El índice de precios escala a 4.63 por ciento en la primera quincena y alcanza su nivel más alto para un periodo similar en tres años.
La cifra de inflación rebasa la estimación de analistas y presiona la decisión de Banxico sobre las tasas de interés ante el impacto del conflicto en Irán.
STAFF/LIBRE EN EL SUR
La estabilidad de precios en México sufrió un revés inesperado durante la primera mitad de marzo de 2026. Según datos oficiales difundidos por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la inflación general anual se aceleró a 4.63 por ciento, una cifra que no solo superó el 4.37 por ciento proyectado por el consenso de analistas financieros, sino que representa el nivel más alto registrado para una primera quincena de marzo desde 2023.
Este repunte quiebra la tendencia de moderación que se había manifestado al cierre de febrero, cuando el indicador se ubicaba en 4.13 por ciento, lo que evidencia una renovada presión sobre el bolsillo de los consumidores.
El salto de 50 puntos básicos en apenas dos semanas coloca la medición actual en una zona de franca alerta para el Banco de México (Banxico). La institución, que este jueves 26 de marzo deberá sesionar para decidir el rumbo de la política monetaria, enfrenta un entorno complejo donde las variables externas e internas parecen alinearse en contra de la convergencia hacia la meta oficial.
El dato quincenal no es un fenómeno aislado; refleja la acumulación de costos en las cadenas de suministro y una demanda interna que, pese a las altas tasas de interés, no termina de enfriarse lo suficiente como para estabilizar los precios de los servicios y productos de consumo básico.
Dentro del desglose técnico presentado por el Inegi, la inflación subyacente —aquella que elimina los productos de mayor volatilidad como combustibles y alimentos sin procesar para observar la tendencia de largo plazo— mostró una resistencia preocupante al ubicarse en 4.46 por ciento.
Si bien este componente cedió marginalmente frente al 4.48 por ciento reportado en la última quincena de febrero, la persistencia en el costo de los servicios y productos procesados mantiene bajo presión a las autoridades. Este indicador es fundamental para la toma de decisiones del banco central, pues sugiere que el núcleo de la inflación en el país sigue contaminado por expectativas que no terminan de anclarse al rango objetivo.
Los factores externos han jugado un papel determinante en este fenómeno inflacionario reciente. El inicio de las hostilidades bélicas en Irán ha disparado los precios internacionales del petróleo a máximos de varios años, impactando directamente en la estructura de costos de transporte y producción a nivel global. México, pese a su condición de productor, no es inmune a la paridad internacional de los combustibles, lo que se traduce en un efecto dominó sobre el precio final de mercancías y alimentos.
A nivel local, el mercado todavía asimila el efecto de los nuevos aranceles y el incremento de impuestos específicos que entraron en vigor a comienzos del año, factores que han limitado drásticamente el margen de maniobra para reducir los precios al consumidor final.
Ante este escenario, la Junta de Gobierno del banco central se encuentra en una encrucijada técnica y política. De los 29 especialistas consultados por agencias internacionales, 15 consideran que la tasa de interés de referencia deberá mantenerse sin cambios en el 7 por ciento actual para intentar contener el avance de los precios y evitar una fuga de capitales ante la incertidumbre geopolítica.
Por otro lado, 14 analistas aún apuestan por un recorte de 25 puntos básicos, bajo el argumento de que una tasa demasiado restrictiva podría asfixiar el crecimiento económico en un momento de fragilidad global. La decisión es sumamente delicada tras la pausa del mes pasado en el ciclo de flexibilización monetaria.
La persistencia del fenómeno inflacionario obligó a Banxico a corregir de manera formal sus expectativas de largo plazo. En un ajuste reciente a sus modelos de pronóstico, la institución autónoma postergó su proyección para alcanzar la meta del 3 por ciento —con su respectivo margen de un punto porcentual— hasta el segundo trimestre de 2027. Originalmente, el banco central preveía que dicho objetivo se cumpliría durante el tercer trimestre de 2026. Este retraso de nueve meses en la estabilización económica del país sugiere que la lucha contra el alza de precios será mucho más prolongada y costosa de lo que se anticipó tras la pandemia.
El dato de esta quincena de marzo deja claro que las minutas de la reunión del 5 de febrero, que anticipaban una desaceleración gradual y controlada, han quedado rebasadas por la realidad geopolítica y fiscal. La decisión que se anuncie el próximo jueves será fundamental para determinar si el consumo y la inversión en el segundo trimestre de 2026 enfrentarán un entorno de tasas restrictivas prolongadas.
En última instancia, la prioridad de la autoridad monetaria será evitar que el choque petrolero y los ajustes impositivos se conviertan en una espiral inflacionaria que erosione aún más el poder adquisitivo de la población en la Ciudad de México y el resto del país.
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