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‘No soy un héroe’, dijo ‘El tibio’ Muñoz al ganar el Oro en la Alberca Olímpica de BJ, en los Juegos Olímpicos del 68

STAFF / LIBRE EN EL SUR

Hace casi 53 años, la recién estrenada alberca olímpica Francisco Márquez trepidó ante la hazaña de un joven nadador mexicano, Felipe El Tibio Muñoz, que ante la sorpresa del mundo superó a las estrellas internacionales y se apoderó de la medalla de oro en la competencia de 200 metros nado de pecho en una jornada memorable.

El magno escenario, con capacidad para unos 4,300 espectadores, fue proyectado por los arquitectos Manuel Rosen, Antonio Recamier, Edmundo Gutiérrez Bringas y Javier Velarde, que emplearon técnicas innovadoras que se adelantaron a su tiempo. Fue sede de las competencias de natación, clavados, waterpolo y la prueba de natación de pentatlón moderno. Tiene un área cubierta de 13,774 metros cuadrados. Incluye una piscina olímpica oficial  (50 por 21 por 1.80 metros), una fosa de clavados de 5.20 metros de profundidad y una alberca de calentamiento, además de vestidores y demás instalaciones.

La alberca forma parte del Complejo Olímpico que integra además el gimnasio Juan de la Barrera, una construcción similar que se integra maravillosamente. El conjunto fue inaugurado el 11 de octubre de 1968, en vísperas de la inauguración de la XIX Juegos Olímpicos de México. Esta obra, concebida ex profeso para la olimpiada, mereció en su tiempo grandes elogios de expertos del mundo por su belleza arquitectónica y su funcionalidad.

La Alberca Olímpica en construcción. Foto: Especial
La Alberca Olímpica, una exhibición en el 2017, en el marco de los festejos del 50 aniversario. Foto: Andrea Murcia / Cuartoscuro

Era 1968. Era el miércoles 23 de octubre. El flamante recinto de la avenida División del Norte y Río Churubusco estaba abarrotado. Felipe Muñoz se enfrentaba a dos campeones mundiales en la especialidad, el soviético Vladimir Kosinsky y el estadounidense Brian Job. Kosinsky dominó claramente en los primeros 100 metros, y apenas una brazada atrás venía el estadounidense. Sin embargo, Felipe se mantuvo en la pelea en el carril número 4, y a mitad de la justa redobló su esfuerzo.

Cuando faltaban menos de 75 metros, El Tibio se fue con todo y rebasó primero a Brian Job, para luego mantener un duelo electrizante, brazada por brazada, con el nadador soviético, con el que prácticamente llegó empatado al tramo final. Sin embargo, el mexicano de apenas 17 años de edad se empleó a fondo y ante un público delirante, puesto en pié, escapó hasta dejar atrás a su adversario y  tocar primero la orilla en su última brazada para ganar la competencia en dramático final. Su tiempo: dos minutos, 28 segundos y siete décimas, casi un segundo menos que Kosinsky.

         El triunfo de Felipe Muñoz no sólo enloqueció al público en las gradas de la alberca olímpica, sino que literalmente conmocionó a todo el país, que festejó con júbilo la obtención de aquella histórica medalla de oro. En el podium, el nadador mexicano, vestido con unos pants rojos, lloró emocionado como muchos otros compatriotas suyos mientras se escuchaba el himno nacional.

         Ante los reporteros que se agolpaban para entrevistarlo, Felipe mostró su sencillez: “Yo no soy un héroe… Soy, simplemente, un deportista que ha comprendido que para llegar a donde se desea, hay que poner toda el alma de por medio. Lo hice, nada más”.
         En aquellos juegos inolvidables de México 68, otros ocho atletas mexicanos conquistaron medallas. Dos de ellos, también en la alberca olímpica Francisco Márquez: Álvaro Gaxiola obtuvo la de plata en clavados y María Teresa Gómez la de bronce en 800 metros de nado libre.


(La versión original de este texto fue publicado en la edición impresa de Libre en el Sur correspondiente a octubre de 2008).


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