Una noche cualquiera terminó abriendo las puertas de una de las memorias más íntimas del arte nacional
POR FERNANDO SAENZ DE MIERA E.S.
Hace algunos años, conocí a Juan Coronel haciendo una película con Diego López. La película se alargó y se fue quedando sin dinero, por lo que terminamos filmando en casa de Juan en lugar de la locación original en el Pedregal. Juan vivía en una antigua hacienda en Milpa Alta, un lugar maravilloso, pero lejos de todo. Los espacios eran tan grandes, que Rafael Coronel, su papá, tenía ahí una colección de marimbas. Después de muchos meses terminamos la película y me quedé a vivir en esa casa con otro amigo más, Eric del Castillo Bandala, un pintor. Qué mezcla… un pintor, Juan que es poeta y yo que empezaba como dramaturgo.
Jamás me imaginé que Juan tenía un linaje tan amplio con Diego Rivera, Ruth Rivera, Lupe Marín, Rafael Coronel, Pedro Coronel, Frida Kahlo y demás artistas de talla mundial. Nos fuimos enterando conforme pasaron los meses. En la bodega del sótano había obra de todos ellos, perfectamente empacada y catalogada, por lo que siempre debía haber alguien en esa casa.
Todo lo que había en esa hacienda, está hoy en el Museo Rafael Coronel en la ciudad de Zacatecas. Una colección de máscaras de madera increíble, las marimbas, una colección de “diablitos”, otra de textiles y una biblioteca sorprendente con volúmenes únicos, como el Manual de la Inquisición para la Nueva España.
Pero cuando nos íbamos de reventón a la Zona Rosa, regresar a Milpa Alta era un suplicio. Había que cruzar toda la ciudad, atravesar Xochimilco, tomar una carretera y finalmente llegar a la casa. Así que un día, Juan nos dijo que por qué no nos quedábamos mejor en casa de su abuelo, que estaba en San Ángel Inn.
Era una casa extraña… con escaleras por todos lados, espacios chicos, medianos y grandes, pero lo más raro era un pasillo elevado que conectaba la casa con el estudio. Como nadie había vivido ahí en años, la cocina estaba vacía, los baños con las llaves de agua cerradas, muchas puertas con llave o candados… Terminamos dormidos en la sala.
Cuando nos amaneció, fue cuando realmente vimos bien la casa. Juan traía un llavero impresionantemente grande, y fuimos descubriendo cada espacio de la casa. En algunos había cosas interesantes y en otros no había ni muebles, pero en cada espacio había una colección de algo.
Fuimos al estudio y después de buscar la llave correcta logramos entrar. Juan tenía años de no ir a esa casa y como que ya se le habían olvidado algunas cosas, como el cuadro que pintó su abuelo de su mamá. Nos quedamos horas viendo la obra… tiene una magia única ese cuadro.
Fuimos cerrando todo lo que abrimos horas antes hasta llegar de nuevo a la sala. Recogimos todo y nos fuimos.
Esa casa es hoy el Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, un espacio por demás interesante que todos deben visitar en algún momento. Estar ahí te da una nueva dimensión sobre lo que rodeaba a estos grandes artistas, sus intereses, los colores, las texturas… es un museo que te permite entrar a la vida privada de estos dos pilares del arte mexicano.
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