Libre en el Sur

Salidas globales

En la obra intitulada El principio esperanza, el filósofo Ernst Bloch (Alemania 1885) realiza la siguiente aportación al concepto de patria: “La raíz de la historia es, empero, el hombre que trabaja, que crea, que modifica las circunstancias dadas. Si llega a captarse a sí mismo y si llega a fundamentar lo suyo, sin enajenación ni alienación, en una democracia real, surgirá en el mundo algo que a todos nos ha brillado ante los ojos en la infancia, pero donde nadie ha estado todavía: patria”.

La cita vale toda vez que en fechas recientes gana terreno en la opinión pública y publicada, en las mesas de las familias mexicanas y en la narrativa nacional, el tema relacionado con la supuesta “renegociación” del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). En funcionamiento desde enero de 1994, es el más importante de los acuerdos de tal índole celebrados por los gobiernos mexicanos durante las recientes tres décadas.

Los elementos en juego no son sencillos de dilucidar y guardan estrecha relación. A los ya citados (patria y relación internacional) hemos de sumar el específico momento generacional de un sector de la población mayoritario en cuanto a los encargados de analizar, pensar, elaborar y emprender salidas de carácter nacional y transexenales. Me refiero a los conocidos como millennial.

No por elección sino por consecuencia de las condiciones mundiales en las cuales nacieron, se trata de millones de mexicanos cada vez más alejados de las formas habituales de hacer y consumir política. Lo anterior no significa que la consecuencia ineludible de la situación de generación sea un estado anomia, sino que las alternativas ante la pobreza y desigualdad que trajo bajo el brazo la globalización no emanarán de formas rígidas, tradicionales ni mucho menos unipersonales y verticales. El acuerdo que impacte positivamente la vida de millones debe ser incluso mundial.

El filósofo polaco Zigmunt Bauman (Poznan 1925) definió la necesidad de reconfigurar la práctica política en Daños colaterales al establecer que “El ‘Estado social’ ya no es viable; sólo un ‘planeta social’ puede hacerse cargo de las funciones que los estados sociales intentaron desempeñar con resultados diversos. […] los vehículos más factibles de llevarnos a ese ‘planeta social’ no son los estados territoriales soberanos, sino más bien organizaciones y asociaciones no gubernamentales extraterritoriales y cosmopolitas: las que llegan directamente a las personas necesitadas por encima de los gobiernos locales ‘soberanos’ y sin su interferencia…”.

Hoy que los tiempos políticos marcan un nuevo ajuste en los términos del intercambio comercial entre los países que componen América del Norte, y con EEUU como el elemento con mayor poder de marcar las nuevas directrices, tópicos como humanidad y desarrollo nos deben ocupar toda vez que, a diferencia de otros cambios en la relación, hoy encontramos “comercio digital” y “propiedad intelectual”, mismos que marcan el derrotero a nivel mundial. Por ello es que la situación es de tal delicadeza.

Así como los millennial son los encargados de encontrar salidas a las problemáticas actuales, los tratados que involucran más de un territorio, como el TLCAN, se reconfiguran. Ambos elementos confluyen y deberán coexistir en una nueva generación de la globalización, donde conceptos tales como patria están en juego, en el aire, en búsqueda de redefinirse.

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