ADRIANA RODRÍGUEZ

En el panteón de Xoco los aromas y los colores llegaron como cada año. Familiares acudieron a visitar a los seres queridos que se adelantaron.

Sobre avenida río Churubusco y Mayorazgo, los crisantemos y el cempasúchil  adornaron las tumbas: fiesta y nostalgia a la vez.

Algunas familias acudieron a comer con sus muertos, les pusieron música y rieron recordando los momentos más memorables de quienes se recuerdan. En una que otra tumba no falta el buen tequila para hacer más alegre la fiesta.

La música de marimba se hizo  escuchar y fue entonces cuando las risas rompieron el silencio que perdura durante el resto del año.

Una de las ofrendes en el panteón de Xoco. Foto: Adriana Rodríguez

 

Uno de los trabajadores comentó que aún se espera que lleguen más visitantes este sábado y domingo.

Este recinto, que se construyó después de la Revolución Mexicana, guarda los restos de dos figuras históricas: Belisario Domínguez y Francisco Sosa.

Hasta 6 mil pesos es el gasto que las familias hacen, se quejan quienes afirman que las flores están más caras.“Cada año todo está más caro, pero lo importante es que no olvidemos a nuestros muertos porque es triste que se olviden de uno”, comenta doña Sofía.

Ella coloca el retrato de un hombre mayor y mirada serena. Lo mira como seguramente lo vio la primera vez y le dice que algún día se reunirán. “La muerte nos separó y ella nos va a reunir”.

Este panteón se ubica muy cerca de la Cineteca Nacional y el IMER, por lo que no es nada extraño que las personas que trabajan en dichos lugares aseguren que haber visto apariciones. Niños y mujeres en pena que vagan sin rumbo entre los vivos.

A pesar del creciente desarrollo inmobiliario del que muchos vecinos se han quejado, este cementerio continúa de pie. La torre Mítikah ha representado una amenaza para este lugar histórico, que hoy es defendido por sus habitantes.

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