Asumen mujeres el 75% de los cuidados
Mujeres a cargo. Atienden a los demás. Foto: especial.
Sandra Villalobos, investigadora de la UNAM, señala que esta labor vital para la sociedad recae históricamente en el tiempo y cuerpo de las mujeres.
La experta del CRIM advierte que es urgente reconocer el cuidado como un derecho humano para eliminar la desigualdad y el desgaste físico de las cuidadoras.
STAFF/LIBRE EN EL SUR
En México, 58.3 millones de personas son susceptibles de recibir cuidados en los hogares; de ellas, el 75.1 por ciuento de quienes los brindan son mujeres. Esta cifra refleja una realidad estructural: el cuidado es indispensable para la vida, pero también un espacio profundamente desigual.
Así lo explicó Sandra Villalobos Nájera, investigadora del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la UNAM, quien subrayó que el cuidado “es una actividad fundamental sin la cual no podríamos sobrevivir, pero que históricamente ha recaído sobre los cuerpos y el tiempo de las mujeres”.
“El cuidado sostiene la vida, pero también refleja las desigualdades más profundas de nuestra sociedad”, señaló Villalobos Nájera.
“Los varones ven el cuidado como algo ajeno, como si no les correspondiera. Esto tiene que transformarse desde la educación y la cultura”, enfatizó la investigadora del CRIM…”
El cuidado implica actividades orientadas al bienestar de las personas, que van desde el acompañamiento afectivo hasta la gestión del tiempo y los recursos. Sin embargo, esta labor —vital para la subsistencia humana— ha sido invisibilizada y romantizada, relegada al ámbito doméstico y femenino.
Villalobos advierte que no se puede romantizar el cuidado, pues aunque es una práctica esencial, se realiza en condiciones desiguales. “El feminismo ha luchado mucho para mostrar esta contradicción: mientras el cuidado sostiene la vida, las mujeres que lo brindan lo hacen muchas veces en contextos de explotación o desgaste físico y emocional”, puntualizó.

El problema no es el cuidado en sí, sino las estructuras sociales que perpetúan una división sexual del trabajo: las mujeres cuidan, los hombres proveen. Esta lógica, transmitida desde la infancia, ha limitado el papel de los varones en el ámbito doméstico. “Los varones ven el cuidado como algo ajeno, como si no les correspondiera. Esto tiene que transformarse desde la educación y la cultura”, enfatizó la investigadora del CRIM.

El autocuidado también es colectivo
En los últimos años, el concepto de autocuidado se ha popularizado, aunque a menudo se ha vaciado de su sentido social. “El mercado lo ha convertido en un producto —una moda que asocia el bienestar con el consumo—, cuando en realidad el autocuidado tiene que ver con la preservación de la vida, los derechos y la autonomía”, explicó Villalobos.
Dormir bien, alimentarse o hacer ejercicio son solo una parte de este proceso. El verdadero autocuidado también implica decidir sobre el tiempo propio, los recursos y las relaciones personales. No se trata únicamente de bienestar individual, sino de una responsabilidad compartida. “El cuidado y el autocuidado no deben recaer en un solo cuerpo; son responsabilidades colectivas que garantizan el bienestar de toda la comunidad”, sostuvo la académica.
Hacia una cultura del cuidado compartido
Villalobos enfatiza que es urgente reconocer el cuidado como un derecho humano, una tarea en la que México comienza a avanzar. Recientemente, la Corte Interamericana de Derechos Humanos lo reconoció formalmente, lo que abre la puerta a políticas públicas más justas y equitativas. “Necesitamos construir relaciones de cuidado éticas, basadas en el respeto mutuo, que liberen a las mujeres del desgaste constante y promuevan el bienestar común”, concluyó la investigadora.
El reto no consiste solo en redistribuir las tareas del cuidado, sino en reconfigurar los valores sociales que las sustentan. Cuidar, dijo Villalobos, es un acto de justicia y de humanidad.















