Libre en el Sur

La música del organillero ya es patrimonio oficial de los capitalinos

Un decreto gubernamental busca preservar el tradicional oficio de las personas cilindreras en la capital.

El reconocimiento al organillero, publicado en la Gaceta Oficial de la CDMX, integra los saberes y la memoria histórica que estos músicos representan en las calles.

STAFF/LIBRE EN EL SUR

El sonido nostálgico que emana de las cajas de madera con manivela ha recibido el máximo reconocimiento a su persistencia en el paisaje de la capital del país. El gobierno local formalizó la declaración del oficio de los organilleros como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Ciudad de México, una medida que busca salvaguardar una de las tradiciones vivas más emblemáticas y antiguas de la vida comunitaria en las plazas y avenidas de la metrópoli.

La resolución administrativa fue publicada formalmente en la Gaceta Oficial de la Ciudad de México el pasado viernes veintidós de mayo, con lo que entraron en vigor las directrices para la protección, promoción y difusión cultural y social de esta actividad. Con este decreto se da un marco de dignidad y respeto a quienes día con día cargan sobre sus espaldas el pesado instrumento musical, cuyo eco ha acompañado el transitar de generaciones de habitantes en zonas históricas y comerciales.

El origen de este oficio en la capital se remonta a finales del siglo diecinueve, cuando los primeros instrumentos de manufactura alemana llegaron al país y se convirtieron rápidamente en parte del ambiente cotidiano, adaptando piezas musicales del repertorio popular mexicano, desde valses de la época porfiriana hasta corridos revolucionarios y canciones de la época de oro de la música nacional. La permanencia de esta música en el espacio público constituye una manifestación de la memoria histórica colectiva que ha resistido los embates de la modernidad tecnológica y los cambios en los hábitos de consumo cultural de la población.

La declaratoria no solo representa un acto de valor simbólico, sino que mandata la implementación de un plan de salvaguardia específico para garantizar que los conocimientos técnicos y musicales asociados a la ejecución y mantenimiento de los organillos no desaparezcan. Esto incluye el reconocimiento de los saberes relacionados con la reparación de los cilindros y la conservación de los propios instrumentos, muchos de los cuales son piezas históricas que requieren cuidados artesanales muy especializados.

A lo largo de las décadas, las personas que ejercen este oficio han tenido que enfrentar diversas dificultades socioeconómicas, la falta de seguridad social y la competencia de los nuevos sistemas de reproducción de audio digital en la vía pública. Los organilleros, vestidos habitualmente con sus uniformes de color café o gris que emulan a los antiguos ejércitos de la Revolución, dependen exclusivamente de las aportaciones voluntarias de los transeúntes que aprecian el sonido rítmico y pausado de las melodías tradicionales.

El decreto gubernamental subraya que la música de los organillos es un elemento fundamental de la identidad urbana, un patrimonio sonoro que define el ambiente de sitios tan emblemáticos como el Centro Histórico, los callejones de Coyoacán, las plazas de San Ángel y los parques de la alcaldía Benito Juárez, como el Parque de los Venados o el Parque Hundido, donde su presencia es constante. La protección legal busca que estas comunidades de músicos tradicionales puedan continuar con sus recorridos cotidianos sin el riesgo de ser desplazados o sancionados por el uso del espacio público.

Las autoridades de la Secretaría de Cultura local indicaron que la inscripción en el registro de patrimonio inmaterial compromete a las instituciones a desarrollar campañas de sensibilización entre la ciudadanía para revalorar el trabajo de los organilleros como creadores de cultura y no meramente como trabajadores informales. Asimismo, se prevé la organización de festivales y encuentros que reúnan a los exponentes de este oficio, propiciando el intercambio de experiencias con cilindreros de otras regiones del país y del extranjero, particularmente de naciones de América Latina y Europa donde la tradición también sobrevive con variantes locales.

El plano social de la declaratoria resalta la importancia de la transmisión intergeneracional de este saber, pues muchas de las familias que hoy operan los organillos han heredado la profesión a lo largo de tres o cuatro generaciones, enseñando a los jóvenes el arte de girar la manivela al ritmo adecuado para que las notas musicales no pierdan su cuadratura ni su sentido melódico característico.

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