STAFF/LIBRE EN EL SUR

Sin importar la advertencia expresa de la Delegación Benito Juárez  de que toda obra de construcción en la demarcación juarense debe ser interrumpida en tanto no se levante la declaratoria de desastre por parte del gobierno de la Ciudad de México, y de que en la demarcación continúa la titánica tarea de rescatar personas con vida en los escombros de los edificios derrumbados por el terremoto del 19 de septiembre, Mitikah, la que se pretende sea la torre más alta de la Ciudad de México, continuó su curso.

Vecinos del movimiento vecinal que se ha opuesto a las megatorres de Mitikah y City Towers por el impacto urbano que tienen en las colonias Santa Cruz Atoyac, General Anaya y Xoco, publicaron en Twitter a las 16:35 de esta tarde un video del momento en que albañiles son sorprendidos trabajando en andamios y estructuras de la torre, obra cuyo costo se estima en 185 millones de dólares.

Mientras se escuchan golpeteos con materiales metálicos, una voz masculina dice, a través de un altavoz: “Están poniendo en riesgo la seguridad de los habitantes de la Delegación Benito Juárez. No es posible que los intereses económicos pongan en riesgo los intereses de la población en general. ¡Acaba de temblar hace menos de una semana y ustedes siguen trabajando!”.

La Torre Mitikah, que ha sido reiteradamente denunciada desde hace varios años por vecinos, e incluso clausurada, es parte de un proyecto de varias torres de vivienda, comercios y servicios médicos: Ciudad Progresiva, que prácticamente ha colapsado la vida cotidiana en Xoco, un pueblito originario donde sus tres mil habitantes aún conservan muchas de las costumbre de sus antepasados y la sociedad local gira en torno del templo y las fiestas religiosas encabezadas por la mayordomía, una institución ancestral.

Sin contar el resto de las edificaciones de Ciudad Progresiva, tan sólo la Torre Mitikah se construye en una superficie de 6,270 metros cuadrados. Con una altura de 267 metros y 67 pisos, será el segundo rascacielos más alto de México, sólo después de la Torre Koi, en Monterrey; fue diseñada por los estudios Pelli-Clarle-Pelli.

El edificio contará con servicios para uso exclusivo de sus residentes como fitness club, spa con alberca, áreas para niños, eventos y esparcimiento. Además del área residencial tendrá restaurantes, un hospital, un centro comercial, oficinas corporativas y un helipuerto.

En febrero del 2015, la revista Forbes dio a conocer que el fideicomiso Fibra Uno adquirió la propiedad por 185 millones de dólares; la firma también es propietaria del ex Centro Bancomer, cuyo predio se pretende conectar, ahora se sabe, al de Mitikah… a partir del comodato de una calle que es propiedad pública.

La misma publicación explicó que las “fibras” son “instrumentos equivalentes a los Fondos de Inversión en Bienes Raíces estadounidenses, conocidos como REIT, cuyos certificados operan en el mercado como las acciones y ofrecen rendimientos sobre rentas y ganancias de capital de canastas de inmuebles”.

Después de un largo historial de señalamientos y denuncias, la Torre Mitikah será sometida, paradójicamente, a la certificación internacional LEED como edificio sustentable para convertirse en el edificio certificado más grande de Latinoamérica.

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