“Este ‘deshielo’ no es solo retórico; responde a incentivos concretos de ambas partes…”
POR NANCY CASTRO
MADRID. El anuncio de un posible “deshielo” en las relaciones diplomáticas entre México y España se inserta en una dinámica más amplia de recomposición política tras varios años de tensión simbólica y discursiva, particularmente en torno a la memoria histórica de la conquista.
La decisión de Claudia Sheinbaum de viajar a Barcelona el próximo 18 de abril para participar en un encuentro de gobiernos progresistas funciona como gesto diplomático de distensión. Este tipo de foros multilaterales, más informales que las cumbres bilaterales tradicionales, permiten reconstruir canales de diálogo sin necesidad de abordar de inmediato los puntos más sensibles.
En paralelo, el reconocimiento por parte del rey Felipe VI de que hubo “mucho abuso” durante la conquista —declaración realizada tras su visita al Museo Arqueológico Nacional— representa un movimiento significativo en el plano simbólico. Aunque no constituye una disculpa institucional formal (que ha sido una de las demandas históricas del Estado mexicano), sí introduce un matiz relevante en el discurso oficial español, tradicionalmente más cauteloso respecto a este tema.
Los intereses en juego entre México y España son múltiples y operan en distintos niveles: económico, político, geoestratégico y simbólico…”
El encuentro en Barcelona, cuya iniciativa se atribuye al presidente chileno Gabriel Boric, puede interpretarse como un intento de articular una agenda común entre gobiernos de izquierda o centroizquierda, donde la cooperación política y cultural prime sobre las fricciones históricas. En este contexto, la participación de México no solo tiene un valor diplomático bilateral, sino también regional.
Si se consolida esta tendencia, podríamos estar ante una transición desde una diplomacia centrada en agravios históricos hacia otra más pragmática, enfocada en cooperación económica, transición energética, migración y políticas sociales. Sin embargo, el equilibrio es delicado: la memoria histórica sigue siendo un componente identitario fuerte en México, y cualquier avance dependerá de cómo ambas partes gestionen ese pasado sin que bloquee la agenda presente.
¿Qué intereses hay de por medio?
Los intereses en juego entre México y España son múltiples y operan en distintos niveles: económico, político, geoestratégico y simbólico. Este “deshielo” no es solo retórico; responde a incentivos concretos de ambas partes.
España es uno de los principales inversores en México. Empresas como Banco Santander, BBVA, Repsol, Iberdrola o Telefónica tienen una presencia estructural en sectores clave:
Banca y finanzas: gran parte del sistema financiero mexicano tiene capital español.
Energía: tensiones recientes por la política energética mexicana (más estatista) afectaron directamente a empresas como Iberdrola.
Telecomunicaciones e infraestructuras.
Para México, mantener inversión extranjera estable es crucial; para España, México es uno de sus mercados estratégicos fuera de Europa. Un conflicto diplomático prolongado afecta confianza, contratos y expansión.
Para España: mantener influencia en América Latina frente a actores como Estados Unidos o China.
Para México: diversificar relaciones exteriores y no depender exclusivamente de EE. UU.
España busca consolidarse como puente entre Europa y América Latina. México, por su tamaño económico y peso político, es un socio clave.
Para España: mantener influencia en América Latina frente a actores como Estados Unidos o China.
Para México: diversificar relaciones exteriores y no depender exclusivamente de EE. UU.
El acercamiento también refuerza bloques ideológicos, como el de gobiernos progresistas impulsado por Gabriel Boric.
Agenda política e ideológica
La participación de Claudia Sheinbaum en el encuentro en Barcelona responde a:
Construcción de alianzas entre gobiernos de izquierda.
Coordinación en temas como cambio climático, desigualdad y derechos sociales.
Reforzamiento de liderazgo internacional. El tema de la conquista sigue siendo un eje de tensión:
México ha impulsado una narrativa de reparación histórica.
España ha evitado disculpas formales, pero gestos como el de Felipe VI suavizan el discurso.
Este componente tiene impacto interno: en México, refuerza identidad y legitimidad política; en España, toca debates sobre historia, nacionalismo y política cultural.
El “deshielo” no es solo un gesto político; es una convergencia de intereses donde el dinero (inversión), el poder (influencia geopolítica) y la narrativa (memoria histórica) están entrelazados. Ninguna de las dos partes puede permitirse una ruptura sostenida, pero tampoco pueden ignorar las tensiones de fondo.
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