Ciudad de México, marzo 1, 2026 09:49
Revista Digital Marzo 2026

El futuro energético toca la puerta, ¿y México?

El hecho concreto es contundente: la exportación de litio de México fue de cero el año pasado.

POR ESTEBAN ORTIZ CASTAÑARES

A principios del año pasado escribí un artículo sobre las nuevas riquezas materiales del mundo. Hablé entonces de las tierras raras, del litio y de la energía solar, y lo hice con un tono francamente optimista. México se encuentra en posición privilegiada: abundancia de recursos naturales, una ubicación geográfica estratégica y un contexto global que demanda, de manera incremental, exactamente aquello que el país puede ofrecer.

¡La oportunidad para un gran salto económico de nuestro país!

Un año después, vale la pena hacer un recuento de lo ocurrido. La realidad obliga a moderar aquel entusiasmo que tuve.

Tierras raras: el tesoro oculto

Las llamadas tierras raras no son tan raras como su nombre sugiere, pero sí absolutamente indispensables. Sin ellas sería imposible fabricar teléfonos celulares, computadoras, sistemas de almacenamiento y transmisión de datos, equipos médicos, turbinas eólicas o automóviles eléctricos. Son la base material de la tecnología moderna.

En el escenario internacional, China se mantiene como el líder indiscutible, aportando cerca del 69% de la producción mundial. Le sigue Estados Unidos con alrededor del 11%, mientras que países como Australia, Rusia, Brasil, India y Vietnam han comenzado a desempeñar un papel cada vez más relevante en la extracción de estos minerales estratégicos.

¿Y México? Los principales yacimientos se localizan en Sonora, Oaxaca y otras regiones. Algunas estimaciones hablan de que su valor potencial podría representar hasta el 2% del total mundial, una cifra nada despreciable. Sin embargo, el propio gobierno ha reconocido que gran parte de estos recursos se encuentran en terrenos de difícil extracción. Un valor más serio de la cantidad existente no existe, porque no se ha hecho – o publicado – ninguna investigación al respecto y algún proyecto viable de extracción.

En resumen: no se ha hecho prácticamente nada.

Es cierto que la extracción de tierras raras requiere inversiones muy elevadas y mercados garantizados. Con un poco de ingenuidad, uno podría pensar que la falta de acción no responde a una ausencia de visión o compromiso nacional, sino al temor de asumir riesgos financieros importantes. Aun así, el costo de no decidir también es alto, y el tiempo juega en contra.

Litio: la promesa atrapada en la inmovilidad

Si las tierras raras son la base de la construcción de la tecnología, el litio es lo que le da vida. Es el componente esencial de las baterías que alimentan teléfonos celulares, automóviles eléctricos, bicicletas eléctricas y sistemas de respaldo para infraestructuras críticas como hospitales, bancos, aeropuertos y centros de datos.

En 2023, el presidente Andrés Manuel López Obrador nacionalizó todas las minas de litio, como parte de una estrategia de protección de materiales considerados de alto valor para el país. En principio, la decisión tenía sentido. Pero… ¿qué pasó después?

Los yacimientos más importantes se encuentran en Sonora, particularmente los conocidos como Li-Mx1, descubiertos por la empresa inglesa Bacanora Lithium, que posteriormente vendió los derechos de explotación a Ganfeng Lithium, una empresa china. Tras la nacionalización, se inició un proceso judicial larguísimo entre la empresa y el gobierno mexicano. Todo indicaba que el Estado no tenía demasiada prisa por comenzar la extracción.

Finalmente, en agosto del año pasado se constituyó la empresa estatal encargada del litio, con una inversión inicial de 12.9 millones de pesos. El dato que resulta casi simbólico: su organigrama está conformado por apenas cuatro personas.

Es evidente que la creación de la empresa fue más un acto de formalidad y de imagen que el inicio de un proyecto real. Se volvió a hablar de las dificultades técnicas de extracción, pero el hecho concreto es contundente: la exportación de litio de México fue de cero el año pasado.

Mientras tanto, el mundo no espera. Australia se consolidó como el mayor productor, con entre 90,000 y 100,000 toneladas anuales; Chile produjo alrededor de 55,000 toneladas, y China ocupó el tercer lugar con unas 35,000 toneladas. La infraestructura, los contratos y los mercados se están construyendo en otros países.

Con una dosis excesiva de ingenuidad, podríamos justificar la inacción alegando que los yacimientos mexicanos son arcillosos o que, por alguna razón difícil de explicar, el país perdió la tradición minera que desarrolló desde la época colonial. Pero, una vez más, el resultado es el mismo: no se ha hecho nada.

Energías renovables: estancamiento disfrazado de avance

Cuando hablamos de energías renovables nos referimos, en términos generales, a la generación de electricidad mediante procesos que no consumen combustibles fósiles ni materiales altamente contaminantes. Es la llamada energía verde, producida a partir de la energía solar, el viento, el agua, el calor de la tierra o la biomasa.

En 2025, México registró un crecimiento mínimo en este rubro. Según cifras oficiales, las energías renovables representan actualmente entre el 22% y el 24% del consumo nacional. Sin embargo, las mismas fuentes indican que el año previo la generación renovable fue del 23.4%.

En otras palabras, si se considera el aumento de la demanda eléctrica, México no creció en términos reales.

El contraste con otros países es revelador. Paraguay, Islandia y Costa Rica generan prácticamente el 100% de su electricidad con energías renovables. Uruguay, Noruega y Kenia superan el 90%. Incluso economías más grandes como Brasil alcanzan cerca del 88%, mientras que la Unión Europea ronda el 47%.

México, en cambio, se encuentra por debajo del promedio mundial, que ya ronda el 30%.

Por otro lado, la energía solar es un subtipo de energía renovable particularmente relevante para México. Cerca del 54% del territorio nacional está compuesto por zonas áridas y semiáridas, la mayoría ubicadas en el norte del país. A esto se suma una frontera de casi 3,000 kilómetros con Estados Unidos, el mayor consumidor de energía del planeta y un potencial comprador que busca nuevas opciones energéticas.

¿Y qué se ha hecho?

Muy poco. La producción solar en México aporta apenas entre el 5% y el 7% del consumo nacional, una cifra que, debido al crecimiento de la demanda, es prácticamente la misma que en 2024. El avance es lentísimo si se compara con el resto del mundo. Incluso países emergentes como Pakistán o Chile —que ni siquiera pertenecen a la OCDE— ya han superado a México en este rubro.

En resumen, México cuenta con ventajas naturales evidentes: recursos estratégicos, una posición geográfica privilegiada, ingenieros altamente capacitados y ¡una presidenta con un doctorado en temas energéticos!…

Aun así, el país se está convirtiendo en un simple espectador de una carrera global en la que todos avanzan mientras nosotros observamos desde la tribuna.

Todo indica que nuestros gobernantes parecen más cómodos con un modelo en el que México consume energía y tecnología caras y ofrece, a cambio, mano de obra barata. El resultado previsible es un futuro empobrecido sin escrúpulos de colaborar en la contaminación mundial.

Hace un año escribía con optimismo. Hoy, los datos obligan a una reflexión mucho más sobria. El potencial sigue ahí, intacto. La pregunta es cuánto tiempo más podremos darnos el lujo de no aprovecharlo.

Compartir

comentarios

Artículos relacionadas