Ciudad de México, enero 30, 2026 03:30
Alcaldía Benito Juárez servicios públicos

Es Parque Hundido… ¡en basura!

El emblemático espacio verde de la alcaldía Benito Juárez es usado como tiradero clandestino por vecinos y comerciantes, saturando cestos de basura y obligando a los visitantes a convivir con la suciedad, sin que la autoridad atienda reclamos.

La sobrecarga en los contenedores del Hundido expone las fallas en la separación de residuos y atrae plagas, un problema que la recolección semanal de cuatro mil 700 toneladas no logra mitigar.

STAFF/LIBRE EN EL SUR

El desbordamiento de basura en el parque “Luis G. Urbina”, conocido como Hundido, no es solo un problema de estética urbana, sino la manifestación más visible de las profundas deficiencias que enfrenta la Alcaldía Benito Juárez en el manejo de sus residuos sólidos.

Esta problemática se agrava por su alta densidad poblacional y la insuficiente cultura de separación de sus habitantes y visitantes. La limpieza, que históricamente ha sido un distintivo de la demarcación, se ve constantemente desafiada por el volumen de desechos y la mala práctica ciudadana que convierte los pulmones verdes en basureros.

A pesar de que la alcaldía Benito Juárez ha mantenido históricamente un alto servicio de recolección de basura, el volumen diario de desechos que se genera en la demarcación supera con creces la capacidad de la infraestructura instalada en sus espacios públicos.

La recolección de más de cuatro mil 700 toneladas de residuos sólidos a la semana presiona al sistema, y el efecto de esta sobrecarga se siente directamente en las papeleras de parques y jardines, siendo el Parque Hundido el ejemplo más crítico. El sistema opera a tope con sus 87 rutas domiciliarias, pero la generación de desechos no se detiene, especialmente por la alta afluencia de población flotante que circula por las inmediaciones de Insurgentes y Patriotismo.

El Parque Hundido, un polo de atracción por su belleza, ubicación estratégica y su notable reloj floral, es usado por miles de personas. Sin embargo, se ha convertido en un barómetro de esta crisis. Los contenedores en este espacio se ven constantemente rebasados, con la basura desparramándose en las jardineras, andadores y áreas de juego infantiles. Este fenómeno se debe a una doble problemática que compromete la convivencia.

Primero, el uso incorrecto de los cestos de basura. Los residentes y comerciantes aledaños, buscando evadir los horarios de recolección o la clasificación obligatoria de residuos, utilizan los contenedores del parque como tiraderos improvisados. Las papeleras, que están diseñadas para pequeños desechos generados por los visitantes (botellas de agua, envoltorios de comida, colillas), son abusadas para desechar el volumen diario de una casa completa o los residuos de un local comercial. Esta práctica es una violación a la normativa y satura la capacidad en cuestión de horas, lo que impide el uso normal del parque a los visitantes.

Segundo, la alta afluencia de población flotante. La Benito Juárez concentra oficinas, restaurantes, hospitales y centros comerciales que atraen a miles de personas diariamente. Esta población genera residuos que, al ser consumidos en los espacios públicos o durante el tránsito, terminan saturando la limitada capacidad de los contenedores dispuestos para uso exclusivo de los parques. La combinación de uso indebido por parte de los vecinos y la alta generación por parte de los visitantes crea un ciclo de desbordamiento constante que es difícil de revertir solo con la intensificación de las rutas de limpia.

La basura desparramada en el Parque Hundido, como se constata en la foto tomada la mañana de este lunes, tiene consecuencias directas y graves para la salud pública. Más allá del evidente deterioro visual que impacta en la calidad de vida de los vecinos y visitantes, los cúmulos de desechos, especialmente orgánicos, se convierten en atractivos inmediatos para fauna nociva como ratas y cucarachas, creando focos de infección justo donde las familias y los niños se reúnen para el esparcimiento. Este riesgo sanitario es inaceptable en áreas de alta concentración habitacional.

Además, esta imagen de abandono en los parques contribuye directamente a la proliferación de los llamados “tiraderos clandestinos”. Si los ciudadanos ven que los cestos oficiales están desbordados o que existe basura en el suelo con impunidad, el incentivo para desechar sus residuos en esquinas o áreas verdes menos vigiladas aumenta considerablemente. La alcaldía ha reportado la existencia de más de un centenar de estos puntos irregulares, y la saturación de los parques es un factor que alimenta su crecimiento al normalizar la mala disposición de los residuos. La limpieza de estos focos demanda grandes recursos que podrían ser utilizados en otras mejoras urbanas.

La solución no es solamente aumentar la frecuencia de recolección, una medida que ya se realiza con una alta intensidad en la Benito Juárez. El reto fundamental recae en la implementación efectiva de la Ley de Residuos Sólidos de la Ciudad de México, que exige la separación obligatoria en orgánicos, inorgánicos reciclables y no reciclables. Si la basura que llega a parques y vía pública no está clasificada, se vuelve irrecuperable para el reciclaje y simplemente aumenta la carga que debe ser transportada y dispuesta finalmente fuera de la ciudad, elevando los costos operativos y el impacto ambiental. La gestión integral de residuos es un reto de conciencia cívica: mientras no se respete el uso de los contenedores y se practique la separación en los hogares y negocios, los pulmones verdes de la alcaldía seguirán siendo una postal constante del fracaso en el manejo de desechos.

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