Ciudad de México, enero 1, 2026 10:30
Revista Digital Enero 2026

¿Ahora sí?

“Me parece que el tiempo bien puede ser otro factor engañoso para el juego de la ilusión humana, pues como asevera Einstein, no es absoluto ni universal, sino relativo a la persona de quien se trate según su propio flujo temporal…”

POR ALEJANDRO ORDORICA SAAVEDRA 

Llegamos ya al “Año Nuevo’, y una vez más, estoy convencido de que se inmiscuye la esperanza para llenarnos con sus luces y sombras.

Existe la creencia generalizada, de que con el cierre y la apertura del ciclo anual, se cumplirán por sí mismos los propósitos y anhelos postergados en lo individual, así como que los problemas y calamidades que lacran por siglos a nuestras comunidades, se resolverán mágicamente. Y donde el “ahora sí”, parece transformarse en una proclama popular: “Este año sí voy a ahorrar… este año sí me recibo… este año sí bajo de peso… este año sí aprendo un idioma”…

Pero también, aunque en menor medida, persiste la convicción de que las buenas intenciones no bastan, salvo que vayan acompañadas de una voluntad perseverante y un esfuerzo continuado, a fin de que culminen. Incluso la fraseología las ha convertido por igual en lemas recurrentes: “Obras son amores y no buena razones”, “Hechos no palabras” o “Del dicho al hecho, hay mucho trecho” y hasta en sentencias de reminiscencia bíblica: “Por sus frutos, los conoceréis”.

A la vez, la esperanza no ha sido inmune a la manipulación y al uso político. ¿Quién no recuerda, por ejemplo, aquella tramposa estrategia del cambio pendular entre un sexenio y otro, para avivarla y traducirla en un futuro falseado, durante los tiempos que gobernó el PRI, o ahora con el surgimiento reciente de un régimen que ofrece el señuelo del bienestar, a cambio de la reducción de las libertades y la desmesura del poder presidencial, pisoteando los demás poderes republicanos y cancelando todo contrapeso institucional.

Recuerdo de paso aquel libro que circulaba en los años cincuenta por las escuelas de la educación primaria, “Los grandes problemas nacionales” (1909), de Andrés Molina Enríquez, que siguen permaneciendo en alguna medida o son similares a los de hoy: pobreza y desigualdad; y un texto más, entre otros, como “El ogro filantrópico”, de Octavio Paz, en torno a un régimen aparentemente benefactor que premia y castiga con fines de control social.

Conductas que desde la época antigua fueron advertidas, como en la civilización griega, cuando Platón sostuvo que la esperanza es una virtud, en caso de incluir la prudencia y la acción racional; o más cerca de nuestro tiempo, con pensadores  como Bloch o Freire, que coinciden en echar a andar la esperanza en términos de actuar para transformar, si bien prefiero la concepción de Albert Camus, aún más audaz y progresista: la rebelión lúcida, pues de no ser así, la esperanza queda atrapada en el ilusionismo de la pasividad.

Además, me parece que el tiempo bien puede ser otro factor engañoso para el juego de la ilusión humana, pues como asevera Einstein, no es absoluto ni universal, sino relativo a la persona de quien se trate según su propio flujo temporal. Lo que es temprano para alguien puede ser demasiado tarde para otro, la medición a plazos es por igual inaplicable e irrealizable en tanto norma para todos, o el mismo futuro, como un rezago del presente, según el cristal con que se mire, y atrevidamente digamos que el principio y el final cada quien lo marca, por encima de cualquier calendario esclerotizado.

Es entonces, la esperanza, bien entendida, un ingrediente indispensable para la vida, siempre que se aspire a un mundo mejor sustentado en lo posible, asegurando la participación individual y social asentadas en la multiplicación de las acciones. Sin ella, sobreviene la patología de la pasividad y el conformismo entre los individuos, así como la reaparición de engendros sociales, se trate del paternalismo, los populismos sean de izquierda o de derecha, la autocracia misma y hasta de la infamia de las dictaduras.

Va eso sí, con el buen pretexto del año que comienza, un abrazo cercano y esperanzador que conlleve realidades positivas y felices.

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