Ciudad de México, marzo 17, 2026 16:44
Deportes Mundial de Futbol 2026

La CDMX se maquilla para silbatazo histórico en el Azteca

A marchas forzadas, el Gobierno capitalino y la iniciativa privada ejecutan obras de mitigación y embellecimiento en el sur de la ciudad.

El megaproyecto de remodelación del estadio Azteca Banorte enfrenta el recelo de vecinos ante el impacto hídrico y vial en Coyoacán y Tlalpan.

STAFF/LIBRE EN EL SUR

La Ciudad de México ha entrado en la cuenta regresiva final para la inauguración de la Copa del Mundo 2026. El Estadio Azteca, ahora renombrado Estadio Azteca Banorte tras un millonario acuerdo de patrocinio, se prepara para hacer historia el próximo 11 de junio como el primer recinto en albergar tres aperturas mundialistas.

Sin embargo, detrás de la euforia deportiva y las cifras alegres de derrama económica, la capital vive una transformación urbana acelerada que mezcla la modernización necesaria con un barniz de “limpieza” social y parches viales de última hora que parecen diseñados más para la televisión internacional que para el peatón local.

El enfoque de las autoridades se ha concentrado casi exclusivamente en el corredor logístico que conecta los aeropuertos y las zonas hoteleras de Polanco y Reforma con el sur de la metrópoli. Las obras incluyen una rehabilitación profunda de la calzada de Tlalpan y el Periférico Sur, donde cuadrillas de trabajadores laboran hoy a triple turno. No obstante, las críticas de urbanistas y colectivos ciudadanos han surgido por la evidente prioridad dada a las rutas “turísticas” frente al abandono crónico de las calles secundarias en las colonias aledañas como Santa Úrsula Coapa, San Lorenzo Huipulco y el Pedregal de Santa Úrsula.

Calzada de Tlalpan. Caos vial por maquillaje. Foto: captura de pantalla.

El proyecto de remodelación del inmueble, que reabrirá sus puertas este 28 de marzo para un encuentro amistoso entre las selecciones de México y Portugal, ha sido un camino empedrado de conflictos. Tras años de litigios y protestas vecinales, el ambicioso plan original de la empresa Televisa, que incluía un centro comercial de varios niveles y un hotel de lujo, tuvo que ser cancelado. La presión de la Asamblea de Vecinos del Distrito Federal obligó a reducir el impacto del proyecto, pero el escepticismo persiste. Los residentes sostienen que la operación de un estadio de clase mundial, con nuevas áreas de hospitalidad que suman 12,000 metros cuadrados, ejercerá una presión insostenible sobre el suministro de agua en una zona que ya padece tandeos constantes.

En el ámbito de la movilidad, el Gobierno de la Ciudad de México ha impulsado la renovación total de la flota del Tren Ligero, que ahora cuenta con unidades de última generación importadas de China. Sin embargo, la conectividad sigue siendo el talón de Aquiles. Este mismo 17 de marzo, el cierre de estaciones clave en la Línea 2 del Metro para su “remozamiento estético” ha provocado caos entre los usuarios habituales, quienes perciben que las molestias actuales son el precio de un beneficio que será, en gran medida, ajeno. Se ha argumentado que el Mundial dejará un “legado verde” a través de nuevas ciclovías en avenidas como Acoxpa y División del Norte, pero los especialistas advierten que estas intervenciones carecen de una visión sistémica y funcionan más como una escenografía de cara al evento.

A la problemática de servicios se suma el fenómeno de la gentrificación silenciosa. El “Efecto Mundial” ha disparado el valor del suelo en los perímetros de Coyoacán y Tlalpan. En los últimos meses, se ha registrado un aumento de hasta el 40 por ciento en las rentas de departamentos cercanos al coloso de Santa Úrsula, impulsado por la proliferación de plataformas de hospedaje temporal como Airbnb. Este desplazamiento de habitantes tradicionales por turistas de alto poder adquisitivo amenaza con desarticular la vida de barrio y los comercios locales que han sobrevivido por décadas a la sombra del estadio.

La “manita de gato” oficial es evidente: nuevas luminarias LED, pintura de fachadas en calles principales y la rehabilitación del parque de Santa Úrsula. Pero para los habitantes de las colonias populares que rodean el estadio, estas mejoras parecen ignorar demandas históricas de seguridad y drenaje profundo. Mientras el Gobierno Federal y la FIFA celebran la logística impecable, los vecinos se preguntan si el nuevo Estadio Azteca Banorte traerá beneficios reales a la comunidad o si solo profundizará las brechas de desigualdad entre el “México del Mundial” y el México cotidiano.

La inauguración será, sin duda, un evento global de primer orden que pondrá a la capital en el centro del mundo. El reto para la administración local, y para quien encabece la jefatura de gobierno en este año de transición, es demostrar que la inversión pública no fue un simple gasto de relaciones públicas. La pregunta que flota entre los vecinos de Coyoacán y Tlalpan es qué quedará una vez que el último aficionado abandone las gradas y las luces de la FIFA se apaguen: si una infraestructura realmente mejorada para la ciudadanía o simplemente un entorno maquillado para la fotografía internacional que durará apenas unos días.

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