Libre en el Sur

POR LA LIBRE/ Las lecciones del agua

El agua nos da lecciones, paradójicamente, cuando está ausente. Nos damos cuenta entonces de la falta que nos hace. De lo importante que es su uso moderado, racional.

POR FRANCISCO ORTIZ PINCHETTI

El estiaje primaveras que padecemos se ha visto agravado por la crítica situación de la presas del Sistema Cutzamala, que presentan niveles inferiores al 50 por ciento de su capacidad. La falta de lluvias amenaza acentuar en los próximos meses esa situación. En previsión de eso, el caudal que el Sistema suministra al Valle de México ha sufrido recortes sucesivos.

Le llaman crisis hídrica. La enfrentan todos los países del mundo.  Afecta a todos, inclusive a aquellos que tienen las mayores reservas de agua. Como Brasil, por ejemplo, nación con la mayor disponibilidad de agua dulce en el mundo. Y también enfrenta en estos momentos una de las sequías más severas en su historia reciente. Desde el punto de vista hídrico, Brasil es una superpotencia. Leemos que tan solo dos tercios del volumen de agua de uno de sus ríos, el Amazonas, tienen la capacidad de satisfacer la demanda mundial de agua.

El Sistema Cutzamala se alimenta del agua recabada por cinco presas, en los estados de México y Michoacán. Dichas presas –Valle de Bravo, Colorines, Ixtapan del Oro, Villa Victoria , Chilesdo, Tuxpan y El Bosque– presentaban a fines de marzo un déficit de 23.2 por ciento. Eso explica la necesaria reducción del caudal hacia el Valle de México.

Eso ha obligado a la autoridad del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex) a racionar a su vez el suministro del líquido en las 12 alcaldías capitalinas que son surtidas por el torrente proveniente del Cutzamala. Ahora mismo sufrimos la escasez en Benito Juárez, concretamente en la colonia Del Valle.

Llevamos cinco días sin agua.

El hecho de que estamos en Semana Santa, en la que se reducen notablemente las actividades debido a las vacaciones, hace menos grave el caso. Muchos están fuera de la ciudad. No hay clases. Los bancos y la mayoría de empresas no trabajan. 

Vivimos lo que es no poder bañarnos, no tener agua para los sanitarios, para lavar la ropa. Los trastes se amontonan. Las plantas, si tenemos, se dañan o de plano se secan…”

La escases nos obliga a la reducción de nuestro consumo, a menudo abusivo, irresponsable. Vivimos lo que es no poder bañarnos, no tener agua para los sanitarios, para lavar la ropa. Los trastes se amontonan. Las plantas, si tenemos, se dañan o de plano se secan.

Es cuando valoramos la importancia del agua en nuestra vida cotidiana. Esa agua, que generalmente desperdiciamos porque tenemos el privilegio de recibirla en nuestras casas, sin tener que acarrearla como hacen millones en este país.  Lo clásico: dejar abierta la regadera mientras se calienta el agua, regar las plantas o lavar el auto a manguerazos, lavar los trastes con agua corriente, abusar con nuestro aseo personal.

El agua nos da lecciones, paradójicamente, cuando está ausente. Nos damos cuenta entonces de la falta que nos hace. De lo importante que es su uso racional, moderado. Sin despilfarros. Ojalá aprendamos de eso cuanto no la tenemos y pasamos días verdaderamente de angustia y tenemos que recurrir a las pipas, o a los familiares para pedirles asilo para bañarnos.

El tema es bien serio. La ONU calcula que el Día Cero –cuando una urbe se queda sin suministro libre de agua– podría llegar a la CDMX en 2028. Dentro de cinco años. Sin embargo, otras estimaciones menos catastróficas indican que esto podría ocurrir en las próximas cuatro décadas. Válgame.   

Compartir

comentarios

Salir de la versión móvil