Ciudad de México, enero 21, 2026 16:46
Salud

Fortalece el abrazo salud y tejido social

El contacto físico reduce niveles de cortisol y fortalece el sistema inmunológico; expertos destacan su papel en la cohesión del tejido social.

El 21 de enero se conmemora el Día Mundial del Abrazo para visibilizar la importancia del afecto en la prevención de enfermedades mentales y físicas.

STAFF/LIBRE EN EL SUR

El Día Mundial del Abrazo, celebrado cada 21 de enero, tiene como objetivo principal destacar la importancia del contacto físico humano como una necesidad biológica y social. Esta fecha fue instaurada originalmente por Kevin Zaborney en 1986, bajo la premisa de que la sociedad moderna tiende a descuidar las muestras de afecto necesarias para el equilibrio emocional y la salud integral de las personas.

Desde el punto de vista clínico, el acto de abrazar genera una respuesta inmediata en el sistema nervioso. Durante un abrazo que dure al menos veinte segundos, el cuerpo humano segrega oxitocina, sustancia química conocida como la hormona del vínculo social. Esta liberación hormonal contribuye de manera directa a reducir la presión arterial y disminuir los niveles de cortisol, la hormona que el cuerpo produce en situaciones de estrés.

La evidencia médica señala que el contacto físico respetuoso también estimula la producción de dopamina y serotonina. Estos neurotransmisores son fundamentales para regular el estado de ánimo y combatir síntomas de depresión y ansiedad. En un entorno urbano de alta densidad, como el de la capital, estas interacciones actúan como un factor de protección ante el aislamiento social que afecta a diversos sectores de la población.

Especialistas en psicología clínica del sector salud han observado que el abrazo funciona como un mecanismo de comunicación no verbal que refuerza la seguridad personal. Al recibir un abrazo, el cerebro interpreta una señal de protección, lo que reduce la sensación de amenaza externa. Este beneficio es particularmente relevante en el desarrollo infantil, donde el contacto afectivo es determinante para el crecimiento de las conexiones neuronales.

En el caso de los adultos mayores, el abrazo se convierte en una herramienta terapéutica contra la soledad. Diversos estudios geriátricos confirman que las personas de la tercera edad que mantienen un contacto físico frecuente con sus familiares o cuidadores presentan una mejor respuesta inmunológica. Esto les permite enfrentar con mayor eficacia enfermedades estacionales y padecimientos crónicos, mejorando sustancialmente su percepción de bienestar.

A nivel social, el abrazo es un catalizador para la empatía y la resolución de conflictos. Al ser un gesto de reconocimiento mutuo, ayuda a romper barreras interpersonales y fomenta la confianza dentro de las comunidades. En el ámbito de la convivencia vecinal, las muestras de afecto y solidaridad física contribuyen a reconstruir el tejido social, disminuyendo la agresividad y promoviendo una cultura de paz.

No obstante, las instituciones de salud subrayan la importancia del consentimiento en estas interacciones. Para que un abrazo cumpla con sus funciones biológicas positivas, debe ser una acción deseada y respetuosa de los límites corporales del otro. La promoción de esta efeméride incluye también la educación sobre la autonomía física, asegurando que el afecto se brinde siempre en un marco de libertad y seguridad para ambas partes.

En la era de la digitalización, donde gran parte de la interacción humana ocurre a través de pantallas, el Día Mundial del Abrazo invita a retomar el contacto presencial. Los expertos advierten que, si bien la tecnología facilita la comunicación logística, no sustituye la necesidad fisiológica de la cercanía táctil. El contacto piel a piel sigue siendo una de las formas más eficientes y accesibles de mejorar la salud pública de manera preventiva.

Finalmente, la integración del abrazo en la vida cotidiana se traduce en una sociedad más resiliente. La práctica regular de este gesto no solo beneficia la salud individual, sino que impacta en la productividad y la estabilidad emocional de los grupos sociales. Reconocer el valor científico y humano del abrazo es un paso fundamental hacia una salud integral que considere los vínculos afectivos como un derecho y una necesidad primaria de todos los ciudadanos.

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