Libre en el Sur

REPORTE ESPECIAL: Le gira la ardilla

En varios parques de la delegación Benito Juárez la proliferación de ardillas se ha convertido en una plaga sin control, por lo que estos tiernos animalitos son ya un peligro para los propios jardines y para los niños y adultos que los visitan… y a menudo alimentan indebidamente. El siguiente texto fue publicado en la edición impresa de Libre en el Sur correspondiente a este mes de mayo, con la que nuestro periódico zonal celebra su 14 Aniversario.

Staff / Libre en el Sur

Pocas experiencias tan intensas para un niño como la de toparse de repente con la c El siguiente texto fue publicado en la edición arita simpática de una ardilla dientona y nerviosa agarrada con las uñas del tronco de un árbol, que parece requerirle una nuez o un cacahuate.

Se trata de un roedor encantador y divertido –al grado de haberse convertido de estrella cinematográfica más de una vez– que sin embargo puede significar una calamidad urbana y aun un peligro para los propios chiquitines y sus padres.

Ocurre que lamentablemente la ignorancia de mucha gente y la indolencia de las autoridades de diversos niveles de Gobierno propician la sobrepoblación de estos animalitos entrañables. Y entonces en lugar de ser motivo de regocijo llegan a ser un problema muy serio para nuestros parques públicos, sus visitantes y sus vecinos.

Benito Juárez no está ajeno a esa calamidad; por el contrario, es una de las delegaciones de la Ciudad de México donde el problema se ha agudizado en los últimos años, sobre todo en parques como el “Luis G. Urbina” o Hundido, en la colonia Insurgentes Extremadura; el de San Lorenzo, en Tlacoquemécatl del Valle, y el “Francisco Villa” o de los Venados, en Narvarte.

En estos y otros jardines públicos juarenses muy concurridos el problema de la proliferación incontrolada de estos roedores afecta gravemente al medio ambiente. Ellos suelen comer los brotes y tallos tiernos de las plantas, lo que impide su crecimiento. También se alimentan con la corteza de árboles como el olmo y el cedro, lo que les causa graves daños y a menudo acaba por provocar su muerte.

Y en ocasiones llegan a ser tantos que literalmente “no caben” en los parques y tienen que salir, hambrientos, para obtener alimento en las casas y edificios de las inmediaciones, a los que llegan generalmente a través de los cables de alumbrado eléctrico y servicios de telefonía y televisión.

Rara vez tenemos presente que estos tiernos mamíferos pueden ser portadores y transmisores de rabia y otras enfermedades como la leptospirosis, y que empujados por el hambre, pueden convertirse en pequeñas pero auténticas fieras. Lo más grave es que no existe un censo confiable de esta población en Benito Juárez, por lo que no puede dimensionarse a cabalidad ni menos buscar su control.

Expertos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) han alertado sobre estos y otros peligros atribuidos a las ardillas. Existen tantas especies animales que habitan entre los humanos, que a veces ni siquiera nos damos cuenta de que están entre nosotros. Sin embargo, cuando la población de alguna de estas especies aumenta y afecta de manera directa nuestra vida se convierte en víctima de una plaga. Eso está ocurriendo con las ardillas en nuestros parques.

Hace poco, el investigador Manuel Valdés Alarcón explicó en un artículo que las ardillas son uno de los grupos de mamíferos silvestres más conocidos en las ciudades y se les puede ver en parques y jardines de casas. Las ardillas son roedores pertenecientes a la familia Sciuridae y cuenta con 261 especies en el mundo.

Tienen periodos de gestación de entre 38 y 46 día y suelen tener entre uno y cinco bebés por parto. En México hay 35 especies. Estudios advierten que diversas zonas de la capital, como la delegación Benito Juárez, habitan dos tipos de ardilla, una de tipo arborícola y otra de hábitos terrestres. La que trepa en los árboles es la ardilla problema.

Otro investigador universitario, Fernando Cervantes, advirtió que hay zonas de la Ciudad de México en donde las ardillas han rebasado por mucho su población natural.

Algunos especialistas consideran que en condiciones normales hay entre tres y cuatro ardillas por hectárea en un bosque, mientras que en algunos parques capitalinos puede haber 30, 40 o inclusive más. “Es relativamente simple darse cuenta de que hay zonas de la capital que están sobrepobladas y que sufren este daño de las ardillas y por lo cual se denomina plaga”, dijo.

Los especialistas reconocen que todos somos parte del problema. Las ardillas son animales que generan empatía en los humanos y, por lo tanto, muchas veces son alimentadas por vecinos y visitantes.

“El problema principal es que la gente las alimenta y en donde no las alimenta las mismas ardillas aprovechan los desperdicios de los seres humanos y los comen. Es evidente que si los animales tienen alimento en abundancia se pueden reproducir en abundancia”, aseguró Cervantes. Y mencionó que depredadores naturales de las ardillas, como zorros, coyotes, tejones y serpientes no existen en la ciudad. Perros y gatos ferales las depredan, pero no son suficientes.

La conclusión es muy preocupante: no hay un dique natural ante la proliferación de estos roedores. Difícilmente pueden ser atacados con venenos o trampas, que implican un grave riesgo. La única posible solución es la concientización de los propios ciudadanos, para que deje de alimentarse irresponsablemente a estos animalitos y con ello propiciar su multiplicación. Por más tiernos que nos parezcan.

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