OSMAR FARIAS

De acuerdo con la Encuesta de Opinión Pública sobre Ciudadanía y Cohesión Social, llevada a cabo en agosto de 2011 por el CESOP, 70% de los participantes opina que el voto es una de las tres actividades que no puede dejar de hacerse si se quiere ser ciudadano; 10% mencionó al pago de impuestos y 8% el “obedecer todas las leyes siempre”.

 

Foto: Isaac Esquivel/Cuartoscuro.com

 

A partir de estos datos, podríamos considerar que gran parte la población asume la ciudadanía, no como una condición inherente a toda persona sujeta a derechos, sino como un momento específico (la emisión del voto) que ocurre con periodicidad institucionalmente marcada. Entonces, ¿seguimos siendo ciudadanos después de realizado el ritual que deja nuestro pulgar diestro con tinta indeleble? ¿Existen otras maneras de ejercer la ciudadanía? Suponiendo un sí como respuesta, se ejemplifica el siguiente caso hipotético pero apoyado en experiencias empíricas:

Durante octubre de 2017 se llevó a cabo una consulta ciudadana sobre temas y asuntos públicos prioritarios a habitantes de las delegaciones Benito Juárez y Cuauhtémoc. Se preguntó a la población cuáles son los asuntos de competencia delegacional que requieren mayor atención en la demarcación: la seguridad pública en lo respectivo a acciones de prevención del delito fue uno de los más mencionados.

Ahora bien, supongamos que a un habitante de la Ciudad de México le interesa conocer sobre este tema en particular (la seguridad pública), pues en los últimos meses incrementó el número de delitos en la zona donde vive, principalmente robo de autopartes y asaltos con violencia. Hasta el momento la situación no parece cambiar y no hay reacción por parte del organismo responsable de atender el problema. ¿De qué herramientas se vale esa persona para saber qué medidas se están tomando desde la delegación y cómo podría participar en el proceso para solicitar atención y solución al problema?

Nuestro personaje en cuestión –a quien llamaremos Enne– comenzó a interesarse por el derecho de acceso a la información, pues había escuchado sobre el tema en medios de comunicación. Una tarde, comenzó por una sencilla búsqueda sobre esta idea en internet y se encontró con datos interesantes que se relacionaban con la problemática que aqueja a su comunidad.

Entre vídeos, artículos breves y contenido que habitantes de la región subían en redes sociales, encontró que: 1) cualquier persona tiene derecho a acceder a información respecto a las acciones realizadas por instituciones y organismos del estado, ya sean ejercicios fiscales o sus actividades: básicamente por el origen público de los recursos de los que se vale, 2) legalmente, a toda institución de carácter público se le conoce como Sujetos Obligados, 3) Existen varias formas de acceder a esta información. Una es desde el portal de transparencia que todo organismo público debe tener habilitado en su página web, o bien, desde solicitudes de información, donde no necesita otorgar datos personales, si así lo desea, a través de sitios como infomexdf.org.mx o plataformadetransparencia.org.mx. Los documentos accesibles y en formatos abiertos se sustentan en la Ley General de Transparencia y Acceso a la Información Pública (LGTAIP).

A los pocos días de sus hallazgos, consideró asistir a una reunión donde se convocaba a vecinos de la colonia. Un punto a tratar en la orden del día fue, precisamente, la seguridad pública. La información con la que ahora contaba la consideró de gran utilidad e importancia para compartirla al resto.

Comenzaron vertiendo opiniones para esbozar un diagnóstico del problema. Testimonios y reflexiones surgieron con el paso de los minutos. Entre los presentes, Enne compartió su experiencia respecto a la búsqueda de información pública, resaltando su utilidad en la seguridad pública. Effe, Erre y Hache –vecinos de la colonia presentes– se interesaron en los aportes de su colega. Comenzaron a considerar la posibilidad de involucrarse para la búsqueda de soluciones.

Después de propuestas y deliberaciones, coincidieron en la creación de mesas de trabajo para dar seguimiento a la problemática. Elaboraron y compartieron comunicados a vecinos, organizaciones y miembros de la delegación donde se les invitó a colaborar en conjunto. El proyecto comenzó a consolidarse y después de algunos meses comenzaron a manifestarse los resultados. A pesar de haber sido un proceso largo que requirió compromiso y dedicación, lograron reunir suficiente información pública útil; imaginando el escenario ideal: el actuar de las dependencias responsables de seguridad cumplía con sus objetivos y metas; incluso, los vecinos encontraron una forma distinta de organizarse e involucrarse en asuntos públicos.

…A partir de este ejemplo –que reitero, con base empírica pero hipotética–, la concepción de ciudadanía pasa de ser una fecha más en el calendario a una condición atemporal, a una asunción más amplia del ser-ciudadano. Es el entorno en el que vivimos y esta es una forma de involucrarse en él.

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francisco

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