VÍCTOR MANUEL JUÁREZ CRUZ

Y Ahora en el escenario narco aparecen los adolescentes.

Según cifras del Instituto Nacional de Geografía y Estadística existen en el país 30.6 millones de jóvenes entre los 17 y 29 años de edad. Algunas estimaciones consideran que de estos hay siete millones de hombres y mujeres que ni estudian ni trabajan. Son los considerados ninis que no tienen ninguna ambición o sueño por delante, van  por la vida sin rumbo, fáciles de enganchar en las drogas o en las filas del crimen organizado.

Tenemos pues una población significativamente joven a la que estamos condenando a la desesperanza. No estamos creando –ni el sector privado ni el público– el número de trabajos suficientes y permanentes para encarrilarlos en un mercado laboral ascendente y seguro. Tampoco les brindamos opciones suficientes de estudio o capacitación en técnicas y oficios del presente siglo.

Con una población juvenil cercana al 26 por ciento de un total de 122 millones de habitantes, México descuida a sus presentes y futuras generaciones. Así, los vemos partir rumbo a los Estados Unidos en busca del sueño americano, pese a todas las asechanzas planteadas por Trump. Muchos de ellos huyen de sus terruños por la amenaza de la violencia del crimen organizado, por el miedo de ser asesinados o levantados. Otros más no tienen más opción que ingresar a las largas filas del sub empleo como ambulantes, tianguistas, micro buseros y hasta franeleros.

Foto: Cuartoscuro.

Pocos son los que tienen el privilegio de ingresar a las instituciones de educación media superior y superior. Los más de nuestros jóvenes tienen como modelo aspiracional al crimen organizado, concretamente el narcotráfico. Narcorridos y narcoseries contribuyen en mucho a crear esa falsa percepción de lujos, mujeres y extensas propiedades. La realidad es brutal, pues son cooptados  o reclutados con base en mentiras o amenazas, para servir de halcones, narcomenudistas y, ahora, terriblemente como sicarios. Así que no hay ni trocas, ni chavas. Y sí muchas balas, dolor y muerte, como lo muestran las cifras de ejecutados y desaparecidos a lo largo del país.

En el mundo de los jóvenes, las drogas son frecuentes. Van desde las blandas como la cannabis, hasta las duras como la cocaína –exclusiva para las clases pudientes por su alto costo—pero también abundan las drogas sintéticas. Es por ello que donde haya concentraciones juveniles –escuelas, conciertos o antros–, la delincuencia estará presta a ofrecer sus productos. Esta, así, en los mismos jóvenes y sus padres ver por su salud y buscar las mejores formas de incorporarse a la vida productiva.

Leí con horror sobre una balacera en la ciudad de México en la que participaron, no jóvenes, sino adolescentes de entre 14 y 15 años. El saldo arrojó dos muertos y dos heridos. El motivo, según las indagaciones judiciales, fueron las drogas: su venta y consumo.

Es tiempo de plantearnos un debate amplio y serio con autoridades, académicos y especialistas – en foros multidisciplinarios– sobre la conveniencia de despenalizar el consumo de la cannabis y otras drogas, buscar nuevas y más eficientes estrategias para atacar la narco producción y sus consumos. Llevamos dos sexenios con la estrategia de guerra y esta ha arrojado pocos resultados en el combate a las narco bandas y muchos muertos. La mayoría sangre joven, sangre también de adolescentes.

Aquí la nota:

“Una disputa por droga entre adolescentes dejó dos muertos y dos heridos en la Ciudad de México. La riña se suscitó la noche del domingo en la Colonia El Arenal, en la Delegación Venustiano Carranza. En el sitio fallecieron dos menores de edad, de l5 y 16 años, y otros dos, de 14 y 15 años, fueron llevados a un hospital.

“De acuerdo con las investigaciones de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, el tiroteo fue por un supuesto lio de drogas, pues en una mochila fueron encontradas dos bolsas de plástico con al menos un kilo de mariguana”. Los casi niños se dispararon entre sí no menos de 12 veces.

Armas y drogas entre nuestros adolescentes, los mismos que deberían estar cursando la secundaria, los mismos que están en la edad de las definiciones y colmados de dudas, los mismos que deberían soñar entre ser deportistas o profesionales, los mismos que se matan por unos carrujos de mariguana. ¿Qué más?

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