Pasa Hugo Aguilar de la reivindicación indígena a la postal cortesana
‘A mi compañera, directora de Comunicación Social, se le cayó café y nata’, justifica.
STAFF / LIBRE EN EL SUR
La escena es breve pero elocuente: dos empleados —uno de ellos mujer— se agachan frente al ministro presidente de la Suprema Corte, Hugo Aguilar Ortiz, para limpiarle los zapatos minutos antes de ingresar a la ceremonia por el aniversario de la Constitución en el histórico Teatro de la República.
Él permanece de pie, con las manos en los bolsillos. Ella frota uno de los zapatos con un paño. El otro empleado limpia el segundo zapato. Después, el ministro ajusta el calzado y continúa su camino hacia el acto oficial.
El gesto que contradice el discurso.
“A mi compañera, directora de Comunicación Social, se le cayó café y nata. No nos dimos cuenta que me había salpicado en el zapato y cuando ella se percata, trató de resolver la situación. Esto me tomó por sorpresa y es el momento que ahora se difunde”, relató más tarde en su cuenta de X el propio Hugo Aguilar, al intentar justificarse.
El video se viralizó en cuestión de horas y detonó una ola de críticas en redes sociales. Más allá de si hubo un accidente previo que ensuciara el calzado, lo que ha provocado indignación es la imagen: subordinados inclinados ante el jefe máximo del Poder Judicial en un acto oficial.
La escena resulta especialmente incómoda porque ocurre durante la conmemoración de la Constitución de 1917, documento que proclama igualdad y dignidad como principios fundamentales del Estado mexicano.
En X y Facebook se multiplicaron mensajes que calificaban la escena como “innecesaria”, “denigrante” y “propia de otra época”. Para muchos usuarios, el problema no es el paño ni el polvo, sino la naturalidad con la que el gesto fue asumido.
La polémica adquiere mayor peso porque el propio Hugo Aguilar Ortiz ha construido parte de su narrativa pública en torno a su origen indígena y a la defensa de los pueblos originarios, presentándose como una figura que rompe con las viejas élites judiciales.
Ese discurso de reivindicación histórica contrasta con la imagen difundida: empleados agachados frente a él en un acto público solemne.
En redes sociales, usuarios subrayaron la contradicción entre el mensaje de dignidad colectiva y la escena viral. “La igualdad no es retórica”, escribió un comentarista. “La dignidad empieza por el ejemplo”, apuntó otro.
Hasta ahora no se ha emitido una postura oficial que explique el contexto del momento captado.
Pero en política, las imágenes trascienden cualquier aclaración posterior. Y la imagen de un ministro inmóvil mientras dos subordinados se inclinan ante él ya se instaló en el debate público.
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