Libre en el Sur

Acitrón de un fandango


Hace algunos años conocí en Tierra Blanca, Guanajuato, el lugar de las Biznagas Gigantes y ahora me entero que esa cactácea se encuentra en peligro de extinción por su uso excesivo para la actualmente prohibida fabricación del acitrón…

POR REBECA CASTRO VILLALOBOS
Al recordar uno de nuestros paseos de fin de semana, sin querer “tarareo” esa ronda infantil que quizás muchos de los lectores habrán jugado y cantado. Se trata de: “Acitrón de un fandango, zango, zango, sabaré, sabaré que va pasando con su triqui, triqui, tran…” Un juego muy sencillo, nada complicado que segura estoy lo han sustituido por los celulares, las tabletas y demás inventos tecnológicos.

Consiste en que los participantes se sientan en el suelo en círculo, cada uno teniendo delante de sí una piedra o un palo o cualquier otra cosa que pueda hacer ruido golpeándolo en el suelo. Mientras se canta la canción, uno pasa el objeto a su vecino de la derecha, incrementándose cada vez la velocidad de la canción, y el que se quede con el objeto al final de la misma se sale del juego.

El acitrón es un dulce cristaliado típico de nuestro país, el cual se utiliza de adorno en las roscas de Reyes Magos. Para degustar solo, se venden en las ferias locales. Incluso, también se usa para el relleno de los chiles en nogada, un platillo que Paco y yo, previo a la epidemia acostumbramos a preparar cada año, entre agosto y septiembre. Este dulce posee un gran arraigo gastronómico-cultural que se integra a gran número de preparaciones típicas, rituales y festivas. Sin embargo, y hasta ahora lo sé, la cactácea con la que se fabrica este ingrediente se encuentra en grave peligro de extinción, debido al comercio ilegal de la biznaga de la cual se extrae la pulpa para fabricar el acitrón.

Fue por recomendación de una querida amiga que conocimos en el estado de Guanajuato, concretamente en la comunidad de Cieneguilla, del municipio Tierra Blanca, un extenso predio que alberga numerosas biznagas gigantes, sobrepasando las plantas la altura del ser humano.

Y aunque arribar al lugar nos llevo casi tres horas en automóvil, que para mi paciencia fueron interminables, valió la pena el descubrir a esos colosos, mismos que según nos explicó el encargado del lugar, que incluye un pequeño museo con otras variedades de espécimenes de la familia cactácea, que tienen una antiguedad, en algunos casos de casi siglo y medio.

En un portal de noticias de Santa Rosa Jaregui, con información de Ivonne Hernández, leo que las biznagas gigantes son de las variedades “burra y guamishera, conocidos popularmente”. Las primeras, explica el encargado de las Biznagas Giganters, eran usadas por los pobladores para alimentar a los burros y de ahí su nombre, mientras las segundas son de las que extraen el fruto que lleva por nombre gamisha y que se vendíán a las paleterías para hacer sus productos. Tiempo antes se usaban para que las personas que andaban en el cerro se hidrataran.

Toribio Viñez, propietario del terreno que recibió por herencia, refiere a la reportera que desde niño veía que la gente acudía a cortar las biznagas para hacer dulces o alimentar el ganado. En ese entonces no se les impedia toda vez que no se imaginaba el tiempo que tardan en crecer. Refiere, por ejemplo, que para que un especimen obtenga 1.5 metros de altura aproximadamente, se tiene que esperar 150 años.

Aunque el uso de la pulpa de la biznaga es una tradición milenaria, en los últimos años se ha restringido su extracción. Esto, por la escasez de cactáceas y su largo camino a la productividad.

Fue en 2005, cuando la entonces SAGARPA (actualmente SADER) clasificó a esta cactácea como una especia protegida por la ley, según la cual vender acitrón está penado con hasta nueve años de cárcel y una multa. A pesar de ello, la venta no ha frenado;

En portal de Animal Gourmet, en efecto, se señala que en la Central de Abastos y en el mercado de la Merced de la ciudad de México, se comercializa este producto. Indica que un bloque de aproximadamente 100 gramos de acitrón cuesta menos de 20 pesos.

“Ser un bien codiciado y prohíbido lo volvió objeto de deseo con imitaciones que engaña a los consumidores” se refiere en el mencionado sitio. “Existen lugares, donde se vende supuesto acitrón que en realidad es chilacayote confinado teñido de amarillo. O sea, además de aparentar comercializar un producto ilícito se engaña al cliente para tener ganancias”.

El conocer en tierras guanajuatenses el lugar de las Biznagas Gigantes, además de asombrarnos por el tamaño de estos colosos, pudimos conocer en lo que es el pequeño museo hierbas para remedios, donde el encargado tiene a la venta unguentos y tinturas para tratar algunas enfermedades.

Además de este sitio, se puede admirar a las catáceas gigantes en parte del municipio de San José Iturbide, en donde se encuentra una esplendorosa Parroquia, considerada como una de las construcciones religiosas más imponentes del país. Dicho templo, puedo constatar, se asemeja a la Basílica de San Pedro en Roma, toda proporción guardada..

Declarado Pueblo Mágico, San José Iturbide está próximo además de Tierra Blanca, a San Luis de la Paz y Doctor Mora, por lo que merece mucho la pena visitarlo y aprovechar para un recorrido regional. Suerte.

@FOBIA44

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