El concierto gratuito podría convertirla en la artista con mayor convocatoria en la Plaza de la Constitución
Su candidatura al Rock and Roll Hall of Fame confirma el peso histórico de su carrera en el pop global
STAFF / LIBRE EN EL SUR
La escena tiene algo de símbolo y algo de desafío: mientras su nombre aparece en la lista de nominados al Salón de la Fama del Rock & Roll —uno de los reconocimientos más codiciados de la industria musical estadounidense—, Shakira prepara un concierto gratuito en el corazón político de México con la mira puesta en una cifra que podría romper récords históricos de asistencia.
La artista colombiana atraviesa un momento singular. Después de una etapa personal turbulenta convertida en fenómeno musical global, el lanzamiento de Las Mujeres Ya No Lloran revitalizó su narrativa pública y la reconectó con públicos de distintas generaciones. La gira ha sido una reafirmación de su vigencia comercial y escénica. Ahora, la plancha del Zócalo podría convertirse en el escenario que sintetice esa fuerza.
El Zócalo: termómetro de poder y popularidad
El Zócalo no es solo la plaza pública más emblemática del país; es un espacio donde se cruzan política, historia y espectáculo. Allí se han congregado manifestaciones multitudinarias, celebraciones cívicas y conciertos que han desbordado cualquier previsión logística.
En 2007, Shakira reunió en ese mismo sitio a más de 200 mil personas, en una noche que consolidó su vínculo con el público mexicano. Años después, el récord de asistencia lo fijaron Los Fabulosos Cadillacs, con una convocatoria que superó los 300 mil asistentes en 2023. Esa cifra se convirtió en la referencia obligada cada vez que un artista internacional pisa la plancha capitalina.
La pregunta ahora es si Shakira podrá superar esa marca. Las condiciones parecen alineadas: acceso gratuito, fin de semana, una artista en pleno renacimiento mediático y una base de seguidores que ha crecido exponencialmente gracias al impacto digital de sus lanzamientos recientes. En la era de las redes sociales, la convocatoria se multiplica en cuestión de horas y convierte cada evento masivo en un fenómeno viral antes incluso de que comience.
La nominación que reconfigura el relato
La candidatura al Salón de la Fama no es un gesto simbólico menor. El Rock and Roll Hall of Fame distingue a artistas cuya influencia ha trascendido modas y mercados. No se trata únicamente de ventas, sino de legado cultural.
En el caso de Shakira, la nominación reconoce varias capas de impacto: su irrupción en el rock latino de los años noventa; su transición al mercado angloparlante sin abandonar el español; su capacidad de adaptarse a los cambios de la industria, del CD al streaming; y su influencia en una generación de artistas latinos que hoy dominan las listas globales.
Pocas figuras latinoamericanas han logrado ese equilibrio entre identidad propia y penetración global. De concretarse su ingreso al Salón de la Fama, sería un hito no solo personal, sino regional. La nominación, por sí misma, ya la coloca en un espacio de legitimación histórica que trasciende coyunturas mediáticas.
México como escenario estratégico
México ha sido históricamente uno de los bastiones más sólidos de Shakira. Desde sus primeras giras hasta sus presentaciones más recientes, el país ha respondido con estadios llenos y ventas sostenidas. El Zócalo, sin embargo, representa algo distinto: no es un recinto privado, sino un espacio abierto, público y simbólicamente cargado.
Un récord allí no solo tendría valor estadístico. Significaría consolidar su capacidad de convocatoria en uno de los foros más visibles de América Latina. También enviaría un mensaje claro: mientras la industria estadounidense evalúa su legado, el público mexicano refrenda su vigencia.
Si la asistencia supera la marca vigente, el dato circulará por agencias internacionales y reforzará la narrativa de una artista que, mientras aspira a ingresar al Olimpo del rock mundial, sigue convocando multitudes en la plaza pública más grande del país.
El concierto no será únicamente un espectáculo gratuito. Puede convertirse en un momento bisagra: el cruce entre el reconocimiento institucional del norte y la legitimación popular del sur. Una postal poderosa para una artista que ha hecho del mestizaje musical y cultural su marca registrada.
Si logra romper el récord, la cifra será noticia. Pero incluso si no lo hace, la imagen de miles —o cientos de miles— de personas coreando sus canciones en el corazón de la capital mexicana será, por sí misma, una confirmación de su peso histórico.
Y en esa escena, la nominación al Salón de la Fama dejará de ser solo un anuncio en una lista. Se convertirá en contexto. En telón de fondo. En el marco perfecto para una noche que podría quedar inscrita, otra vez, en la memoria colectiva del Zócalo.
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