Ciudad de México, enero 9, 2026 13:48
Política

Hijo de AMLO raya en el ridículo al reclamar insultos de la IA

Cuando la política pierde el sentido de la realidad

José Ramón López Beltrán suma episodios bochornosos.


STAFF / LIBRE EN EL SUR

Publicado el 28 de diciembre habría pasado por una inocentada evidente. Pero no: ocurrió de verdad. Y esta vez la realidad superó a la ficción. José Ramón López Beltrán, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, reclamó públicamente a Grok, la inteligencia artificial integrada en la red social X, por respuestas que calificó como insultos personales, estigmatización corporal, mentiras y discurso de odio, generadas a partir de una petición de un usuario que solicitó a la IA hacer burla con base en las críticas que circulan en redes sociales.

La queja no se limitó a una protesta simbólica. López Beltrán exigió una disculpa institucional tanto a X como a xAI y a su propietario, Elon Musk, además de explicaciones técnicas sobre los filtros, el entrenamiento y la supervisión del sistema. Grok respondió que el mensaje fue producido a partir de una instrucción explícita del usuario y que se trató de una salida satírica solicitada, no de una postura autónoma ni de una agresión deliberada del sistema.

El episodio desató una oleada de reacciones críticas. El dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno, calificó el reclamo como un berrinche y cuestionó que una figura ligada al poder se enfrascara en una disputa con una máquina mientras el país enfrenta problemas estructurales de seguridad y gobernabilidad. En redes sociales, el intercambio se viralizó y dio pie a burlas, memes y señalamientos sobre lo absurdo de exigir responsabilidad moral a un algoritmo.

Este no es el primer tropiezo público de José Ramón López Beltrán. El reclamo a la IA se suma a una serie de episodios bochornosos que han marcado su exposición mediática. El más emblemático sigue siendo el escándalo de la llamada Casa Gris, revelado por Latinus, que documentó su residencia en una propiedad de lujo en Houston vinculada a un alto directivo de Baker Hughes, empresa contratista de Pemex, contradiciendo el discurso de austeridad promovido desde la Presidencia.

Más recientemente, López Beltrán protagonizó otro desencuentro cuando reaccionó a las críticas lanzadas por la banda Molotov durante su concierto por los 30 años de trayectoria en el Palacio de los Deportes. Tras los señalamientos de la banda contra la Cuarta Transformación, el hijo del expresidente respondió en redes sociales descalificándolos como irrelevantes. La réplica de los músicos fue directa y mordaz, y el intercambio volvió a colocar a López Beltrán en el centro de la polémica.

El patrón se repite: ante la crítica —sea periodística, cultural o ahora algorítmica— la reacción no es el debate de fondo, sino la personalización del agravio. Antes fueron periodistas y músicos; ahora es una inteligencia artificial. El resultado es el mismo: una escena incómoda donde la política parece incapaz de procesar la disidencia.

Más allá del debate legítimo sobre los límites éticos de la inteligencia artificial, el episodio deja una imagen difícil de ignorar: la del poder, o de quienes orbitan en torno a él, discutiendo con una máquina. El ridículo no está en la tecnología, sino en la pretensión de atribuirle intención moral a un sistema que solo devuelve el ruido del espacio público. Cuando la política opta por pelear con su reflejo, termina discutiendo consigo misma.

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