Libre en el Sur

También por ellos

Verás que todo ese rencor que llevas dentro es veneno que intoxica, vinagre que amarga la vida, y que a medida que te purifiques de él lo suples con la miel de la caridad cristiana la vida se te hace mucho más llevadera…”

POR REBECA CASTRO VILLALOBOS
En lo particular desde mi desempleo, y más notoriamente durante la pandemia por mi estado anímico siempre depresivo, se me han presentado obstáculos o impedimentos, y situaciones complicadas de difícil comprensión.
Y aunque la lista podría prolongarse, ahora me concreto a señalar a esas personas que me hicieron y me hacen sufrir y de las que sabiéndolo o no, queriéndolo o no, pero me hacen pasar malos ratos.

Ciertamente duelen las palabras hirientes las actitudes humillantes, lo tratos despóticos (directas o indirectamente emitidas), infidelidades, olvidos y negligencias.

Cuando todo lo anterior sucede, lo primero que viene a la mente es reaccionar siendo como ellos son con nosotros: para que se enteren para que vean lo que se sienten. O bien, en el peor de los casos, cuando la tolerancia rebasa el límite, decirles sus verdades y tratar de poner un alto. Aunque también se recomienda, aunque pocas veces funciona, es el de evadir el problema, ignorándolas y dejándolos a su suerte.

Pero hay un procedimiento mejor del cual últimamente me apego y que leí en un artículo del Padre Evaristo Sada LC: Buscar el momento y las palabras más adecuadas para hacerle ver lo que está sucediendo. Podemos poner amor : Donde no hay amor, pon amor y encontrarás amor (Sor Juana de la Cruz).

Sin embargo, cuando lo anterior tampoco es viable, el padre Sada LC, aconseja, la oración. Es aquí cuando uno atina que el orar por alguna persona querida es fácil, pero orar por una persona que te hace daño, es difícil. Tan sólo pensarlo en el momento de la oración se nos retuerce el estómago. Y de llegar a formular la oración, no sería nada extraño que sea para pedir que lo parta un rayo, que le dé una buena lección o que lo cree de nuevo.

En su texto, el presbítero nos insiste que aun cuando salen esos sentimientos malsanos, se debe intentar de nuevo: “Verás que la oración irá ablandando tu corazón, pues en la oración se hace presente el Espíritu de Dios, que es el amor, y Él, el Amor en persona, irá renovando tu corazón. Y te dirás: pero de lo que se trataba era de que el otro cambiara. Sí, pero al orar por quien te hace sufrir te darás cuenta de que el primero que comienza a cambiar eres tú mismo”.

Así pues, de acuerdo a las palabras del connotado sacerdote al rezar por quienes te hacen sufrir te das la oportunidad de desahogarte y de hacerlo con quien es todopoderoso puede remediar las cosas.
Dios te hace ver que el rencor, la venganza, la falta de perdón, el resentimiento, el odio, no son virtudes cristianas, y que más bien debes de aprender a ser como es Dios con nosotros: rico en misericordia, dispuesto a personar siempre (aunque no se merezca), tolerante, paciente, compasivo. “Perdónales, Padre, porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34) ”Hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23, 43).

Rezar con coherencia y sinceridad el Padre Nuestro y le das la oportunidad a tu Padre Celestial excusa suficiente para perdonarte. “Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.
El Espíritu Santo comienza a modelar tu corazón conforme al suyo. Verás que todo ese rencor que llevas dentro es veneno que intoxica, vinagre que amarga la vida, y que a medida que te purifiques de él lo suples con la miel de la caridad cristiana, la vida se te hace mucho más llevadera. Ya bastante mal te o pasas con e sufrimiento que el otro te impone como para que ejemplifiques con el reflujo de tu propia amargura.
El padre Sada finaliza: No te quede la mejor duda de que si rezas con fe y caridad por quienes te hacen sufrir, Dios actuará. Eso sí, te advierte: “No esperes resultados inmediatos, simplemente espera con absoluta confianza en que Dios obrará en el momento y de la manera que considere oportuna…”
@FOBIA44

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