Libre en el Sur

El choque de culturas en Europa

Europa aún no se auto concibe como una sociedad multicultural. A alguien con un aspecto no europeo se le califica continuamente de extranjero.

POR ESTEBAN ORTIZ CASTAÑARES

La apertura que mostró Europa en los últimos 24 años, para dar refugio a la población que huía de la violencia, la represión y la guerra ha permitido que 30 millones de personas (más que la población total de CDMX) establezcan de manera temporal o definitiva su residencia en algún país europeo.

Este gran proyecto humanitario ha traído conflictos culturales que demuestran que la teoría de Huntington sobre el choque de culturas (1993, revista “Foreign Affairs”), que se considerada ya muy rebasada, tiene más validez que nunca.

Europa teme una pérdida de su cultura (y valores) y como lo publiqué en marzo del año pasado (ver: “El resurgimiento de la extrema derecha en Europa”), esta situación está impulsando movimientos nacionalistas y de extrema derecha.

Foto: SOS Méditerranée/Anthony Jean (en Noticias ONU)
 

Así, la percepción de la migración como el problema principal, ha hecho que se incremente la lista de países con gobiernos de derecha o extrema derecha en toda Europa. Además de los existentes gobiernos de Italia, Hungría, Polonia, República Checa, Suecia y Finlandia; en el año pasado, el partido de derecha de Alianza Democrática quedó en control del parlamento portugués, en Austria y Bélgica los partidos de derecha ganaron las elecciones y en Francia solo una alianza de todos los partidos de centro e izquierda lograron evitar que la extrema derecha de Marine Le Pen (partido Agrupación Nacional) gobernara.

En las elecciones de este lustro, los votantes han dado valor secundario a elementos que podrían ser más imperantes como la economía, desarrollo tecnológico, el envejecimiento de Europa, los problemas climáticos o el incremento de la brecha económica entre los ricos y los demás.

Esta situación se está volviendo peligrosa. En las elecciones de Alemania llevadas a cabo este domingo 23 de febrero, existe una gran preferencia de voto a la derecha extrema (AfD), a tal grado que el partido Demócrata Cristiano (CDU), anunció a final del mes de enero la posibilidad de una alianza con esa expresión política, para poder gobernar.

Campamento de migrantes ucranianos en Ciudad de México. Foto: Andrea Murcia / Cuartoscuro

El AfD en su programa de gobierno no solo incluye medidas drásticas en contra de la migración, sino que considera la posibilidad de sacar a Alemania de la comunidad europea, algo que sería un desastre para el continente (y para el país germánico) y que beneficiaría enormemente a potencias competidoras con estructuras dictatoriales como Rusia y China, que podrían –por cierto—estar patrocinando al partido, según se difunden versiones.

La cultura occidental teme la descomposición de sus estructuras sociales por una invasión cultural.

En la posguerra, cuando las distintas naciones europeas en el proceso de recuperación carentes de mano de obra barata fomentaron la inmigración, trataron de que fuese temporal. Pero por razones política nunca establecieron métodos efectivos para la repatriación de migrantes ni tampoco, desde 1950 a 2000, se desarrollaron programas eficientes de integración. Como resultado se crearon grupos que han ido creciendo como culturas paralelas, muchas veces sub segmentadas por su origen nacional.

Migrantes tramitan su residencia en Ciudda de México. Foto: Graciela López

Con el inicio del milenio el problema se volvió patente, acciones correctivas se han iniciado desde entonces, pero las estructuras subculturales ya se han formado. Muchos de los nuevos europeos en segunda o tercera generación siguen sintiéndose distintos culturalmente al país donde viven. Por ejemplo, hay jóvenes nacidos en Alemania, pero con padres de origen iraquí. Cuando se les pregunta su nacionalidad se autoidentifican como iraquíes, aunque nunca hayan visitado dicho país y muy probablemente no coincidan con su cultura actual.

La gran llegada de nuevos migrantes de este milenio, ha reforzado dicha segmentación. Mientras que en los setenta las niñas migrantes, al salir de sus casas y de manera secreta, se quitaban el velo y se ponían hot pants para ir a la escuela y ser consideradas parte de la comunidad, en la actualidad, con el incremento en el número de connacionales (que refuerzan la cultura huésped), las nuevas jovencitas deciden mantener el velo como un distintivo y orgullo cultural, inclusive cuando sus madres, de la generación anterior, no lo usen, diferenciándose claramente del resto de sus compañeros de escuela.

Además, los tiempos requeridos para la integración social entre distintos grupos dependen, entre otros factores, del tipo de migrantes (hombres o mujeres, adultos o niños) y la afinidad cultural.

Por ejemplo, la integración en Europa de refugiados ucranianos (mujeres con niños de religiones cristianas principalmente) ha sido mucho más rápida y sencilla que la de los sirios, jóvenes hombres musulmanes.

Con culturas diversas se tienen que considerar medidas adicionales de integración. En Alemania, por ejemplo, en la crisis siria de 2015, a los refugiados menores de edad se les asignó un tutor que los ayudara en la integración social; y a los jóvenes a partir de los 18 años se les dejó actuar por su cuenta. Casi 10 años después, los problemas de marginalidad social se presentan fundamentalmente en el grupo sin apoyo tutorial. A los nuevos migrantes les cuesta mucho trabajo entender y desenvolverse en un nuevo ambiente social y si no hay un sistema que les facilite su integración se marginan. A pesar de que se tienen documentados estos casos, por prioridades políticas y costos, no se ha generado un programa de tutores generales y el problema se incrementa.

Europa aún no se auto concibe como una sociedad multicultural. A alguien con un aspecto no europeo se le califica continuamente de extranjero, independientemente de que hable perfectamente la lengua y está plenamente integrado; en muchos casos no es una acción discriminatoria, pero sí un elemento que dificulta que el nuevo ciudadano se asuma como connacional.

Algunos medios de comunicación y las redes sociales de derecha, buscando sensacionalismo, resaltan incidentes y problemas con los migrantes.

La ciudadanía hipersensibilizada con la información y la falta de contacto con los migrantes, identifica a los nuevos ciudadanos como un peligro, por lo que se busca a través del voto que se tomen medidas más drásticas para detener el crecimiento de estos nuevos grupos culturales.

La falta de respuestas sencillas –por ser un problema muy complejo–, rápidas y priorizadas, han hecho que los votantes cada vez más apoyen a partidos nacionalistas, de derecha o ultra derecha y extremadamente demagogos.

Eso, como mencioné en un principio, empieza a volverse un peligro para Europa y además evita atender los grandes problemas del continente.

Para revertir este problema, la ciudadanía requiere percibir que se está atendiendo y resolviendo la situación. Mientras más tiempo pase sin que la ciudadanía vea que sus gobiernos toman medidas, la preferencia hacia la derecha será mayor.

A Dinamarca, actualmente gobernada por un gobierno de centro social, se le puede identificar como un caso de éxito a revisar. Ante la aparición de incidentes conflictivos culturales, el país ajustó sus leyes de inmigración (haciéndolas más estrictas). Entre los puntos que destacan son: (1) Una política de atomización cultural, los nuevos ciudadanos no pueden ubicarse en zonas donde exista un gran número de habitantes de su mismo origen cultural, (2) exigen una integración policultural para los niños a través de las escuelas, fomentando una cultura de integración danesa, (3) dan un plazo para el habla de idioma de no más de 5 años, (4) se ha incrementado el control de los movimientos extremos y (5) tienen un sistema eficiente de deportación rápida para extranjeros que cometan delitos. Pero también, como parte de sus medidas, detuvo cualquier programa para la recepción de refugiados, en especial de medio oriente.

En resumen, la situación es compleja. Es deseable que Europa tenga la capacidad de ajustarse y resolver este problema, sin poner en riesgo su propia existencia para dar cabida a la atención de los verdaderos grandes problemas.

Foto: David Bacon / Cuartoscuro

Con los nuevos retos que México enfrentará en los próximos meses, a causa de las nuevas leyes de deportaciones masivas de Trump en los Estados Unidos, México debe comenzar a tomar medidas eficaces de integración cultural. Que creo, con el tipo de migrantes (la mayoría latinoamericanos), será mucho más sencilla si se atiende de manera rápida y verdadera. Pudiéndose volver, inclusive, una oportunidad de crecimiento y enriquecimiento cultural.

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