Seguridad social y democracia

Publicado por Staff on Jue, 12/07/2017 - 18:24
Opinión de: 
Dinorah Pizano

Los tiempos político-electorales que marcarán los próximos meses de la vida nacional representan una buena oportunidad para reflexionar en torno a las condiciones que privan en diversos sectores de la sociedad. Serán las elecciones de la democracia liberal de partidos el mecanismo mediante el cual millones de mexicanos elegiremos representantes; desde diputados y autoridades locales, pasando por legisladores federales, senadores y hasta llegar al presidente de la República. El proceso en ciernes no será sencillo y estará impregnado por escenarios de la posverdad, mismos que debemos contrastar con la realidad concreta.

En este caso, dicha circunstancia consiste en la cantidad de personas que no poseen algún tipo de prestación social. El número bien podría encuadrarse en una condición de crisis humanitaria, crisis que ningún discurso de ningún funcionario puede paliar o aminorar: 62 millones de mexicanos, la mitad de la población, se encuentran en completo estado de indefensión. Lo anterior lo dio a conocer la Organización Internacional del Trabajo durante la presentación del Informe Mundial sobre la Protección Social 2017-2019.

Dicho documento establece también que en nuestro país únicamente el 25.2 por ciento de los menores de edad tiene acceso a determinado tipo de protección social. Situación que violenta derechos y los coloca en franca desigualdad al momento de buscar el desarrollo económico y la movilidad social. Consiste en una brecha insalvable durante el trayecto de vida.

Bajo estas condiciones es imposible revertir el ciclo de reproducción de la pobreza, toda vez que al momento de formar parte de la Población Económicamente Activa no se poseen las capacidades ni habilidades para desempeñar actividades al interior de la formalidad. No está de más recordar que sin el factor informalidad, el porcentaje de desocupación a nivel nacional alcanzaría más del 40 por ciento.

Estos complejos escenarios colocan en entredicho a la democracia como sistema y como forma de gobierno. No se trata de una simple pulsión popular y todos los involucrados en las instituciones deben asumir postura y tomar acciones al respecto. En este tenor fue que el Consejero Presidente del Consejo General del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova, consideró “alarmante” el porcentaje de aprobación que hoy tiene la democracia.

Para describir el momento actual, la figura que podríamos aducir es la de un edificio amplio, alto, compuesto por todas las instituciones y que dota de marcos legales para el ejercicio de la vida democrática. La paradoja radica en que los cimientos de dicho entramado son endebles, no corresponden con la realidad que transita el grueso de los mexicanos por razones tan sencillas y urgentes como la simple sobrevivencia. Es un despropósito asumir que los significantes entre la población se construyen por decreto y la participación de los ciudadanos hoy, lamentablemente, carece de los suficientes cauces.

Como todo sistema, el democrático está vivo, requiere de adecuaciones y evolución. Dicho avance tiene como componente primordial el involucramiento de cada vez más sectores, colectivos y actores quienes conocen de manera directa las problemáticas y las posibles soluciones. Recolocar a la democracia como una forma de gobierno que funciona y sirve a la gente es uno de los grandes retos en el primer cuarto del S. XXI.

 

 

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