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Entre la medalla y el insulto

“El problema no es señalar los déficits democráticos o las crisis de seguridad en América Latina. Eso forma parte del debate legítimo. El problema surge cuando ese señalamiento adopta forma de consigna simplificadora…”

POR NANCY CASTRO

MADRID. La política simbólica no es inocente. Cuando Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de la Comunidad concede la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid a Estados Unidos y lo presenta como “faro de la libertad”, no está realizando un gesto protocolario neutro: está emitiendo una señal ideológica deliberada.

El momento importa. El contexto importa. Y el escenario importa aún más.

La intervención —aunque fuera por vídeo— en un evento celebrado en Mar-a-Lago, residencia privada de Donald Trump, sitúa el mensaje en una escenografía política inequívoca.

Mar-a-Lago es hoy un símbolo del conservadurismo hemisférico. Hablar allí de “hispanidad” y “libertad” no es un detalle logístico: es alineamiento.

Pero el oportunismo no se agota en la medalla. Se revela con nitidez en el lenguaje.

Esa es la mecánica del oportunismo mediático: intervenir en debates internacionales para maximizar visibilidad interna…”

Cuando Ayuso convoca a qué países como México, se liberen de la dictadura de los gobiernos de ultraizquierda y rompan las cadenas del “narcoestado” no es una simple opinión.

Es una categoría con implicaciones diplomáticas y morales. México enfrenta una grave infiltración del crimen organizado; eso es innegable. Sin embargo, convertir esa realidad compleja en una etiqueta totalizadora no constituye un análisis técnico, sino una simplificación diseñada para impactar.

Y en política, como en los medios informativos, el impacto suele imponerse a la precisión.

La declaración cumple una función clara: genera titular inmediato, refuerza identidad ante un público ideológicamente afín y desplaza el foco desde la gestión autonómica hacia una confrontación geopolítica de alto voltaje emocional. Esa es la mecánica del oportunismo mediático: intervenir en debates internacionales para maximizar visibilidad interna.

El oportunismo mediático no requiere falsedad; basta con simplificar de forma explosiva. Convertir una verdad parcial en definición absoluta.

Así, el titular sustituye al matiz y la provocación se convierte en método.

El problema no es señalar los déficits democráticos o las crisis de seguridad en América Latina. Eso forma parte del debate legítimo. El problema surge cuando ese señalamiento adopta forma de consigna simplificadora y, además, proviene de una autoridad cuya competencia formal no es la política exterior, como la Comunidad de Madrid.

Otorgar además una medalla “en favor de la hispanidad” a un Estado que no es hispanohablante introduce una elasticidad conceptual llamativa. La hispanidad deja de ser comunidad cultural para convertirse en herramienta retórica. El término se estira hasta servir a una narrativa política concreta.

Madrid ya viene construyendo una identidad asociada a baja fiscalidad, atracción de capital, desregulación y receptividad a grandes patrimonios latinoamericanos. En ese marco, la apelación a la “libertad” su gran eslogan, como presidenta de la comunidad, es su manera de gestionar un  resultado estratégico eficaz: consolidar una marca basada en liderazgo combativo, liberalismo económico y confrontación cultural.

Eso proyecta a Madrid como eje de una derecha transatlántica en expansión.

Las medallas no modifican equilibrios internacionales. Pero revelan prioridades políticas que mientras tengan vías de escenificación mediática el discurso quedará subordinado.

En el fondo, no se trata solo de una medalla ni de declaraciones contundentes —como llamar “narcoestado” a México—, sino de un modelo de ciudad y de proyección internacional. Si la ambición es convertir Madrid en una “Miami europea”, la estrategia combina fiscalidad atractiva, captación de capital extranjero y un relato político alineado con ciertos sectores conservadores del Atlántico.

Madrid puede aspirar a ser puente entre Europa y América Latina. La diferencia está en cómo: desde la inclusión y la responsabilidad institucional, o desde la confrontación y el titular. Porque las ciudades globales no se consolidan solo con impacto mediático, sino con coherencia y credibilidad sostenida en el tiempo.

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