Libre en el Sur

De alcoholes y volantes

La combinación alcohol y volante es fatal. Nadie en su sano juicio debe justificarla. Sin embargo, siempre será pertinente revisar las formas en que, como sociedad, estamos combatiendo esa práctica.

Hace apenas dos o tres años, el Gobierno de la Ciudad de México lanzó un programa para disminuir el número de accidentes, muchos de ellos con consecuencias fatales, provocados por conductores ebrios. Según cifras oficiales el objetivo se ha cumplido, han disminuido el número de accidentes, de muertes y, tal vez lo más importante, se ha avanzado en la generación de conciencia y de responsabilidad ciudadana sobre el tema.

Por eso, porque el programa comúnmente conocido como el ‘alcoholímetro’ ha arrojado buenos resultados, es útil señalar algunos aspectos que pueden mejorar o cambiar, para evitar su desgaste y eventual estancamiento.

El primero es el esquema utilizado para detectar borrachos manejando. El modelo opera a partir de ‘retenes’ ubicados estratégicamente para sorprender a conductores ebrios. Como mecanismo de lanzamiento del programa funcionó, han sido decenas de miles las personas que han sido ‘atrapadas’ infraganti y que han pasado una buena cantidad de horas en el Torito. Sin embargo, el ‘reten’ es un mecanismo de control delicado, que desde cierta óptica, vulnera garantí¬as constitucionales. No serí¬a sano en el mediano y largo plazos acostumbrarnos a vivir sujetos a la posibilidad de ser detenidos para revisión por parte de cuerpos policiacos y/o militares. Por ello creo que es momento de pensar en alternativas para la aplicación de la prueba del alcoholímetro que no supongan detenciones arbitrarias en la ví¬a pública.

El segundo es el uso que el Gobierno de la Ciudad hace del alcoholímetro para denostar, ridiculizar y desprestigiar a personas públicas. Es de todos sabido que en el momento que se ‘agarra un pez gordo’ se da el ‘pitazo’ a los medios de comunicación, siempre dispuestos a enlodar. Don Jesús Silva-Herzog Flores, una persona honorable y dueño de una trayectoria intachable, es la última ví¬ctima de este abuso del poder.

Y el tercero es la ausencia de alternativas para evitar el uso del vehículo particular, sobre todo en las noches. El dí¬a que existan medios de transporte público seguros y accesibles para todos, que operen horarios nocturnos, será el día que muchos dejaremos nuestros vehí¬culos estacionados en casa para ir a divertirnos un rato. Sin estas opciones, muchas personas seguirán jugando a la ruleta rusa.

La combinación alcohol y volante es fatal. Nadie en su sano juicio debe justificarla. Sin embargo, siempre será pertinente revisar las formas en que, como sociedad, estamos combatiendo esa práctica.

Hace apenas dos o tres años, el Gobierno de la Ciudad de México lanzó un programa para disminuir el número de accidentes, muchos de ellos con consecuencias fatales, provocados por conductores ebrios. Según cifras oficiales el objetivo se ha cumplido, han disminuido el número de accidentes, de muertes y, tal vez lo más importante, se ha avanzado en la generación de conciencia y de responsabilidad ciudadana sobre el tema.

Por eso, porque el programa comúnmente conocido como el ‘alcoholímetro’ ha arrojado buenos resultados, es útil señalar algunos aspectos que pueden mejorar o cambiar, para evitar su desgaste y eventual estancamiento.

El primero es el esquema utilizado para detectar borrachos manejando. El modelo opera a partir de ‘retenes’ ubicados estratégicamente para sorprender a conductores ebrios. Como mecanismo de lanzamiento del programa funcionó, han sido decenas de miles las personas que han sido ‘atrapadas’ infraganti y que han pasado una buena cantidad de horas en el Torito. Sin embargo, el ‘reten’ es un mecanismo de control delicado, que desde cierta óptica, vulnera garantí¬as constitucionales. No serí¬a sano en el mediano y largo plazos acostumbrarnos a vivir sujetos a la posibilidad de ser detenidos para revisión por parte de cuerpos policiacos y/o militares. Por ello creo que es momento de pensar en alternativas para la aplicación de la prueba del alcoholímetro que no supongan detenciones arbitrarias en la ví¬a pública.

El segundo es el uso que el Gobierno de la Ciudad hace del alcoholímetro para denostar, ridiculizar y desprestigiar a personas públicas. Es de todos sabido que en el momento que se ‘agarra un pez gordo’ se da el ‘pitazo’ a los medios de comunicación, siempre dispuestos a enlodar. Don Jesús Silva-Herzog Flores, una persona honorable y dueño de una trayectoria intachable, es la última ví¬ctima de este abuso del poder.

Y el tercero es la ausencia de alternativas para evitar el uso del vehículo particular, sobre todo en las noches. El dí¬a que existan medios de transporte público seguros y accesibles para todos, que operen horarios nocturnos, será el día que muchos dejaremos nuestros vehí¬culos estacionados en casa para ir a divertirnos un rato. Sin estas opciones, muchas personas seguirán jugando a la ruleta rusa.

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