Libre en el Sur

Guanajuato, estado violento.

Flyers and posters with information on missing persons in the state of Guanajuato are placed on simulated clandestine graves arranged by their relatives during a protest outside the National Palace in Mexico City, Mexico December 13, 2021. REUTERS/Gustavo Graf

Paradójicamente la entidad registra los mejores resultados económicos en los últimos diez años. Por ejemplo, durante la última década el PIB de Guanajuato creció 4% anual en promedio, mientras en el resto del país aumentó 2,5% en promedio.

POR NANCY CASTRO

¿Por qué tanta violencia en el estado de Guanajuato?

Más allá de la controversia política Guanajuato vive una inédita ola de violencia, impensable hace unos años.

Guanajuato se ubicó como el segundo estado con más noticias sobre atrocidades y el quinto en el número de víctimas de enero a abril de este 2023, de acuerdo con los parámetros establecidos con la organización Causa en Común, que registra de “atrocidades” como: masacres, fosas clandestinas, mutilaciones, calcinamientos, torturas, asesinatos de niños y adolescentes, asesinatos de mujeres con crueldad extrema.

Paradójicamente la entidad registra los mejores resultados económicos en los últimos diez años. Por ejemplo, durante la última década el PIB del estado creció 4% anual en promedio. En ese mismo período la economía en el resto del país aumentó 2,5% en promedio.

Guanajuato, es además uno de los lugares más beneficiados con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). En su territorio existen algunas de las mayores plantas armadoras que exportan miles de automóviles a Estados Unidos, con marcas como General Motors, Honda, Mazda o Toyota, por ejemplo. También hay empresas que envían vegetales y otros alimentos al mercado estadounidense, y recibe además fuertes contribuciones por el turismo. San Miguel de Allende, es considerada por la revista Travel + Leisure como la segunda mejor ciudad del mundo para vivir, León uno de los productores de piel e importadora de zapatos a nivel internacional y en Salamanca se encuentra la segunda refinería de petróleo del país.

Es evidente que nadie puede luchar contra el monstruo de la violencia, que los intereses económicos y político van más allá de toda voluntad ciudadana...”

Sin embargo y pese a la riqueza en recursos, el estado vive la mayor crisis de violencia nunca antes registrada desde la Guerra Cristera (1929-1932), que tuvo en la entidad uno de sus mayores campos de batalla. Guanajuato es lo que, en la jerga del narco, se considera una plaza disputada. El Cartel Santa Rosa de Lima y el Cartel Jalisco Nueva Generación libran una batalla por el control del territorio que está sembrando el Estado de cadáveres. El resultado es que la región lidera las listas de las organizaciones civiles que tratan de registrar las inabarcables estadísticas de violencia en México. Una de las razones de este nuevo escenario se llama “huachicoleo” – robo de combustibles como la gasolina, el cual se realiza mediante la perforación de las tuberías que lo transportan–. Es un problema muy común en México que ha generado problemas a la salud, económicos, sociales y ambientales.  En el estado existe la refinería de Salamanca, la segunda con más producción de las seis que hay en México.

Según los datos del Inegi, entre los estados más golpeados por la violencia homicida figuran Guanajuato, Colima, Zacatecas, Sonora, Baja California, Chihuahua o Michoacán.

El estado del Bajío registró el año pasado 4.329 asesinatos, cuatro menos que el anterior. Las peleas entre grupos criminales por el control del robo de combustible en la región, la extorsión y, en general, sus peleas territoriales, mantienen la zona incendiada, diagnóstico que comparten regiones aledañas como Zacatecas o Michoacán.

Visto lo anterior, el problema de la violencia homicida en México debe entenderse como parte de un contexto más complejo, en el que los grupos criminales emplean otras tácticas en sus batallas, principalmente la desaparición de personas. Cada año, el país cuenta miles de desaparecidos, que no aparecen en las estadísticas de asesinatos. Y de muchos casos ni siquiera se informa de la desaparición, quedando en la oscuridad total.

La primera semana del mes de diciembre se anunció el lamentable asesinato de jóvenes estudiantes de la Universidad Latina en Celaya, el cual conmocionó a toda la comunidad estudiantil de la región y la ciudad en general.

Estudiantes universitarios de Celaya, tomaron las calles para exigir a las autoridades de los tres niveles de gobierno seguridad para toda la población, luego del asesinato de seis jóvenes, cinco de ellos plenamente identificados como estudiantes de medicina de la Universidad Latina de México.

De acuerdo con la Fiscalía General del Estado, de los cinco cuerpos que fueron localizados al interior del vehículo la tarde del domingo, cuatro de ellos están identificados como estudiantes de la Latina de México, el quinto está en calidad de no identificado, el cuerpo de este se localizó el día lunes 4 entre matorrales.

“¿En dónde están, en dónde están esos policías que nos iban a cuidar?”, gritaban mientras caminaban por el boulevard Adolfo López Mateos en dirección a la presidencia municipal.

“Estamos hartos de sobrevivir, queremos vivir, queremos entregarles un título de egresados a nuestros padres, no un acta de defunción con nuestros nombres”,

Con batas, flores y globos blancos, así como con pancartas; unos 500 universitarios solicitaron a la Fiscalía General del Estado (FGE) arrestar a los asesinos de los hermanos Fabián y Virgilio Orozco Mateos; de su primo, Pedro Mateos Puente, de José Eduardo, y de Bryan Amoles Gasta.

“Si matan a sus futuros médicos, ¿quién los cuidará?”, “les arrancaron los sueños y la vida”, “somos el corazón de los que nos quedaron” y “falta mi mejor amigo”, eran algunas de las frases plasmadas en mantas y pancartas.

Tenían entre 18 y 23 años. Estudiaban medicina. Pablo Fabián Orozco Mateos apenas estaba empezando. Su hermano Jesús Virgilio se graduaba en enero. Su primo, Pedro Mateos Puente, ya estaba en séptimo semestre. Junto a ellos, sus amigos Bryan Jesús Amoles Gasca y José Eduardo Freire Ortega. Entre las víctimas se ha identificado también a Luis Giovanni Juárez. Encontraron sus cadáveres en Celaya, a las espaldas de la Universidad de Guanajuato con “muestras de violencia”, las marcas de las balas.

El pasado domingo, los amigos volvían de Querétaro. Alrededor de las dos de la tarde hablaron con sus padres, avisaron de su regreso. La geolocalización de sus teléfonos los llegó a situar en la localidad Santa Rosa de Lima, según periódico Milenio. No se sabe si obligados o por voluntad propia.

Alrededor de las 18.30 horas, el 911 recibió el reporte de que se había localizado un vehículo con cuerpos en su interior, en el camino de terracería conocido como El Salitre, que conduce a la Primera Fracción de Crespo, al sur de Celaya. Llegó primero la Guardia Nacional y reportó que había cinco chicos jóvenes dentro del coche. Eran Pedro, Fabián, Jesús, Eduardo y Giovanni, Al día siguiente, se localizó un sexto cuerpo entre unos matorrales, a unos metros de donde se encontró al resto. Era el de Bryan, según ha afirmado la Fiscalía a este periódico. También tenía lesiones producidas por arma de fuego, seguían a su alrededor los casquillos percutidos.

La dependencia informó a última hora del martes 5 de diciembre, sobre la identificación de Luis Giovanni, del que apuntan que no era estudiante, pero sobre el que todavía no han trascendido más datos. Fabián y Virgilio eran hermanos. Hijos de la exdirectora del DIF (Desarrollo Integral de la Familia) de Guanajuato y exregidora del PAN, Fabiola Mateos, y del notario, que también trabajó en la defensoría pública, Virgilio Orozco. El padre de su primo Pedro fue también funcionario, empleado en la Junta de Agua Potable y Alcantarillado Público (Jumapa) de Celaya y después en Desarrollo Urbano. Se conoce poco más allá de sus lazos familiares.

Es evidente que nadie puede luchar contra el monstruo de la violencia, que los intereses económicos y político van más allá de toda voluntad ciudadana.

N de la R: Este texto fue escrito antes de la masacre registrada  la madrugada del 17 de diciembre pasado en Salvatierra, Guanajuato, donde 12 jóvenes que asistían a una Posada navideña fueron asesinados.  

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