Ciudad de México, febrero 12, 2026 11:06
Política

Zoé Robledo busca encubrir a López-Gatell sobre el sarampión

La discusión no es ideológica. Es epidemiológica.

Las cifras oficiales contradicen el discurso. La caída en vacunación fue advertida con datos, nombres y responsabilidades institucionales claras.

STAFF / LIBRE EN EL SUR

Cuando el director del IMSS, Zoé Robledo, minimiza las críticas por la caída en la cobertura de vacunación contra el sarampión y sugiere que se trata de interpretaciones alarmistas o sesgadas, el contraste no es político: es documental. Los propios datos oficiales y los reportes internacionales muestran que México pasó, en menos de una década, de sostener coberturas superiores al umbral recomendado a ubicarse en una franja de riesgo que hoy se traduce en miles de casos.

Durante los años 2000, México era considerado un ejemplo regional en vacunación infantil. De acuerdo con las estimaciones consolidadas de la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud, en 2006 la cobertura de la primera dosis de la vacuna triple viral (SRP) superaba el 95 %, y la segunda dosis se mantenía por encima del 90 %. En 2012, las cifras seguían en rangos similares. Ese desempeño permitió que en 2016 la región de las Américas fuera certificada como libre de transmisión endémica de sarampión. El estándar técnico es claro: para mantener la eliminación se requiere al menos 95 % de cobertura en ambas dosis.

El descenso comenzó antes de la pandemia. Datos del propio sistema nacional de información en salud mostraban que en 2019 la cobertura ya había caído por debajo del 90 % en diversas entidades. En 2020 y 2021 el retroceso se profundizó, con registros que ubicaron la primera dosis en rangos de 70 a 80 % en algunos cortes. La pandemia impactó en todo el mundo, pero el debilitamiento en México coincidió con cambios estructurales en los mecanismos de compra y distribución de medicamentos y vacunas, incluyendo la centralización de adquisiciones y la ruptura con proveedores tradicionales.

Entre 2018 y 2023, el diseño técnico del Programa de Vacunación Universal dependía de la Subsecretaría de Prevención y Promoción de la Salud de la Secretaría de Salud, encabezada por Hugo López-Gatell. Esa instancia coordinaba lineamientos técnicos, metas nacionales, seguimiento epidemiológico y articulación con los estados.

Durante ese periodo se documentaron retrasos en distribución, tensiones presupuestales y reconfiguraciones administrativas que afectaron la operación rutinaria de los esquemas infantiles. No se trata de imputar intención, sino de señalar responsabilidad por función.

Las advertencias no fueron retrospectivas. El infectólogo Alejandro Macías, excomisionado nacional para la Influenza en 2009, advirtió públicamente que modificar cadenas consolidadas de compra y distribución sin transición adecuada podía comprometer el abasto. El epidemiólogo de la UNAM Malaquías López Cervantes señaló con datos oficiales que la caída de coberturas ya era visible en 2019, antes del impacto pleno del COVID-19.

El académico Mauricio Rodríguez Álvarez explicó que mantener niveles por debajo de 95 % implicaba un riesgo real de perder la eliminación del sarampión. Más adelante, el propio subsecretario Ruy López Ridaura –sucesor de López-Gatell– reconoció el rezago acumulado y la necesidad de campañas intensivas de recuperación.

En 2024, la OPS reportó que la cobertura regional en América fue de 89 % para la primera dosis y 79 % para la segunda, lejos del 95 % recomendado. México se ubicó dentro de ese patrón descendente. Entre 2025 y 2026, los reportes epidemiológicos nacionales confirmaron más de 8,000 casos y al menos 26 muertes asociadas a sarampión. El brote no es un debate en redes: es un hecho sanitario.

Cuando Zoé Robledo atribuye la caída exclusivamente a la pandemia, omite que el descenso comenzó antes y que la magnitud del retroceso depende de la fortaleza previa del sistema. México había demostrado durante años que podía sostener coberturas altas y homogéneas. Ese músculo institucional se debilitó. El sarampión, uno de los virus más contagiosos conocidos, con un número básico de reproducción que puede alcanzar entre 12 y 18 contagios por persona en poblaciones no inmunizadas, no necesita grandes fallas para reaparecer: basta con que la cobertura baje del umbral crítico.

La discusión no es si hubo pandemia. La pregunta es si la conducción de la política preventiva garantizó continuidad operativa, compras oportunas y metas cumplidas.

Los datos muestran que las coberturas cayeron, que las advertencias existieron y que el brote llegó. Minimizar cifras no protege a la infancia. Reconocer responsabilidades y corregirlas, sí.

Compartir

comentarios

Artículos relacionadas