Texto: Agustín Lozano,  con información de Javier Lira.        Fotografías: Javier Lira

La cofradía en un picadero puede llegar a ser tan leal como letal. Los asistentes a esas casas, en el municipio de San Juan Ixhuatepec, entretejen historias raudas pero intensas como la de “El Black”. En este picadero no hay invitados especiales, lo único que se necesita es llevar droga o dinero, lo suficiente para permanecer ahí por largas horas.

 

No hay palabras secretas, no existen clases sociales, el lugar está abierto sólo para los amigos, aquellos que comparten la adicción al crack. Eso sí, nadie se puede pasar de listo, pues al perder la confianza se pierde todo.

“El Black” reflexiona junto a sus compañeros de viaje “El Parábolas” y “El Pelón”.

 

En la casa reina el desorden, la suciedad y todo está en penumbras; el lugar es muy pequeño, un foco de 50 watts ilumina una pequeña habitación, apenas hay lugar para estar sentado.

Ahí “El Black” y sus amigos son los reyes. Una semana trabajada basta para surtirse de crack y pasar largas horas frente a los botes de aluminio que utilizan como pipas y que dueño del lugar administra con justicia entre consumidores y mandaderos.
–Tú ya fumaste mucho, compártele a tu compañero- ordena.

De vez en cuando utilizan a una mula o un burrero (mandadero) para que vaya a comprar hasta 3 mil pesos de piedra crack. No quieren exponerse a que los vean en la cuadra como drogadictos, por ello llegan con discreción al picadero donde se olvidan de todo, el trabajo, la familia, la esposa, los hijos y los padres.
Si se “atizan” bien, pueden pasar largas horas rodeados de un silencio ensordecedor. Los únicos ruidos que rasgan la tranquilidad son el aspirar el humo, la chispa del mechero, la tos seca que raspa por tanta droga, pero nada los distrae, el asunto es olvidarse de todo, hasta de la vida misma.Cuando se acaban la droga y el dinero, “El Black”, “El Parábolas” y “El Pelón” comienzan a sentir la resaca y a sufrir lo que ellos llaman “El mal del pollo”, que consiste en mover las manos hacia los envoltorios del crack en busca de pequeños residuos para fumárselos.

 

“El Black”, “El Parábolas” y “El Pelón” llevan años consumiendo juntos este tipo de cocaína, que es la más adictiva que existe, y jamás han sido detenidos por la policía.

De hecho, ninguna patrulla pasa por el picadero, ellos son simples consumidores y no trafican, pero sienten de vez en cuando la paranoia de la persecución.

Desafortunadamente no todas las historias culminan bien. “El Black” terminó sus días con un acto heroico, al salvar a una mujer que estaba drogada y que daba tumbos en plena carretera México-Pachuca.

 

La historia es la siguiente: trabajaba de portero en un bar de la zona, a lo lejos vio que su amiga, bajo el influjo del crack, enfiló rumbo a la carretera, intentó alcanzarla, pero no pudo.

Ya en plena carpeta asfáltica le llegó por la espalda y la empujó fuertemente hasta aventarla lejos del paso de los automóviles, pero “El Black” fue atropellado y no pudo salvar su propia vida.

 

La triste historia de “El Black” se pierde en las oscuras noches en San Juanico (como se conoce a San Juan Ixhuatepec), aunque vecinos y consumidores acuden a dejar flores a su tumba para recordar esa heroica noche y los días que administraba la droga equitativamente en aquel jacal.

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