Ciudad de México, marzo 8, 2026 00:41
Política Internacional Violencia

Imita Trump burlonamente la voz de Claudia y arremete de nuevo contra México

“Déjeme erradicar los cárteles, le dije. ‘No, no, no, por favor, Presidente'”, expresó Trump entre risas, emulando lo que él describió como un ruego de Sheinbaum.

El mandatario estadounidense señala a México como el epicentro de la violencia y afirma que los cárteles mexicanos orquestan el caos en todo el hemisferio; urge a líderes regionales al uso de fuerza militar.

STAFF/LIBRE EN EL SUR/AGENCIAS.

Durante la cumbre del Escudo de las Américas, Trump imitó el rechazo de Sheinbaum a la intervención de tropas de EE. UU. en territorio nacional.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a colocar a México en el centro de su diana retórica durante la cumbre del Escudo de las Américas celebrada en Miami. Ante un auditorio compuesto por líderes de América Latina y el Caribe, el mandatario estadounidense no solo escaló su discurso contra las organizaciones criminales, sino que recurrió a una irrespetuosa teatralidad para exhibir las diferencias que mantiene con el gobierno mexicano en materia de seguridad.

En las instalaciones de su club de golf, Trump fue tajante al señalar que el epicentro del desorden regional tiene un origen geográfico claro y que su administración no está dispuesta a mantener la política de contención que marcó los años anteriores.

Con el estilo impetuoso que le caracteriza, el republicano afirmó que “los cárteles mexicanos están alimentando y orquestando gran parte del derramamiento de sangre y el caos en este hemisferio”. Según su visión, la violencia que azota a diversas naciones latinoamericanas y la crisis de fentanilo en las ciudades estadounidenses no son fenómenos aislados, sino productos de exportación de las estructuras delictivas que operan al sur del río Bravo.

En ese sentido, lanzó una advertencia que resonó en el salón principal de la cumbre: “el gobierno de Estados Unidos hará todo lo necesario para defender nuestra seguridad nacional”. La frase, que en círculos diplomáticos se interpreta como un amago de intervención unilateral, fue el preludio a un llamado a la militarización regional.

Trump enfatizó que la anarquía en la región ha llegado a un punto intolerable para la Casa Blanca. “Todos los líderes aquí presentes comparten la convicción de que no podemos tolerar ni toleraremos más la anarquía en nuestro hemisferio”, declaró el sábado frente a una audiencia que escuchaba con una mezcla de atención y cautela.

El presidente estadounidense propuso una ofensiva militar como la única solución definitiva para desmantelar a los grupos transnacionales, dejando de lado los programas de desarrollo social o la cooperación técnica. “La única manera de derrotar a estos enemigos es desatando el poder de nuestras fuerzas armadas”, sentenció, e instó a los mandatarios presentes a seguir su ejemplo sin titubeos: “Tenemos que usar nuestras fuerzas armadas, ustedes tienen que usar las suyas”.

En el momento más polémico y cargado de jiribilla de su intervención, Trump relató un episodio de sus intercambios con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. Con una mezcla de condescendencia y sarcasmo, el magnate aprovechó para ironizar irrespetuosamente sobre la negativa de México a permitir operativos militares extranjeros en su suelo. “Me agrada la Presidenta; es muy buena persona, es una mujer hermosa, tiene una voz preciosa”, comentó el mandatario, antes de lanzarse a una imitación burlona de la voz de su homóloga para recrear la respuesta de la mandataria mexicana ante su oferta de intervención.

“‘Presidente, Presidente, Presidente’. Le dije: ‘Déjenme erradicar los cárteles’. ‘No, no, no, por favor, Presidente'”, expresó Trump entre risas, emulando lo que él describió como un ruego de Sheinbaum para mantener la soberanía operativa de las fuerzas mexicanas. El titular del Ejecutivo estadounidense reiteró que, pese a la supuesta cortesía del trato y la “hermosa voz” de la Presidenta, la realidad de la violencia sigue siendo una factura pendiente que México no ha logrado saldar por cuenta propia. Para Trump, la resistencia mexicana es vista como un obstáculo burocrático que su gobierno está cada vez menos dispuesto a respetar.

Esta nueva embestida discursiva se suma a la intención ya manifestada por su equipo de seguridad para catalogar formalmente a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas extranjeras. Dicha designación no es un mero tecnicismo; es la llave jurídica que permitiría a Washington justificar el uso de activos militares y tecnología de guerra fuera de sus fronteras. Al cerrar su intervención, Trump dejó una sentencia que resume su postura actual frente a la vecindad con México: “todo viene de México”, insistió, refiriéndose a la droga, la violencia y la inestabilidad. Con estas declaraciones, el panorama diplomático entre ambos países entra en una fase de alta tensión, donde la soberanía nacional se enfrenta a un vecino que parece haber perdido la paciencia y que prefiere la parodia y la fuerza sobre el diálogo institucional.

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