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Que siempre no: Rocha Moya vuelve a pedir licencia

El gobernador de Sinaloa reculó menos de 36 horas después de volver al cargo, al quedarse sin el respaldo de Claudia Sheinbaum

Morena, el PT, las bancadas oficialistas, los gobernadores de la 4T y la oposición terminaron por hacer políticamente inviable su permanencia al frente del estado.

STAFF / LIBRE EN EL SUR

El intento de Rubén Rocha Moya por recuperar la gubernatura de Sinaloa terminó en una derrota política fulminante. Apenas un día después de haber retomado el cargo tras 112 días de licencia, el mandatario presentó este sábado una nueva solicitud para separarse del puesto por tiempo indefinido, aceptando en los hechos que había perdido el respaldo de su propio movimiento.

La licencia, formalmente por más de 30 días y “con carácter indefinido”, prácticamente lo deja fuera del resto del sexenio. Su regreso había ocurrido mientras continúan abiertas investigaciones en Estados Unidos por vículos con el narcotráfico y en medio de la crisis detonada por el retiro de visas estadounidenses a personajes cercanos a la Cuarta Transformación. Lo que pretendía ser una demostración de fortaleza terminó exhibiendo su completo aislamiento.

El deslinde que sepultó su regreso

La primera señal de que el retorno no prosperaría vino desde Palacio Nacional. Claudia Sheinbaum dejó claro que nunca fue consultada sobre la decisión de Rocha Moya y sostuvo que ningún interés personal puede colocarse por encima del bienestar del pueblo y de la Nación. Aunque evitó mencionarlo por nombre, en Morena el mensaje fue leído como una desautorización directa al gobernador.

A partir de ese momento se produjo un efecto dominó inédito dentro de la Cuarta Transformación. La dirigencia nacional de Morena afirmó que la reincorporación era una decisión exclusivamente personal de Rocha y reiteró su respaldo absoluto a la presidenta. Ricardo Monreal, coordinador de los diputados morenistas, sostuvo públicamente que lo responsable era mantenerse separado del cargo mientras concluyen las investigaciones; la misma postura fue respaldada por Alfonso Ramírez Cuéllar y otros legisladores del partido.

El Partido del Trabajo también tomó distancia. Las bancadas de Morena y del PT en el Senado, así como legisladores oficialistas en la Cámara de Diputados, cerraron filas con Sheinbaum y privilegiaron la estabilidad institucional antes que el retorno del mandatario sinaloense. En cuestión de horas, el aparato legislativo del oficialismo había decidido no arroparlo.

La puntilla llegó desde los estados. Los gobernadores de Morena difundieron un pronunciamiento conjunto de respaldo total a Claudia Sheinbaum y advirtieron que los proyectos personales no pueden colocarse por encima del interés nacional. El comunicado dejó claro que el movimiento había optado por cerrar filas con la presidenta y no con el gobernador de Sinaloa.

Prácticamente la única voz relevante que defendió públicamente a Rocha Moya fue la del senador Gerardo Fernández Noroña, quien reprochó a Ricardo Monreal haberse sumado al llamado para que el gobernador solicitara nuevamente licencia. Su postura terminó siendo solitaria y evidenció la fractura interna del oficialismo.

La oposición aprovechó inmediatamente esa grieta. El presidente nacional del PAN, Jorge Romero, reiteró su exigencia de promover la desaparición de poderes en Sinaloa y anunció que Acción Nacional desconocería políticamente al gobierno de Rocha Moya. Movimiento Ciudadano, por voz de Jorge Álvarez Máynez, calificó el episodio como “un día de vergüenza nacional”, mientras que el PRI endureció el discurso al sostener que el regreso del gobernador agravaba la crisis de credibilidad del Estado mexicano frente a las investigaciones estadounidenses.

La nueva licencia desactiva la crisis inmediata, pero deja abiertas las interrogantes sobre lo ocurrido durante las últimas 48 horas. Persisten las versiones —hasta ahora no confirmadas oficialmente— de que el efímero regreso de Rocha habría sido impulsado desde el entorno del expresidente Andrés Manuel López Obrador, en medio de la tensión provocada por el retiro de la visa estadounidense a Andrés Manuel López Beltrán, “Andy”.

Lo que sí quedó acreditado fue el desenlace político: un gobernador bajo investigación en Estados Unidos, abandonado por la presidenta, por Morena, por sus aliados y por prácticamente todos los gobernadores de la Cuarta Transformación, obligado a dejar nuevamente el cargo menos de 24 horas después de haber regresado.

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