobres.

En la actualidad, este pueblo comprende un área entre las calles de Insurgentes, Felix Cuevas, Tlacoquemecalt y Coyoacán.  Este pueblo tiene dos iglesias: Santa Mónica y San Lorenzo, esta última data del siglo XVI es un hermoso inmueble arquitectónico rodeado de un verde parque, único vestigio de la existencia de este pueblo antiguo que casi ha sido devorado por la ciudad.

Aún a principios del siglo XX, narra la autora, existían grandes zonas de sembradíos  de flores de ornato y de trigo, así como de árboles frutales que al fraccionarse en terrenos más pequeños dieron origen a las calles de Tejocotes, Moras, Fresas, Limas, Manzanas, entre otras.

La creciente urbanización de la zona, a partir de la década de los cincuenta del siglo XX, la colocó como un importante afluente económico, lo que aumentó el flujo de automóviles y trasporte público. Asimismo, en la década de los setentas con el trazo de los ejes viales, se modificó la fisonomía de las calles ya que demolieron muchas propiedades.

El pueblo mismo cambió, argumenta Salmerón;  de los solares amplios llenos de flores, las vecindades viejas, las viviendas humildes, los grandes hoyos (vestigios de las ladrilleras) a los grandes edificios modernos que albergan oficinas y departamentos de lujo.

Describe que la mayoría de sus pobladores  se han ido a otras partes de la ciudad, los pocos que quedan son quienes hacen un esfuerzo cotidiano por preservar sus costumbres, al ocupar sitios como: las iglesias, el parque, el mercado, la tortillería. Particularmente, al trabajar comunitariamente para organizar  la fiesta anual de su patrono San Lorenzo; al resistirse a vender sus propiedades a cambio de “millonadas” de pesos, a fin de continuar viviendo en el lugar donde nacieron y murieron sus padres y madres.

 

 

[1] La palabra topónimo es un neologismo formado por dos voces griegas: topos "lugar" y ónoma "nombre", lingüísticamente o si se prefiere gramaticalmente el topónimo es un sustantivo propio, refiere a cómo los pobladores de un sitio han retomado su espacio geográfico. Tomado de http://www.profesorenlinea.cl/castellano/Toponimia.htm

 

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