Pero advierte: Saldría a la calle para defender a la Presidenta
El expresidente reaparece con su libro Grandeza desde Palenque y asegura estar ‘jubilado’ de la política.
Pide unidad a su movimiento y respalda a Claudia Sheinbaum Pardo en plena consolidación de su gobierno.
STAFF / LIBRE EN EL SUR
Este domingo, Andrés Manuel López Obrador reapareció públicamente mediante un video difundido desde su finca en Palenque, Chiapas, para presentar su nuevo libro, Grandeza. En la grabación, de un día anterior, el exmandatario insistió en que su retiro de la política es real, afirmó estar “jubilado” y sostuvo que ya no gobierna ni tiene intención de volver a ocupar un cargo público, subrayando que ese retiro “no es una simulación”.
Eso sí: El expresidente advirtió que sí “volvería a salir a la calle” ante “intentos de golpe” o “para defender a la Presidenta”
En el mensaje, López Obrador describió Grandeza como un ejercicio de recuperación histórica de los pueblos originarios de México. Planteó que la obra se centra en lo que llamó una “civilización negada” y reivindicó la grandeza cultural del México indígena como núcleo de la identidad nacional. Incluso expresó que le gustaría que el libro fuera leído en España, con lo que colocó deliberadamente el texto en el terreno de la discusión sobre el legado colonial y las lecturas cruzadas entre México y Europa.
El video no se limitó a la exposición editorial. López Obrador dedicó una parte significativa de su mensaje a hablar de la situación política actual y del papel de su sucesora. Llamó a la unidad del movimiento que encabezó durante años, advirtió sobre el riesgo de la división y pidió abiertamente que no se le “haga sombra” a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, a quien definió como la responsable de conducir el rumbo del país en esta etapa.
Con esa frase, “no hay que hacerle sombra a la Presidenta; es ella la que conduce”, el exmandatario marcó de manera explícita el tono de su reaparición: una mezcla de respaldo formal y recordatorio de su propio peso simbólico.
Al mismo tiempo, anunció que no realizará giras para promocionar el libro y que la difusión se hará sin recorrer plazas ni encabezar actos multitudinarios, precisamente —según dijo— para no interferir con la agenda oficial ni competir por la atención pública con el gobierno en funciones. De esa forma, López Obrador afirmó mantener la congruencia con su retiro, aunque lo hizo recuperando centralidad mediática a través de un mensaje cuidadosamente producido desde su espacio privado en Palenque.
La presentación de Grandeza se inscribe en un contexto donde diversos investigadores han advertido sobre una disputa creciente en torno a la memoria y la interpretación del pasado reciente y remoto de México. En artículos de análisis publicados en medios especializados se ha señalado que el recurso a la grandeza prehispánica y a la denuncia de la herencia colonial opera, en buena medida, como una herramienta política contemporánea: una “batalla por la herencia colonial” en la que distintos actores utilizan el pasado como escenario simbólico para reforzar posiciones presentes.
Durante su sexenio, López Obrador hizo de esa narrativa uno de los ejes de su discurso, bajo la etiqueta de “humanismo mexicano”: un relato que enlazaba la épica de los pueblos originarios con su proyecto de gobierno, vinculando agravios históricos, reivindicación de la cultura indígena y crítica a las élites asociadas con la colonia y el modelo neoliberal. Diversos historiadores y analistas han apuntado que, en ese marco, se tendió a simplificar episodios complejos del pasado y a presentar la historia como una línea casi recta que desemboca en la llamada Cuarta Transformación.
La aparición de Grandeza prolonga esa lógica. López Obrador no se presenta ya como presidente en funciones, pero sí como narrador autorizado de lo que México “es” y “ha sido”. La obra, tal como él la describe, organiza la historia en torno a una dicotomía fuerte: de un lado, la grandeza indígena; del otro, las etapas de negación y sometimiento. El proyecto político que encabezó se insinúa así como culminación de una larga lucha, más que como una propuesta sujeta al debate democrático.
El desplazamiento discursivo es claro: la política deja de formularse en términos de programa presente y se traslada al terreno de una épica histórica donde la interpretación del pasado refuerza ciertas legitimidades en el presente.
En esa clave, su autodefinición como “jubilado” de la política no lo aparta del tablero, sino que reubica su figura en otro lugar: el del autor que pretende fijar la memoria y los significados. Ya no habla desde el micrófono de Palacio Nacional, pero habla desde un lugar que puede resultar igual o más sensible: la narrativa sobre quiénes son los héroes, cuáles son las víctimas, dónde reside la grandeza nacional y cómo debe leerse la historia de México frente al mundo, particularmente frente a España.
A la vez, el llamado a no hacerle sombra a la presidenta marca una línea de conducta para la militancia y para los cuadros del movimiento que lo acompañaron. La frase funciona como una instrucción política concreta en un momento de reacomodo interno, al tiempo que refuerza la idea de que, aun retirado, el exmandatario conserva capacidad para ordenar, sugerir y marcar límites desde la distancia. Que lo haga en el marco de la presentación de un libro y no de un mitin no reduce su potencia: muestra, más bien, un cambio de instrumento.
El video de Palenque, así, condensa tres planos: la promoción de una obra editorial centrada en la “civilización negada”; la reafirmación de un relato histórico que ha sido señalado como herramienta política; y el trazado de una línea de relación con el nuevo gobierno, en la que el exmandatario se declara jubilado pero se reserva el papel de quien narra la grandeza del país y recomienda no disputarle el escenario a su sucesora.
Todo ello, envuelto en el lenguaje de la historia, la cultura y la memoria, pero con efectos claramente políticos en el presente.
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