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Mientras la IA avanza a toda velocidad, la geopolítica pisa el freno

Líderes financieros en Davos advierten que el proteccionismo y las leyes de privacidad limitan la IA.

Christine Lagarde compara la fragmentación económica actual con la crisis de 1920, mientras Larry Fink alerta sobre la pérdida de competitividad ante China.

CARLOS ORTIZ

El desarrollo acelerado de la inteligencia artificial ocurre actualmente en paralelo a un aumento significativo de barreras comerciales, regulatorias y geopolíticas que podrían limitar su expansión global. Esta es la conclusión principal en la que coincidieron líderes financieros y responsables monetarios durante un panel de análisis en el Foro Económico Mundial de Davos, en este inicio de 2026.

Durante el encuentro internacional, Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, estableció un paralelismo entre la coyuntura actual y la década de 1920. La funcionaria señaló que ambos periodos combinan avances tecnológicos sin precedentes con retrocesos críticos en la integración económica. Hoy se observan retrocesos en el comercio global al mismo tiempo que el progreso tecnológico avanza a pasos agigantados.

En su exposición detallada, Lagarde hizo referencia a la década de 1920, cuando el comercio internacional cayó de aproximadamente 21 por ciento a 14 por ciento del Producto Interno Bruto mundial en pocos años. En el escenario actual, indicó que aunque aún no se observa una caída de esa magnitud nominal, existe una tendencia clara y peligrosa hacia la fragmentación de los mercados.

La presidenta del Banco Central Europeo subrayó que la diferencia central entre ambos periodos radica en las condiciones necesarias para que la tecnología se expanda. Desarrollar hoy un modelo de inteligencia artificial de frontera requiere una inversión de alrededor de mil millones de dólares. Por ello, la tecnología depende del acceso amplio a datos y de economías de escala para amortizar las inversiones.

Según la visión de Lagarde, este modelo de desarrollo se ve amenazado por la proliferación de leyes de privacidad restrictivas, estándares técnicos divergentes y nuevas barreras regulatorias. El acceso a la innovación se vería comprometido si persiste un acceso limitado a los datos debido a las distintas legislaciones en el mundo y a las barreras proteccionistas que los países están levantando.

Por su parte, Larry Fink, presidente de BlackRock, coincidió en que la falta de cooperación internacional representa un riesgo estructural para el desarrollo tecnológico en las economías occidentales. El directivo destacó que si las naciones no logran cooperar para escalar estas herramientas, China ganará la carrera tecnológica debido a sus diferencias regulatorias y a su enorme acumulación de datos centralizados.

Fink señaló que el impacto económico real del auge tecnológico dependerá de qué tan rápido se difunda su adopción más allá de un grupo reducido de grandes empresas. Si la tecnología queda concentrada solo en manos de seis grandes plataformas globales, el sistema fracasará. Es fundamental una adopción amplia para impulsar la productividad de manera generalizada en todos los sectores.

Desde una perspectiva histórica, el economista Adam Tooze recordó que en los años veinte se intentó compensar la falta de acuerdos políticos mediante el uso de la tecnología y las finanzas. Aquel enfoque, sin embargo, no logró sostener la estabilidad global a largo plazo. Tooze explicó que la tecnología por sí sola no puede resolver los conflictos de intereses entre las potencias mundiales.

Lagarde concluyó su participación remarcando que el desarrollo de la inteligencia artificial requiere un mínimo indispensable de cooperación internacional. La fragmentación en términos de estándares y acceso a licencias es difícil de conciliar con el beneficio social de la inteligencia artificial. La falta de consenso global podría derivar en un estancamiento del crecimiento económico proyectado para esta década.

La situación actual plantea un desafío para los organismos multilaterales, que deben navegar entre la soberanía de los datos y la necesidad de una infraestructura compartida. Los expertos coinciden en que el cierre de fronteras digitales no solo frena la innovación, sino que profundiza las brechas de desarrollo entre las regiones que logran estandarizar sus procesos y aquellas que quedan aisladas por regulaciones locales.

Finalmente, el panel en Davos dejó claro que la inteligencia artificial no opera en un vacío político. El éxito de esta revolución industrial depende de la capacidad de los líderes para revertir la tendencia hacia el proteccionismo. Sin un mercado global integrado para el flujo de información, el potencial de la nueva tecnología para resolver problemas complejos quedará limitado a fronteras nacionales.

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