STAFF/LIBRE EN EL SUR

En pleno mes de abril, las jacarandas en flor llegan a su apogeo y cubren con su manto color lila el paisaje de la delegación Benito Juárez, emblemático ya en la Ciudad de México.

Jacarandas. Paisaje lila.

Colonias juarenses como la Del Valle, Narvarte, Nápoles, Postal y Tlacoquemécatl, entre otras, lucen como todos los años su uniforme de primavera, gracias a un árbol centenario que se ha convertido en favorito de los habitantes de la capital mexicana.

En especial, pueden admirarse con sus ramas caprichosas y sus flores lilas en  la calle de Nicolás San Juan, a la altura del CUM,  al igual que a lo largo de Providencia, en la colonia del Valle. Las tenemos por supuesto en  Concepción Beistegui, donde las jacarandas forman un “túnel” de increíble belleza, allá a principios de abril. También en Porfirio Díaz, entre San Francisco e Insurgentes. En la calle Parroquia, entre Liverpool y Galerías, hay una enorme jacaranda que es la primera en florear, año con año. En estos puntos están las mayores concentraciones, pero en realidad los emblemáticos árboles salpican prácticamente, en camellones, glorietas y jardines, todos los rumbos de Benito Juárez, lo mismo en la colonia Nápoles que en la Nochebuena, Mixcoac, Narvarte, San José Insurgentes o la Portales. ¡Vale la pena un tour!

 

Ahora sabemos que este árbol fue traído a México por un singular jardinero imperial  japonés, Tatsugoro Matsumoto, que se enamoró de México. Él tuvo la osadía de desafiar las reglas de la naturaleza y logró aclimatar a la jacaranda en sus viveros, allá a principios del siglo 20. Fue uno de los primeros inmigrantes japoneses que arribó a México, justo un año antes de la primera emigración masiva de pioneros de ese país  a Chiapas,  en 1897.

Cuando Matsumoto llegó a la Ciudad de México, la colonia Roma estaba en  su apogeo y era uno de los barrios más elegantes de la capital y el preferido de los nuevos ricos. La mayoría de las casas eran muy amplias y tenían grandes  jardines, por lo que surgió la necesidad de tener a alguien encargado de cuidarlos. Matsumoto, sin duda, era el indicado para diseñar y cuidar los jardines de las residencias elegantes de todo el barrio pues más que un jardinero, era algo semejante a un “arquitecto paisajista”.

 

Pronto adquirió tal fama que el presidente Porfirio Díaz le encargo hacerse cargo de los arreglos florales de la sede presidencial, el Castillo de Chapultepec en ese entonces,  y lo nombró jardinero oficial del bosque que rodea al emblemático cerrito. En las fiestas del Centenario, en 1910, preparó para la delegación de su país un jardín japonés con un pequeño lago,  al lado del llamado Palacio de Cristal, que luego sería convertido en el Museo del Chopo, en la actual colonia Santa María la Rivera. Ese mismo año llegó a México su hijo, Sanchiro Matsumoto, quien le ayudó a administrar su negocio al que su padre no le ponía cuidado. Juntos comenzaron a crear un gran emporio con todo y las dificultades del movimiento revolucionario en México.

Foto: Libre en el Sur.

Al estabilizarse la situación política después del enfrentamiento armado, los Matsumoto recomendaron al presidente Álvaro Obregón (1920-1924)  plantar en las principales avenidas de la ciudad de México árboles de jacaranda,  que Tatsugoro había introducido desde Brasil y había reproducido con éxito en sus viveros. Para asombro de sus colegas mexicanos, las condiciones climatológicas resultaron ser adecuadas para que al inicio de la primavera el árbol floreciera. Además Tatsugotro consideró que la flor duraría más tiempo que en su lugar natal ante la ausencia de lluvia en la capital durante esa temporada, como en efecto ocurre.

Su intuición fue acertada.. El árbol de jacaranda se reprodujo ampliamente en la Ciudad de México, al grado de considerarse flor nativa. Desde entonces podemos disfrutar de la magia de las Jacarandas en flor en los meses de marzo y abril, como ahora. Matsumoto jamás regresó a Japón Se quedó a vivir en la aquí hasta 1955, año que murió a los 94 años de edad. Aún existe en la colonia Roma la florería que fundó.

En pocos días más, el encanto se habrá esfumado y tendremos que esperar el regreso de la Primavera, dentro de un año, para volver a disfrutar el incomparable espectáculo de las jacarandas en flor.

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