Libre en el Sur

Desconocidos tesoros guarda el panteón juarense de Xoco; ahí fue asesinado Belisario Domínguez, en 1913

En el antiguo pueblo originario de Xoco, en el extremo sur de la delegación Benito Juárez y colindando con el río Churubusco, se localiza el único panteón de nuestra demarcación, sitio que guarda importantes riquezas artísticas e históricas donde en 1913 fue cobardemente asesinado don Belisario Domínguez.

Este cementerio civil, uno de los dos que hay en el DF, consta de una planta piramidal que lo divide y un eje central arbolado que parte desde el acceso principal, atravesando una glorieta y remata en una fuente. Un eje transversal lo divide en cuarteles y, al igual que los cementerios porfiristas, existe un lugar separado para los párvulos, que en la actualidad se ha perdido, así como la disposición de calles intermedias dentro de los cuarteles, según la descripción que hace la historiadora Margarita G. Martínez Domínguez. Su perímetro se encuentra delimitado por una barda de piedra, que en el lado del Río Churubusco es de ladrillo.

La fachada principal es de ladrillo aparente, el cual hoy se ha recubierto con pintura. El acceso está compuesto por una reja metálica, coronada por un arco, donde se encuentra escrito el nombre del lugar; éste descansa sobre dos columnas y, a pesar de las remodelaciones sufridas, aún se percibe una reminiscencia de arquitectura posrrevolucionaria que confirma la capilla perteneciente a la familia Canet, la cual está al entrar al panteón (fue construida con recinto y cantera).

En su texto, recogido en el sitio oficial de la Delegación Benito Juárez, Margarita G. Martínez Domínguez indica que el panteón de Xoco, que perteneció originalmente a la delegación Coyoacán, “es un sitio austero, representativo de los cementerios que se construyeron después de la Revolución, con mausoleos que se desprenden de una planta rectangular (de 2 m x 1 m y 30 cm de altura), sobre la cual descansa una base de mayor altura (50 cm), de la que se eleva un elemento ornamental funerario, como pueden ser la imagen de un santo, una cruz, o ángeles y retratos trabajados comúnmente en granito, cantera y concreto”.

Recuerda luego que en 1912, los habitantes del norte de río Churubusco iniciaron un reordenamiento del panteón con algunos enterramientos al frente de la iglesia de San Sebastián, que corresponden a la parte posterior del actual panteón –se estableció en un terreno de 20,000 metros cuadrados– que el señor Wolf donó con este propósito, como consta en el Archivo del Ayuntamiento.

Es pertinente anotar, escribe la historiadora, que la escultura funeraria tuvo su apogeo durante el porfirismo, con el ingreso al país de lapidarios y escultores italianos en su mayoría, que poblaron los panteones con obras monumentales, aunque no fue así en Xoco. Esto no quiere decir que no exista arte en este panteón, por el contrario hay obras de P. Silva, marmolerías de C. Ponce, de la Ciudad de Carrara, de S. y Hernández y de los talleres de B. Núñez. Existe una gran producción del prominente escultor Norville Navari, lo cual no es casual, pues él tenía su fábrica en la calle de Barcelona No. 10 y sólo una obra de la compañía de Ubaldo Luisi, escultor muy conocido durante esa época. El arte funerario del panteón de Xoco se compone básicamente de una iconografía cristiana. Nos referiremos a los vegetales que acompañan a los demás elementos; existe una gran variedad de símbolos en las guirnaldas, festones y flores que adornan los mausoleos, cuyo significado se encuentra asociado al triunfo de la vida virtuosa sobre la muerte. Fuera de las guirnaldas, las flores por si solas representan la dicha que el alma experimenta en el jardín paradisíaco; también simbolizan la brevedad y vanidad de la vida.

“Los árboles también forman parte de la iconografía; si se encuentran completos representan vida, y si están truncos muerte; si son frondosos vida, o si las ramas se desgajan dolor”, describe. “En este panteón encontramos una cruz trabajada en concreto, hecha con troncos, a los que se le mutilaron las ramas”. La cruz simboliza redención; los troncos vida; las ramas truncas dolor. Las puertas, ventanas, pórticos y columnas en sus diversas concepciones son elementos arquitectónicos que encontramos principalmente en las capillas. Un motivo común es la columna, su simbolismo es la idea del esfuerzo vital interrumpido por la muerte, pueden ser completas o truncas y como remate en los obeliscos. Como ejemplo tenemos el monumento dedicado por los trabajadores de parques y jardines a Ricardo Ortiz Trejo, una columna cilíndrica trunca.

El dolor de la ausencia se expresa a través de la figura humana en actitud de lamento; esta representación suele ser más frecuente por medio de la figura femenina o infantil, sola o en grupo. En Xoco existe únicamente un pequeño busto que representa a una doliente; éste descansa sobre un mausoleo moderno. Sin embargo, la efigie es un exquisito trabajo de principios de siglo y, a pesar de no estar firmado, no es aventurado decir que por su calidad pertenece a Navari o un contemporáneo.

En Xoco, la representación de figuras sacras es el símbolo más frecuente. A diferencia de las antes mencionadas, comúnmente la figura de Cristo se representa con el emblema de la cruz. Menos usual es el crismón con su simbolismo de martirio, triunfo, muerte y redención, o los elementos eucarísticos de la ostia, el trigo y la vid. La iconografía de Cristo aparece como el buen pastor infante en tumbas de niños o bajo la advocación del Sagrado Corazón de Jesús, símbolo de misericordia y perdón. Es común la imagen de Cristo crucificado; el simbolismo de estas esculturas parece ser la conjunción del sufrimiento inherente a la muerte con los dolores de Cristo para poder compartir su resurrección. En las obras con valor artístico que se encuentran en este panteón es común encontrar la imagen de Cristo, la cruz y a la virgen inscritos en medallones trabajados en relieve sobre mármol.

Parte esencial en la iconografía son los retratos; la intención de éstos es conservar los rasgos fisonómicos del individuo; esta acción es habitual en la escultura y su origen data del Renacimiento. Tal parece que con la efigie escultórica en piedra o bronce se asegurara al retratado su permanencia mayor y la exaltación de su memoria. El retrato puede ser de bulto, relieve, sólo el busto o de cuerpo entero; los bustos fueron tallados en redondo y relieve. En Xoco es frecuente la inserción del retrato individual en medallones, sobre todo en las obras de Norville Navari, quien combinó el granito con el mármol y los insertó o rodeó del algún símbolo funerario, como son los vegetales y la letra omega, acompañados de símbolos sacros.

El panteón de Xoco, que este miércoles 2 de noviembre recibirá a millares de visitantes, cumple ya 100 años de historia. Durante este tiempo se han enterrado ahí algunos personajes –no reconocidos siempre en la historia nacional–, como fue José Cabrera Alducín, fundador del Frente Unido de Trabajadores del Volante –a quien se le otorgó un monumento en 1942 al inaugurar el Día del Trabajo– y Ricardo Ortiz Trejo –quien murió asesinado en defensa de la democracia. Pero el acontecimiento histórico más importante ocurrido en este cementerio fue el asesinato del senador Belisario Domínguez, ocurrido el 7 de octubre de 1913; “los esbirros de Huerta lo apresaron en el Hotel Jardín, lo llevaron al perímetro del panteón de Xoco y lo asesinaron. Ya muerto, pero no conformes, el eminente cirujano Aureliano Urrutia procedió a cortarle la lengua para escarmiento de la oposición al régimen”, recuerda Martínez Domínguez.

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