Ciudad de México, julio 18, 2024 14:20
Luis Mac Grgeor Revista Digital Junio 2024

Cineteca amorosa

“Hay unas mesas de uso común, así como una extrañas jardineras-bancas que rodean los árboles en el patio central, donde uno puede instalarse cómodamente y leer o, si hay suerte, platicar con quien se siente cerca”.

POR LUIS MAC GREGOR ARROYO

Si bien la alcaldía Benito Juárez está llena de lugares de interés, uno de ellos merece especial mención, Se trata de la Cineteca Nacional, el lugar para ver cine por excelencia en Ciudad de México. Descubrirla fue algo circunstancial. Estaba en Área 6 de la preparatoria cuando a alguno de los compañeros se le ocurrió que fuéramos a ver algo ahí. Yo no tenía idea de qué se trataba pero accedí. Me llevé una de las más grandes sorpresas de mi vida.

Se trata de un lugar donde gente de todo tipo –más que sentirse especial por entrar a una sala de cine con palomitas, perro caliente y refresco y chutarse unos cortos que duran más de 20 minutos–, va con el refresco que compró en la tiendita de afuera, oculto en la chamarra, y ve una película sin anuncios al inicio. Es como quien dice la máxima experiencia cinematográfica.

El grado de involucramiento que uno puede conseguir con el largometraje en turno es tal que si es una obra bien realizada las personas se paran y aplauden. El que no esté presente ahí ni el productor, ni el director, ni los actores del filme, no es impedimento. En otras palabras, es un lugar sin una gran dulcería que interesa a las personas que gustan de ver cine alternativo o comercial, en su mayoría de calidad reconocida.

Ahora, ya más grande, sigo frecuentando el lugar; aunque a veces compro palomitas o algún refresco –las menos de las veces– y también gusto de hacer antesala echándome un café y tal vez unos churros, en alguno de los locales del sitio. Esperar a que sea la hora de la función también tiene su chiste; hay unas mesas de uso común, así como una extrañas jardineras-bancas que rodean los árboles en el patio central, donde uno puede instalarse cómodamente y leer o, si hay suerte, platicar con quien se siente cerca.

En un par de ocasiones he pedido permiso para estar en una mesa donde haya alguien para esperar el inicio de la función. Alguna vez me senté con una guionista y en otra con una muchacha que no quiso entablar ningún tipo de conversación, pues se veía imbuida leyendo el libro que tenía en sus manos.

En la Cineteca uno puede ver todo tipo de cine, desde experimental y obras primas de autores que nunca verán su película en cines comerciales, hasta la película más aclamada en los Óscar o en Cannes. También hay muestras retrospectivas de famosos como Stanley Kubrick (director) e Ingrid Bergman (actriz), e inclusive la proyección de sagas épicas enteras como la de James Bond.

Punto aparte es hacer de la Cineteca un recurso para encontrarse con gente pensante o, en mi caso, mujeres interesantes. O al menos uno se hace la idea de ello, pues encontrar a la pareja “ideal” suele ser más cosa de la casualidad que de conseguirla, previo objetivo dirigido al universo.

Hace poco conocí ahí a Susana, una mujer que no era una belleza típica, pero tenía un gran corazón. Ese día entré por la Avenida Cuauhtémoc y me encaminé a una de las áreas donde venden boletos; compré uno para la función más próxima en la sala 3; por lo que me quedaban cuarenta minutos de ocio antes de entrar a la sala. Así como no queriendo me fui caminando a donde está la librería y me paré frente a una de las paredes de vidrio a ver qué novedades exhibían. Justo ahí, a mi lado estaba ella, un poco más baja de estatura que yo, cabello ondulado y largo, rostro de mujer inocente pero que gusta de escalar y aprovechar todas las oportunidades que se pudieran presentar, de piel blanca y vestido negro; eso sí algo pasadita de peso… algo que también yo tengo. En fin que ella volteó y me preguntó si le podía recomendar un libro sobre algún director relevante. Encantado, porque no es común que una mujer le dirija la palabra a un hombre, le dije que había visto uno sobre Orson Welles, de quien hacía poco hubo una retrospectiva, justamente ahí, en la Cineteca.

—Ah, qué maravilloso, y ¿crees que lo vendan aquí?

—Sí. Seguro.

—Oye qué bien y ¿cómo te llamas?

—Luis ¿y tú?

— Susana… Oye pues qué bien, ¿vas a ver una película ahora?

—¡Sí! Ya compré boletos para Asteroid City de Wes Anderson, dicen que es una verdadera joyita.

—¡Ah qué padre! Yo también la quiero ver.

Sin más introducciones la acompañé a que adquiriera su entrada y nos sentamos en una de las mesas desocupadas a platicar. Fue un verdadero encuentro. Esa mujer y yo parecíamos tener los mismos fines, nos entendimos a la perfección. Durante la función estuvimos serios y formales; aunque al final del largometraje ella no pudo evitar bostezar, se había desvelado. Al salir nos fuimos a tomar un café en un establecimiento nuevo a las afueras del conjunto cinematográfico. En esa cafetería quedó sellada nuestra amistad con un beso.

El amorío duró poco, pero siempre estuvimos de muy buen humor. Íbamos a ver un museo o a una feria de libros, y siempre terminábamos las citas en la Cineteca. No me puedo quejar, aparte de películas hay ocasiones que en la Cineteca uno encuentra el amor.

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