Libre en el Sur

DAR LA VUELTA / Nos alcanzó la plaga

Es una tristeza ver cómo las palmeras de la Plaza Agustín Jáuregui y las de la calle Goya se han ido secando paulatina e inexorablemente.

POR ERNESTO LEE

Nos alcanzó la plaga. Sí, la plaga que está acabando con las palmeras de la Ciudad de México. En apenas unas cuantas semanas, de manera casi imperceptible, las palmeras de la colonia Insurgentes Mixcoac y sus alrededores empezaron a secarse y a morir.

Triste historia. Aunque las primeras alarmas sobre la salud de los árboles y las palmeras se encendieron hace más de diez años, fue hasta que el problema afectó a la emblemática y centenaria palmera de la glorieta de la Avenida del Paseo de la Reforma, que la crítica situación llamó la atención de los capitalinos.

Desafortunadamente, la polémica se centró en con qué sustituir a la palmera y acentuó la confrontación política, y no en demandar a las autoridades acciones contundentes para evitar mayor propagación de las causas. Al final, en mayo de 2022 el Gobierno de la Ciudad de México sembró un ahuehuete en la otra “glorieta de la palma”, mismo que pasados algunos meses se secó y fue removido antes de cumplir un año en ese lugar.

La plaga que afecta a las palmeras de la Ciudad de México ha seguido expandiéndose de manera incontrolable. A pesar de que las autoridades del Gobierno de la Ciudad y en particular de la Alcaldía Benito Juárez han reconocido la problemática, la evidencia demuestra que las acciones que han emprendido, por alguna razón, no han tenido éxito. Las palmeras siguen muriendo.

Expertos han señalado que no sólo se trata de las palmeras, que hay miles de árboles en la ciudad afectados por plagas como el muérdago y otras que están acabando con la vegetación arbórea. No son buenas noticias. La acelerada dispersión de la plaga de las palmeras es solo un indicador de cómo el cambio climático está afectando ya a los núcleos urbanos. En la medida en que disminuya la cantidad de árboles y plantas, habrá un incremento proporcional de la temperatura de las ciudades y se verá afectada también la fauna que habita en los árboles, como las aves y los insectos.

La Ciudad de México cuenta con parques y jardines importantes, también con avenidas y calles arboladas. Nos alegra y revitaliza que las jacarandas florezcan con la llegada de la primera. Pero el peligro de la disminución significativa de los árboles es una realidad. Son muchos los factores que ponen en riesgo su permanencia: plagas y hongos patógenos, vendavales frecuentes, alta radiación solar y falta de riego o humedad, contaminación del suelo y, por supuesto, la tala irresponsable.

Es una tristeza ver cómo las palmeras de la Plaza Agustín Jáuregui y las de la calle Goya se han ido secando paulatina e inexorablemente, sin que los vecinos podamos hacer gran cosa para impedirlo. La plaga llegó y subrepticiamente se apoderó de ellas, ya no hay nada qué hacer, las hemos perdido para siempre.

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