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México desvelado: el desafío de dormir bien

Dormir no es un lujo ni un acto de pereza; es una función biológica vital que sostiene el equilibrio de nuestra salud física y mental.

En un país que no descansa, el Día Mundial del Sueño 2026 nos recuerda que la calidad del descanso determina la calidad de vida.

STAFF/LIBRE EN EL SUR

Este viernes 13 de marzo se conmemora el Día Mundial del Sueño, una iniciativa global que este año, bajo el lema Dormir bien, vivir mejor, busca visibilizar las graves consecuencias de la privación del descanso.

Para México, esta fecha no es un recordatorio menor: las estadísticas revelan un panorama de alerta nacional. Según datos consolidados de la Clínica de Trastornos del Sueño de la UNAM y la Sociedad Mexicana para la Investigación y Medicina del Sueño, aproximadamente el 45 por ciento de la población adulta en nuestro país padece algún trastorno del dormir, siendo el insomnio, las apneas obstructivas y los ronquidos los problemas más recurrentes y diagnosticados. La situación es crítica, pues el sueño no es un estado pasivo, sino un proceso dinámico de restauración sistémica.

Vivir en un estado de vigilia permanente tiene un costo elevado para la salud pública y la economía nacional. Los especialistas advierten que la falta de sueño crónica no solo afecta el estado de ánimo o la productividad laboral, sino que es un factor de riesgo determinante para enfermedades crónicas que hoy azotan a la sociedad mexicana, como la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial y la obesidad. Durante las fases de sueño profundo y MOR (Movimiento Ocular Rápido), el organismo realiza procesos de restauración metabólica, consolidación de la memoria y una limpieza cerebral de toxinas esenciales.

Se ha demostrado científicamente que no alcanzar estas etapas favorece la acumulación de proteínas como la beta-amiloide, vinculada directamente con el desarrollo de deterioros cognitivos y Alzheimer a largo plazo.

En la era de la hiperconectividad, los mexicanos hemos sacrificado horas de cama por minutos de pantalla. El abuso de dispositivos móviles y la exposición a la luz azul hasta altas horas de la madrugada han alterado drásticamente el ciclo circadiano, esa brújula interna que le dice al cuerpo cuándo es momento de secretar melatonina para apagarse. Además, el entorno urbano de ciudades densamente pobladas como la Ciudad de México, con sus altos niveles de ruido ambiental y contaminación lumínica, complica la misión de obtener una noche reparadora.

La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) ha señalado reiteradamente que una gran parte de la población urbana duerme menos de las siete horas mínimas recomendadas por la Organización Mundial de la Salud, lo que se traduce en un aumento de accidentes viales y errores operativos en centros de trabajo.

La arquitectura del sueño en México también se ve afectada por factores socioeconómicos. Los largos tiempos de traslado en el transporte público, que en la zona metropolitana pueden sumar hasta cuatro horas diarias, obligan a los trabajadores a reducir su tiempo de descanso efectivo. Esta privación sistemática genera un fenómeno conocido como “deuda de sueño”, que no se recupera simplemente durmiendo más el domingo. Las consecuencias son visibles: irritabilidad, ansiedad, depresión y una disminución notable en la capacidad de respuesta del sistema inmunológico, dejando al cuerpo vulnerable ante infecciones estacionales y virus.

Lograr un sueño de calidad no requiere necesariamente de intervenciones farmacológicas —cuya automedicación con benzodiacepinas es un problema de salud pública creciente—, sino de recuperar la disciplina de la higiene del sueño.

Los expertos de la Secretaría de Salud enfatizan que la mayoría de los problemas leves del dormir pueden resolverse con cambios estrictos de hábito: mantener horarios constantes para acostarse y levantarse incluso los fines de semana, realizar actividad física pero no en horas cercanas al descanso, evitar cenas copiosas o sustancias estimulantes como la cafeína y la nicotina al menos seis horas antes de acostarse, y transformar la alcoba en un santuario oscuro, fresco y silencioso, libre de televisores y teléfonos.

Este Día Mundial del Sueño es una oportunidad para que las instituciones de salud y los ciudadanos reconozcan que dormir bien es el tercer pilar de la salud, tan fundamental como una nutrición equilibrada y el ejercicio físico regular. No se trata simplemente de cerrar los ojos al final de una jornada agotadora, sino de permitir que el cuerpo y la mente realicen ese viaje necesario de reparación biológica para despertar, cada mañana, a una vida verdaderamente plena, productiva y saludable. En un México que enfrenta desafíos complejos, necesitamos estar más alerta, más sanos y, sobre todo, mucho mejor descansados.

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