Ciudad de México, febrero 23, 2026 14:00
Política Seguridad pública Violencia

Muerte de ‘El Mencho’: Buena noticia para EU, mala para México: NYT

El vacío de poder puede desatar una guerra interna por el control del CJNG

La ofensiva simultánea contra Sinaloa y Jalisco amenaza con extender la violencia.

STAFF / LIBRE EN EL SUR

La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, abre un escenario incierto para México. Así lo documenta The New York Times en la crónica titulada “‘El Mencho’ ha muerto. ¿Qué pasará con el Cártel Jalisco Nueva Generación?”, firmada por Maria Abi-Habib, quien reporta desde Ciudad de México y reconstruye las primeras horas tras el abatimiento del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

En su nota, The New York Times describe cómo, casi de inmediato, Guadalajara y otros puntos del país se vieron sacudidos por bloqueos, incendios y ataques coordinados, una reacción que anticipa lo que podría venir: un reacomodo violento del poder criminal.

Para Washington, la caída de uno de los capos más buscados del mundo representa un golpe estratégico en plena crisis de opioides. Para México, en cambio, puede ser el inicio de una etapa aún más inestable.

El riesgo de fragmentación

De acuerdo con el reportaje de The New York Times, la supervivencia del CJNG dependerá de su capacidad para nombrar rápidamente a un sucesor y mantener cohesión interna. De lo contrario, advierten los analistas citados por Maria Abi-Habib, podría desatarse una guerra de sucesión entre comandantes regionales.

El consultor de seguridad David Saucedo, citado en The New York Times, sostiene que en México las sucesiones más estables han sido las dinásticas. Sin embargo, varios familiares de Oseguera han sido detenidos o extraditados. Incluso si figuras cercanas, como Rosalinda González Valencia, intentaran asumir liderazgo, el contexto interno del crimen organizado —marcado por jerarquías masculinas y mandos armados— dificulta una transición tersa.

El antecedente del Cártel de Sinaloa tras la caída de Joaquín Guzmán Loera muestra que la captura o muerte de un líder no desmantela la estructura; más bien la fragmenta, multiplicando focos de violencia.

La lógica criminal en México ha demostrado que cuando un grupo domina plenamente un territorio, impone una paz tensa. Cuando ese dominio se disputa, la violencia se dispara.

Dos frentes abiertos

Otro punto central del análisis publicado en The New York Times es el dilema estratégico del gobierno mexicano. Mientras enfrentaba una batalla interna en Sinaloa, el Estado abrió un segundo frente contra el CJNG.

La presidenta Claudia Sheinbaum heredó un escenario complejo tras la política de “abrazos, no balazos” de Andrés Manuel López Obrador, una estrategia que, según la crónica, no logró contener la expansión territorial de los cárteles.

El diario estadounidense subraya que el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, ha impulsado una estrategia más integral contra el crimen organizado, mientras que el Ejército encabezó la operación que terminó con la vida de Oseguera. Analistas advierten que la falta de coordinación entre fuerzas civiles y militares podría complicar el desmantelamiento real de las redes financieras y operativas del cártel.

Maria Abi-Habib también apunta en The New York Times a un elemento clave para Estados Unidos: el CJNG no solo traficaba cocaína y metanfetamina, sino que comenzaba a incursionar en el mercado del fentanilo, históricamente dominado por el grupo de Sinaloa. Para Washington, debilitar esa expansión es prioridad política y electoral.

Violencia como mensaje

La nota “‘El Mencho’ ha muerto. ¿Qué pasará con el Cártel Jalisco Nueva Generación?”, publicada por The New York Times, sugiere que la violencia inmediata tras la muerte de “El Mencho” puede ser una demostración de fuerza. En el mundo criminal, la exhibición de poder es un mensaje: hacia rivales, hacia el Estado y hacia socios internacionales.

Si el CJNG logra cerrar filas, podría consolidarse bajo un mando más radical. Si se divide, el país podría enfrentar una dispersión de células armadas disputando territorios estratégicos: puertos, rutas de metanfetamina, corredores migratorios y enclaves agrícolas utilizados para lavado y control social.

En cualquiera de los escenarios, el diagnóstico que se desprende del reportaje de The New York Times es inquietante: lo que para Estados Unidos puede leerse como un triunfo táctico, para México podría traducirse en meses —o años— de violencia recrudecida.

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