Ciudad de México, octubre 28, 2020 07:06
Libre en el Sur

Guerrero sigue horrorizando y no deja de asombrar

Su realidad es terrible y parece cuento sin fin. Un día son los desaparecidos, otro los aparecidos, al siguiente día los levantados y –afortunadamente—rescatados por policías comunitarios apoyados por elementos del Ejército, ante la indiferencia de las fuerzas de seguridad y procuración de justicia de la entidad. Un día más y se habla de enfrentamientos entre sicarios y comunitarios, y al otro de funcionarios estatales delincuentes de cuello blanco.

Y así, a los horrendos hechos se suman las desesperadas palabras del gobernador interino, el académico Rogelio Ortega, quien sintetiza: “Si Guerrero da miedo a los de afuera imagínese a quienes viven aquí todos los días”.

Tengo dos estimados amigos trabajando por allá en el área de la educación. De entrada me comentan dos cosas: “No hay manera de negociar o llegar a un acuerdo con los integrantes de la Ceteg. No lo desean, su modus vivendi es la confrontación y el deseo de violentar las cosas. En el caos ganan. Mira, la toma de casetas de cobro en las vías federales también se ha convertido en otra forma de ingreso permanente para ellos y otros más. Nada más se encapuchan con machete en mano y ahí van desde cetegistas, normalistas y hasta habitantes de poblaciones cercanas a ocupar las vías federales.

“Por otra parte, los maestros de zonas urbanas como en Acapulco son presas del crimen organizado y de la delincuencia común, pues son los que tienen un ingreso asegurado, y aunque bajo el salario los toman como cajeros automáticos. Eso te explica en parte la inseguridad en el puerto y en los alrededores de los centros educativos. A eso súmale los ajustes de cuentas y rencillas añejas”.

Y no debemos olvidar que el caso Ayotzinapa-Iguala sigue abierto con sus 42 desaparecidos. Más ahora con los nuevos elementos, de carácter científico, que aportan los forenses argentinos en su documento de 16 páginas, entre lo que destaca lo siguiente:

En su informe del 27 de enero pasado, la PGR argumentó y dijo que en el basurero de Cocula se había registrado un único fuego entre el 26 y el 27 de septiembre de 2014. Los peritos argentinos muestran evidencia satelital de que en ese sitio también hubo fuego el 12 de octubre de 2010, el 28 de octubre de 2013 y el 16 de noviembre de 2013. Por ello consideran que la evidencia física presentada, pueden no corresponder a los incidentes del 26-27 de septiembre del 2014.

En otro punto, El EAAF encontró en el basurero de Cocula evidencia de restos humanos que no corresponden a los normalistas. Es el caso de una prótesis dental que se confrontó con información física médica y dental obtenida de familiares de los jóvenes de Ayotzinapa y que confirman que ninguno de los 43 la usaba.

Y el punto fundamental para los forenses argentinos es: “falta por procesar mucha evidencia recogida del basurero de Cocula, por lo que no se puede dar el caso por cerrado”. Sostienen, pues que la PGR no tiene pruebas científicas de que los 43 fueron quemados y que ellos no han obtenido las pruebas suficientes para establecer que los restos ahí encontrados son de los normalistas de Ayotzinapa.

La reacción de la Procuraduría General de la República (PGR) era de esperarse y hay una seria confrontación de carácter científico entre los forenses argentinos y la PGR. La dependencia estableció que la investigación no se ha cerrado. Y que debió ejercer la acción penal por los plazos que marca la ley; si no, los responsables de los hechos estarían libres. E insisten en que hay evidencias, peritajes, confesiones e inspecciones suficientes que respaldan la verdad histórica de los hechos.

Y así con el caso abierto y con diversas movilizaciones de padres, normalistas y demás activistas, Guerrero espera en pocos meses la realización de elecciones locales para erigir un nuevo gobernador, alcaldes y renovación del congreso local. Comicios que lucen muy riesgosos y en duda de realizarse.

A toda esta grave problemática deben sumarse casos que hacen que la entidad viva una tragedia de horror: el asunto de los 60 cadáveres, entre hombres, mujeres y niños, abandonados en un crematorio de Acapulco, en un hecho que debió ser investigado por las autoridades estatales y municipales en su momento y que hoy en día se muestran más preocupadas por llegar a a puestos de elección popular. Vaya cinismo.

El sábado pasado nos despertamos con la noticia de que cerca de 18 personas fueron liberadas por la Policía Comunitaria, apoyados por el Ejército, luego de haber sido secuestradas por un capo de Cocula, quien había amenazado con hacer “una matazón” entre los habitantes del pueblo Nuevo Balsas.

Llega información también de que en Petaquillas, un poblado de no más de diez mil habitantes se levantaron en armas en contra de la delincuencia organizada que los tiene prácticamente de rodillas, amenazados y temerosos. No hay que dejar pasar que por su cercanía con la serranía, muchos de los campesinos del lugar sembraban amapola y mariguana para los narcos del lugar.

Y si en los poblados más lejanos hay inseguridad y violencia, en las zonas urbanas como es la capital del estado, los delincuentes de cuello blanco hacen su aparición. Parientes cercanos al ex gobernador Ángel Aguirre han sido aprehendidos como presuntos culpables de lavado de dinero.

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