Libre en el Sur

Voto juvenil

Conforme las instituciones cobraron vida y protagonismo dentro de la vida pública nacional ocurrió un fenómeno respecto al cual quiero discurrir, principalmente para contrastar cómo es apropiado por los jóvenes, aunque la observación esté acotada a las redes sociales y algunos encuentros casuales en la calle: la interiorización de la subsistencia.

Llama la atención cómo dentro de las diversas narrativas a disposición y difusión se concede poco valor y espacio a la construcción de sujetos como los personajes principales de las propuestas. Parece que el aprendizaje histórico no figura al momento de elaborar mensajes y una y otra vez se asentara en los diversos públicos que la única función válida que pueden ejercer durante los tiempos electorales es la de acudir a la urna correspondiente para tachar un logotipo y un nombre. Por aprendizaje histórico me refiero a que los grandes cambios sociales, las verdaderas modificaciones de rumbo cuando las circunstancias generalizadas son críticas, fueron emprendidos por las grandes masas, participando, decidiendo.

Las implicaciones de proponer juegan muchas veces en contra de las capacidades emprendedoras de los seres humanos. Entendamos emprender más allá del ámbito económico, como la razón de la posibilidad de cambiar, de moverse, de incrementar las herramientas para el desarrollo. La práctica indica que por momentos se sustrae el componente humano y los cálculos electorales transforman a los hombres y mujeres en variables para obtener un resultado.

No debe sorprender el rechazo que los múltiples contenidos generan en los jóvenes. La arena de las redes sociales, donde pueden expresar reacciones y sensaciones, da cuenta de ello. Por momentos resulta poco asertivo el grado superlativo en que los personajes colocan sus acciones más elementales. Al recorrer las calles constatamos que lo cotidiano se convierte en extraordinario no por quien lo ejecuta de manera individual, sino por los diversos matices que la sociedad como sujeto colectivo le imprime. La política debe redimensionar a ese sujeto en el centro, casi como meta cultural, donde el proyecto sea la felicidad y el ejercicio pleno de libertades.

Cabe recordar la frase del filosofo catalán Antoni Domenech: “No existen culturas cerradas, entre otras razones, porque los humanos estamos cognitivamente programados para entendernos muy fácilmente”.

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