DINORAH PIZANO OSORIO

La actualidad de la mayoría de los jóvenes mexicanos dista de observar condiciones alentadoras. De acuerdo con el Informe de Evaluación de la Política Social en México 2018 a cargo del Coneval, 50.6 por ciento de la población joven tiene un ingreso inferior a la línea de bienestar. Dicho indicador establece que son incapaces de cubrir una canasta básica alimentaria, así como bienes y servicios básicos.

También las condiciones generalizadas de violencia de género hacia las mujeres impactan a quienes se encuentran entre los 15 y 29 años. No se trata únicamente de violencia física, sino laboral, patrimonial, entre otros tipos. Por ejemplo, de la Población Económicamente Activa a nivel nacional, el 30 por ciento son jóvenes, pero de dicho universo únicamente el 37 por ciento son mujeres. En contraste, constituyen el 65.9 de quienes no participan de actividades económicas.

Al revisar el Informe encontramos que la idea de futuro se constriñe a la sobrevivencia con pocas opciones de ahorro para el retiro. El 24.8 por ciento de los jóvenes a nivel nacional cuentan con SAR o Afore. El contraste entre campo y ciudad se profundiza en este rubro, pues en el ámbito rural sólo el 9.8 por ciento tiene algún mecanismo que le permita pensar en el porvenir.

Sin embargo, creo con firmeza que la juventud siempre vence. Si al día de hoy las cifras indican que el Estado apuesta por la desesperanza y pauperización de los diversos entornos y realidades sociales, ello no evita que los jóvenes se organicen, expresen y encuentren forma de dar salida a inquietudes y necesidades.

La política no se limita a una expresión de partidos. La política es la manera de resolver todas las problemáticas sociales y confiar en los jóvenes es una opción, quizá la única, para revertir condiciones y planificar el futuro. Confianza implica que tomen el control de diversos procesos, que en el camino desarrollen capacidades ciudadanas para el verdadero ejercicio del poder. Ese concepto, poder, incluso está estrechamente relacionado con tomar decisiones de vida con la suficiente información para ser feliz.

Foto: María José Martínez/Cuartoscuro

Ningún ser humano nace destinado a transitar con angustia y temor, únicamente se necesita que las generaciones del s. XXI den un paso al frente y el resto de la sociedad respete las determinaciones que tomen. La inclusión se convierte en un discurso caduco cuando no existe una acción concreta que lo respalda.

Quienes se refieren a tiempos pasados como “mejores” olvidan que dicha idea se conforma a partir de la sensación de haber decidido en la medida de las posibilidades el destino propio. No existe una condición objetiva que nos impida propiciar que la juventud mexicana hable, se reconozca, debata y decida el tipo de país en el que quiere vivir.

 

El estudio se localiza en el siguiente enlace:

https://www.coneval.org.mx/Evaluacion/IEPSM/IEPSM/Paginas/IEPDS-2018.aspx

 

 

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