Ciudad de México, junio 23, 2024 18:09
Francisco Ortiz Pardo Opinión

EN AMORES CON LA MORENA / ¡La pinche chinche!

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Una cosa que abona a nuestro sospechosismo es que no se ha precisado el lugar exacto en que fue encontrada la chinche, ni las circunstancias, ni si viva o muerta…

POR FRANCISCO ORTIZ PARDO

Para mi papá en su cumple, por la vida.

En México hay vocación por el rumor y el chisme, donde lo banal y lo importante son lo mismo. Por eso pega igual la supuesta existencia del Chupacabras que la vacilada de que Claudio X. González es mentor, financiador y todopoderoso detrás de la virtual candidatura presidencial opositora de Xóchitl Gálvez.  

De no ser porque mi buen amigo Oswaldo Barrera me habló, con una verdad inusual en el mexicano, lo que vivió a lo largo de varias semanas por una plaga de chinches en los pocos metros cuadrados de su departamento, y los escozores en la piel que produjeron a él y su chica, diría que la fábula de las chinches universitarias suena algo más divertido que las manipulaciones de nuestros políticos.

Cuentan que el rumor de las chinches se extendió después de que un usuario del Metro subió a las redes sociales una fotografía en que aparece un tumulto del despreciado insecto en un vagón. Yo no sé qué piensen ustedes, pero para mí eso es muestra científica de que la multiplicación de las chinches se ha dado a través de las redes sociales, sin necesidad alguna de explicar cómo llegaron hasta el campus universitario. Me las imagino escapando por entre los pasillos de la estación de Universidad, esquivando los pisotones y entrometiéndose en las mochilas de los estudiantes, en un plan orquestado con antelación para sorprender por la retaguardia a las autoridades universitarias.

Pienso inevitablemente en la comparación del escarabajo de Kafka en que se convirtió Gregorio Samsa y las pretensiones de la autodenominada 4T de infiltrarse en la sucesión de Enrique Graue en la rectoría. Me voy a permitir evadir este asunto porque altera mi paz interior. Mejor pienso que todo ha sido una pesadilla. Pero la verdad el asunto de las chinches ya es cosa seria cuando la Secretaría de Salud capitalina lo desestima y descarta una plaga. Entonces me vuelvo un mal pensado, ustedes comprenderán, y temo que en realidad el ataque de las chinches sea una realidad y se le ocurra traer un insecticida de manufactura cubana.

No he leído nada que considere de manera nítida y convincente este afán tan nuestro de propagar la mentira. Vaya que es la hora en que ni siquiera sabemos si el famoso tesoro de Moctezuma existió pero sostenemos que existió. Cierto que hay algunas rutas antropológicas, ensayísticas, que cruzan por algunas páginas el tema de los mitos del mexicano, como en El Laberinto de la Soledad, de Octavio Paz. Pero el tratado sobre las chinches es cosa aparte; por eso mientras no podamos abordarlo como merece solo nos queda seguir el juego de la bonita tradición mexicana de la especulación que nunca ha de terminar porque después de cada boletín aclaratorio deber haber otros, en algo que el propio Paz habría llamado el infinito mexicano. Como en la lotería: ¡La chincheee!

Para estar en sintonía con este animalito global, hay que decir que chinche en inglés se dice bedbug y se trata de un insecto esencialmente detestable “que despide un olor nauseabundo”.  En las casas se alimenta, sobre todo por las noches, de la sangre humana.

Ahora que determinar el origen de las chinches en nuestro país es muy complicado, pues como tal nunca se ha podido dilucidar qué fue primero, si el PRI o esa cultura popular donde nuestros gobernantes son el efecto de una corrupción anterior. En otras palabras: Aunque una y otra vez se diga que no se ha encontrado más que una chinche en toda Ciudad Universitaria –¡la pinche chinche!— ¿quién podría asegurar que no vivimos enchinchados de manera irremediable?

La siguiente cuestión es si necesitamos en este país a las chinches. Yo creo que sí, porque si ellas no existieran seríamos muy aburridos y, además, nos obligaríamos a voltear a ver las alimañas en nuestro propio sombrero y no en el ajeno. Mejor así: La corrupción de los otros, el egoísmo de los otros, las mentiras de los otros, la frivolidad de los otros, el consumismo de los otros, la ignorancia de los otros… Con otra: la expansión de estos relatos fantásticos en las redes da oportunidad de convertirnos en los protagonistas que nunca fuimos, los exitosos, buenos padres, mejores amantes, poseedores del gusto sibarita de la degustación de un vino sin olor y sabios hasta de la carrera del famoso que murió hoy.

Por otra parte, es insoslayable el papel que juegan las chinches en la corrección política, donde la prueba nunca vale más que el dicho y no se necesita hacer mayor esfuerzo que decirlo para provocar la convicción de que las frases hechas nos vuelven revolucionarios, transformadores, militantes de la humanidad desde nuestra computadora portátil, tal como yo escribo esto en un café y escuchando a un “cantante” del que no se debe decir que tiene muy mala voz sino que hace el intento de sobrevivir. Donde hay esterilidad de las palabras, hay inmunidad, pues allí mismo no hay mujeres abusivas, perros que muerdan, vendedores ambulantes insalubres, manifestantes que vandalizan… y tampoco un presidente que dice mentiras cada mañana. Por supuesto que tampoco existe el que sosteniendo esa prédica sea un maltratador de mujeres o el vecino que expone una viejita al soltar a su perro en el parque; es más bien el que acude a comer siempre –por generosidad con el subempleado– en puestos callejeros de comida, que no gasta en cosas innecesarias, o el que dedica un tiempo de su vida a hacer labor comunitaria… y que nunca justifica que un presidente sea mentiroso.

Pero hablemos de la pinche chinche. Una cosa que abona a nuestro sospechosismo es que no se ha precisado el lugar exacto en que fue encontrada, ni las circunstancias, ni si viva o muerta… Por si fuera poco, hasta el momento ni siquiera el Instituto de Biología de la UNAM ha confirmado que efectivamente se trate de la especie Cimex lectularius, conocida vulgarmente como “chinche de cama” (ya ven que hay quien piensa que el escarabajo de Kafka era cucaracha). No obstante, los chamacos ya se movilizan bajo la exigencia de ampliar las indagatorias y fumigaciones a planteles fuera de Ciudad Universitaria, como en el caso de la FES Acatlán.

No me tomen como alguien que difunde rumores; pero eso me suena a que puede surgir un nuevo movimiento estudiantil que en lugar de causas libertarias y/o populares sostenga como pimer punto del pliego petitorio el “aniquilamiento de las chinches”, cosa que se la pueden tomar personal los del gobierno y armarse la de Troya. Por lo pronto habría que exigir transparencia y que se abran los archivos sobre todo lo relacionado con la chinche, que por algo ocupa más nuestra atención que la nueva cepa de dengue en Yucatán.

Lo que sí, no me parece eso de comparar las chinches mexicanas con las francesas. Eso sí que no, que no es lo mismo el Jarabe Tapatío que La Marsellesa: ¡Las chinches de allá son del desarrollo!

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