Willie Colón, el ‘Malo del Bronx’, arquitecto de la salsa urbana
El legendario músico neoyorquino de origen puertorriqueño murió a los 75 años tras complicaciones respiratorias en un hospital de Nueva York.
El legado de Willie Colón transformó la música latina mediante colaboraciones históricas con Héctor Lavoe y Rubén Blades, definiendo el sonido de una era.
STAFF/LIBRE EN EL SUR
La música latina ha perdido a uno de sus pilares fundamentales. William Anthony Colón Román, universalmente conocido como Willie Colón, falleció la mañana del sábado 21 de febrero de 2026 a la edad de 75 años.
La noticia fue confirmada por su familia a través de un comunicado oficial en el que se informó que el artista partió en paz, rodeado de sus seres queridos, tras haber permanecido internado en un nosocomio de su natal Nueva York debido a problemas en su sistema respiratorio. Con su partida se cierra un capítulo esencial de la crónica musical del Caribe y del barrio neoyorquino, donde el trombón de Colón se convirtió en el grito de guerra de una generación de migrantes.
Nacido el 28 de abril de 1950 en el corazón del Bronx, Colón creció en un entorno donde la identidad puertorriqueña se defendía con música y orgullo. Fue su abuela Antonia quien le inculcó las raíces boricuas que más tarde fusionaría con el jazz y el rock de la gran metrópoli.
A la temprana edad de 15 años, el joven Willie ya demostraba un talento inusual que lo llevó a firmar con el sello Fania Records. Su debut discográfico en 1967, titulado El Malo (Fania Records, 1967), no solo presentó al mundo su destreza técnica, sino que también estableció su imagen de gánster del barrio, una estética que definiría la visualidad de la salsa urbana en sus primeros años.
La trayectoria de Willie Colón es inabarcable sin mencionar sus dos alianzas más fructíferas. La primera, junto al “Cantante de los Cantantes”, Héctor Lavoe, dio vida a una serie de álbumes que hoy son piezas de culto, como Cosa Nuestra (Fania Records, 1969), La Gran Fuga (Fania Records, 1970) y el entrañable Asalto Navideño (Fania Records, 1971).
En esta etapa, temas como “Che Che Colé”, “La Murga” y “Todo tiene su final” se convirtieron en himnos que resonaban desde los solares de San Juan hasta los clubes nocturnos de Manhattan. Colón no solo tocaba el trombón; era el arreglista y visionario que organizaba el caos del barrio en composiciones sofisticadas pero profundamente bailables.
A mediados de la década de los setenta, tras separarse amistosamente de Lavoe para explorar su faceta como productor, Colón unió fuerzas con el panameño Rubén Blades. Esta colaboración marcó un giro hacia la “salsa con conciencia”. Juntos lanzaron Siembra (Fania Records, 1978), que se mantiene como el disco más vendido en la historia del género. De esta producción surgieron relatos épicos como “Pedro Navaja” y “Plástico”, canciones que elevaron la salsa a la categoría de literatura musical y crónica social. En sus letras, Colón y Blades exploraron la desigualdad, la corrupción y la esperanza de un continente latinoamericano que buscaba su propia voz.
Como solista, Willie Colón también cosechó éxitos monumentales que hoy forman parte del cancionero popular. Temas como “El Gran Varón”, que abordó de manera pionera la temática de la identidad de género, o “Idilio” y “Gitana”, mostraron su capacidad para interpretar el sentimiento romántico con la misma fuerza que el mambo más agresivo.
A lo largo de su carrera, grabó más de 40 álbumes y colaboró con figuras de la talla de Celia Cruz, con quien produjo el aclamado Only They Could Have Made This Album (Vaya Records, 1977).
Más allá de los escenarios, Willie fue un activista incansable por los derechos civiles y un defensor de la comunidad hispana en Estados Unidos. Su influencia trascendió las notas musicales para ocupar espacios en la política y la filantropía, siempre llevando el nombre de Puerto Rico como bandera. Fue reconocido con el Grammy a la Trayectoria en 2004 y su nombre figura en el Paseo de la Fama del Bronx, un recordatorio de que aquel niño que comenzó tocando en las esquinas terminó conquistando el mundo entero.
La muerte de Willie Colón deja un vacío imposible de llenar en la orquesta de la vida, pero su música, ese regalo eterno que él mismo mencionaba en sus últimas presentaciones, seguirá sonando en cada fiesta y en cada rincón donde se celebre la latinidad. Como bien rezaba una de sus canciones más icónicas, “todo tiene su final”, pero el eco de su trombón y la fuerza de su mensaje aseguran que su memoria nunca conocerá el silencio. Descanse en paz, el arquitecto de la salsa.

















