Ciudad de México, marzo 27, 2026 13:02
Medios y Periodistas

Cumple 20 años Ivonne Melgar con su columna ‘Retrovisor’ en ‘Excélsior’

Un ciclo de crónica política y memoria del poder en México

El ejercicio periodístico de Ivonne Melgar ha seguido los giros, crisis y ciclos de la democracia mexicana

La periodista Ivonne Melgar cumple 20 años al frente de su columna Retrovisor, publicada de manera ininterrumpida en Excélsior desde marzo de 2006. A lo largo de dos décadas, este espacio se ha consolidado como una bitácora crítica de la vida política nacional, donde la memoria, el análisis y la observación del poder se entrelazan semana a semana.

Este texto conmemorativo fue presentado durante un conversatorio realizado este jueves 26 en la Casa de Cultura Jesús Reyes Heroles, con la participación de Leticia Robles de la Rosa, Rubén Aguilar, Salvador Camarena y Jorge Ramos, además de la propia autora.

En Retrovisor, Melgar ha documentado episodios clave de la historia reciente del país —de transiciones presidenciales a crisis de seguridad— con una mirada que combina crónica y juicio periodístico, dando cuenta de los ciclos, tensiones y contradicciones de la democracia mexicana.

Además de su trabajo en Excélsior, Ivonne Melgar es también relatora en Libre en el Sur, donde ha aportado textos con un enfoque narrativo que dialoga con su experiencia de vida.

A continuación, el texto íntegro conmemorativo:

El Retrovisor de Excélsior, mi columna, comenzó a publicarse en una de las primaveras electorales de mayor riña política. Desde el 25 de marzo de 2006, sábado a sábado, he buscado compartir las posibles rutas que los espejos de la realidad recorrida dibujan…

Han sido dos décadas de crónicas bajo la compulsión de este oficio, de intentar saber qué pasó. Moralejas de cinco sexenios, entretelones de cuatro tomas de protesta, dos avionazos y el arribo de la normalizada “narcopolítica”.

Las historias de este Retrovisor me llevaron a husmear en las relaciones de quienes definen nuestra suerte colectiva, perfilando pronósticos, corroborables o fallidos, pero en todos busqué registrar el veleidoso y cíclico humor social que aplaude los tambores de guerra, después los culpa y los vuelve a ovacionar. Y que, pendularmente, sueña y teme la mano dura.

Gracias lectores, fuentes, directivos, editores; por acompañarme en el relato de un país que pasó de la imposibilidad de los acuerdos a las fanfarrias por el pacto efímero. Excélsior, gracias, por permitirme narrar el tránsito del elogio de la política del consenso al consenso del reproche a la política y la vigencia de los tratos en lo oscurito y el susurro de los secretos del poder.

Gracias por alentarme a seguir en la indagación monótona. Si no fuera por la alternancia en la máxima silla y el acento que sus ocupantes le ponen a los jaloneos con el vecino y a las preocupaciones eternas del petróleo, la seguridad, el comercio, el tráfico de armas, las drogas. Y por hacerme saber que no era inútil escribir de la democracia, del pueblo y de los ciudadanos, y realizar las preguntas sobre las fórmulas mágicas contra la desigualdad y la impune corrupción. Consignar respuestas y seguir preguntando.

Hoy celebro la terquedad de armar semanalmente el rompecabezas que se vuelve trama en los personajes. Los encumbrados que caerían y los que se escaparon del despeñadero en la tragedia, los escándalos, las omisiones y la violencia cotidiana.

Y les confieso el gozoso orgullo de haber retratado en esta columna las floridas rebeliones violeta … Cada tropiezo y éxito de la representación femenina y de la silenciosa revolución paritaria, ajena todavía donde la misoginia se impone.

Mil textos confeccionados en computadoras, ipads, blackberries, celulares: Desde el extinto avión presidencial, persiguiendo el mitin de campaña o mientras esperaba el enlace de televisión en el bullicioso Congreso. Mil viernes, algunos de angustia, porque las notas siempre son prioridad y a veces fueron muchas. Porque en la Muralla China o en la sierra de Guerrero no había red o porque el tecleo costó y dolió cuando la tristeza, la salud o la agonía de los que amo me agobiaron. Pero seguí y seguimos por el privilegio de este acto de fe.

El intento, infructuoso, de escapar de la polarización y la justicia selectiva. Y ser, en este 20 aniversario, una sobreviviente del periodismo, tantas veces desahuciado por la propaganda, el encanto y el abuso del poder; y el cansancio y la impotencia de no conseguir que el espejeo nos cambie el rumbo.

Gracias por acompañarme en este Retrovisor, en medio del miedo que nos confinó y la conciencia de que era obligado hablar de las víctimas, de la ley de plata o plomo, del obituario de controvertidas sepulturas, y dar rostro y voz a la resistencia, dejando memoria de un México que se nos fue .

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