Libre en el Sur

Fortaleciendo la confianza / Amor en la pandemia

Fue la primera prueba a la que se enfrentó nuestra relación; y hasta la fecha ha sido sorteada con éxito: Acordamos darnos libertad y autonomía, haciendo patente que no tenemos por qué limitar al otro pero –tal vez más importante— que ninguno de los dos tiene por qué sentirse obligado a convivir permanentemente.

POR NADIA MENÉNDEZ Y JESÚS PUENTE

13 de marzo de 2020. De regreso Jesús de viaje, nos encontramos para pasar el fin de semana en Tepoztlán. Si bien la estancia fue agradable, buena parte del tiempo lo ocupamos en buscar recomendaciones y mejores prácticas para enfrentar el inicio de la pandemia a nuestro regreso a la CDMX. Empezamos a comprar litros de alcohol en gel, tapetes sanitizantes, cubrebocas, e iniciamos el diseño de la logística para llevar a cabo nuestras actividades –profesionales y no— al interior de la casa de Nadia.  Definimos espacios para trabajar, comunicarnos con familiares, amigos y colegas; pero todo de manera más bien informal y con una perspectiva transitoria.

No pudimos aislarnos de la sensación de paranoia y neurosis que afectaba a buena parte de la población, incluidos nuestros amigos y seres queridos. En ese entorno, la administración de nuestro tiempo libre –-y, especialmente, de nuestra interacción como pareja—- constituyó un tema relevante: ¿Qué hacer juntos? ¿Cómo íbamos a administrar nuestros tiempos de esparcimiento individual? ¿acaso no tomaríamos a mal que el otro realizara actividades por sí solo?

Fue la primera prueba a la que se enfrentó nuestra relación; y hasta la fecha ha sido sorteada con éxito: Acordamos –a sugerencia expresa de Nadia—- darnos libertad y autonomía, haciendo patente que no tenemos por qué limitar al otro pero –tal vez más importante— que ninguno de los dos tiene por qué sentirse obligado a convivir permanentemente y, sobre todo, que ello no debe ser causa de inquietud o temor para ninguno de los dos.

Pero el tiempo se alargó. Jesús perdió su trabajo y se quedó con la docencia, que siempre ha practicado en el esquema de tiempo parcial. En este punto, Nadia ha sido para Jesús un apoyo fundamental, sostén y fuente de esperanza.

Ha pasado el tiempo y el modus vivendi de la coyuntura de la pandemia -inicialmente percibido como transitorio- se ha tornado permanente: compartir el lugar común de las series y películas por streaming… incluso, disfrutar de manera conjunta “placeres culpables” como alguna telenovela con argumentos especialmente ridículos, que nos ayuda a abstraernos y reír abiertamente -juntos- al margen de las adversidades que plantea la realidad que nos rodea.

Llevamos diez meses en este entorno de convivencia cotidiana y es de sorprender que, si bien ha habido momentos de tensión, malestar y tedio (naturales en una circunstancia tan imprevista y desconocida), éstos han sido menores. Han involucrado retos tales como la convivencia con nuestros hijos: Jesús percibe alegría, liberación y amor en breves encuentros con los suyos, y a la vez los de Nadia lo han hecho partícipe de sus actividades y preocupaciones, lo que lo hace sentir en casa.

Por otra parte, aspectos propios de una circunstancia de soledad, aislamiento y búsqueda afectiva se han hecho patentes en nuestras vivencias en la pandemia: la aparición de mensajes de exnovios profesando su amor por Nadia a través de mensajes y redes sociales; el arribo –frecuente— de flores de remitentes anónimos, expresando sentimientos por ella que, en otras circunstancias, no serían capaces de expresa. Con ello hemos tenido que lidiar pero, insospechadamente, estos eventos han servido para fortalecer, también, la sensación de confianza entre nosotros.


Ella es historiadora. Él es economista.

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