Ciudad de México, diciembre 4, 2020 07:42
Libre en el Sur

Reabrirán alberca del CUPA después de una década; vecinos recuerdan viejos tiempos del chapuzón

La alberca estaba sin techar, con dos asoleaderos a su alrededor. Tenía sus vestidores, el de hombres y el de mujeres. Había instructor y salvavidas. Cada ocho días cambiaban el agua: los domingos en la noche la vaciaban, los lunes la lavaban y la rellenaban, para que el resto de la semana la gozaran los vecinos del Centro Urbano Presidente Alemán (CUPA). Eran los cincuentas, los años maravillosos. El idilio se fue desvaneciendo a los largo de más de seis décadas de existencia del Multi –como le llaman cariñosamente sus residentes a este conjunto habitacional cuyos edificios asemejan unos corsarios urbanos que nunca sucumben ante las tempestades de los ejes viales— pero las historias perduran gracias a testimonios como el de Beatriz Chelala. “Entonces, pues ya sabrás ¿no?, que al principio te metes y te estás ahogando y no hay quien te saque, y al rato aprendes a patalear y así hasta que ya más grande, como a los 13 años, no, como a los 14, me metí al equipo; entonces pues era padrísimo porque las chicas y los muchachos que iban eran de todos los edificios”, relató a Graciela de Garay, investigadora del Instituto Mora, en 1998.

Cerrada por más de 10 años, el ISSSTE ha anunciado la reapertura de la alberca en diciembre próximo, y con ello se refrescan los recuerdos de los viejos y se alimenta el entusiasmo de los niños de ahora. Además de sus beneficios deportivos y para la salud, esa piscina fue durante cinco décadas un espacio de encuentro y recreación –con chorcha y con picnic— para las más de mil familias del conjunto habitacional. Después, en 1999, el ISSSTE la cerró. Ya en los años ochenta había entregado a los propios vecinos la administración condominal, lo que abonó a un paulatino deterioro de las instalaciones; así que el Multi dejó de ser el modelo de vanguardia habitacional creado por el arquitecto Mario Pani bajo la influencia del francés Le Courboisier, de cuyos límites trazados por las avenidas Coyoacán y Félix Cuevas y las calles Parroquia y Adolfo Prieto no se necesitaba salir para ir a la escuela y la guardería, la biblioteca, el mercado, la carnicería, la fonda, la tiendita de abarrotes, la farmacia, la plomería, la lavandería, la tintorería… ¡y hasta servicio de radio en casa! Todo de primer orden. Con la clausura de la alberca terminó por quebrarse la convivencia y, en consecuencia, el deterioro y la inseguridad fueron en aumento.

Desde abril de 1999 los vecinos la pidieron prestada para darle un espacio de esparcimiento a los niños de la comunidad, lo que sólo duró hasta el mes de septiembre porque el Instituto la retomó con el argumento de que se repararía la caldera; de hecho sí arregló el techo y la parte hidráulica, pero aún así la mantuvo cerrada. Una década después, en septiembre del 2009, al cumplirse 60 años de la inauguración del CUPA, Libre en el Sur publicó la denuncia vecinal de que la alberca se estaba “cayendo por desuso”, y que sus múltiples gestiones para recibirla en comodato por parte del ISSSTE, a fin de abrir una escuela técnico-deportiva, habían resultado inútiles. Poco después, el diputado federal César Nava se comprometió que a través de las autoridades del ISSSTE buscaría un mecanismo para restablecer el funcionamiento de dicha alberca a los vecinos de la delegación Benito Juárez. Después de dos años de negociaciones con autoridades del ISSSTE, en particular con la Secretaría General, se acordó que la Delegación Benito Juárez se hiciera cargo de la administración de la alberca y que se estableciera un mecanismo para favorecer el desempeño adecuado de sus instalaciones, no sólo para los vecinos del CUPA, sino para todo BJ. Con un costo de 648 mil pesos, la remodelación de la alberca y de sus instalaciones corrieron a cargo del ISSSTE y se tiene pensado abrirla al público a finales de este año.

“Sí, de niño iba a la alberca, de ahí no salí, por eso te digo que, por ejemplo, gente que digamos que no tenía tantas facilidades como para ir a un centro deportivo, tanto económicas como de distancia y espacio, que sus papás trabajaban y que no había tiempo de que ellos los llevaran, pues nosotros bajábamos aquí a la alberca y era una cosa primorosa”, relató Héctor Hugo Ramírez en uno de los testimonios publicados en el libro Rumores y Retratos de un lugar de la modernidad (Instituto Mora, 2002). “Pues la alberca era un lugar de fin de semana”, contó por su parte Lorena Vázquez. Yo podía presumir en la escuela que en mi casa tenía alberca. Porque en ocasiones llegaban a hablar por teléfono el fin de semana y mi papá (decía): ‘Hay, espérame, no me tardo, es que está en la alberca, ahorita regreso’. Entonces llegaba yo el lunes a la escuela y mis compañeras (me preguntaban): ‘Oye ¿tienes alberca en tu casa?’. Y yo: ‘sí, sí tengo alberca’. Y decían ellos: ‘¿Pues dónde vives?’, ‘pues aquí cerquita, en la colonia Del Valle, en el Multifamiliar'”.
Apenas un año antes de que fuese cerrada, el 23 de mayo de 1998, Gerardo Espinoza de los Monteros comentó: “Está la alberca, que la verdad es una bendición aquí porque es el desahogo de muchos jóvenes, es preciosa; con el agua un poco fría, pero pues está cuidada. Hay gente del ISSSTE que todavía la cuida, hay maestros de educación física y es escuela de natación”. Otros consideraron, sin embargo, que para entonces los mejores tiempos del chapuzón habían pasado. Como Aldo Bautista que, cuando niño a principios de los años ochenta, ya encontró la alberca deteriorada. “Se fue llenando de moho, hongos, luego ahí se iban a emborrachar, a orinar, una vez creo que se ahogó ahí un borracho. No, no, ya estaban muy mal las instalaciones, ni ganas de nadar ahí, pues”.

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